Enrique Ponce, ante un toro inválido
Enrique Ponce, ante un toro inválido - Efe

Bilbao: el imposible arte de torear sin toro

Los flojísimos toros de Núñez del Cuvillo dan al traste con una tarde de grandes expectativas

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Por fin vemos poblados los tendidos de Vista Alegre! Han llegado las figuras, naturalmente: lo único que atrae al gran público (a veces, ni aún así); mejor, si son carne de la «prensa rosa». Lamentablemente, el gran público «pasa» de cómo son los toros. ¡Cuántas veces escucho a un vecino preguntar por lo que considera una «minucia», de quién son los toros de esa tarde! Ése es el nivel actual de la afición… Por mucho que algunos nos quejemos de los toros suaves, dóciles, manejables, no sirve de nada: sin esos toros, las figuras no torean; y, sin figuras, la entrada es pobre. ¿Qué puede hacer el empresario, para no arruinarse?

También es real la otra cara de la moneda: las figuras lo son porque se lo han ganado; podrían perfectamente enfrentarse a toros más encastados pero les resulta más cómodo no hacerlo y el público no se lo exige. Todo sigue igual.

Los toros de Núñez del Cuvillo, muy flojos y descastados, dan al traste con todas las ilusiones que había despertado un gran cartel de toreros.

Ponce ha toreado ya 66 tardes en Bilbao. Su «eterna juventud» es un caso insólito: sigue realizando grandes faenas, casi siempre. Encarna, esta tarde, los versos del bilbaíno Javier de Bengoechea: «Soy, por antigüedad, primer espada,/ de azul y oro el corazón vestido». Devuelto el inválido primero, también flaquea el sobrero: lo cuida en el capote, muletea templado y, aún así, en la segunda serie ya se derrumba. ¡Qué pena! (¿Qué dicen ahora los que han censurado la corrida de Torrestrella?). Sólo puede matarlo, con facilidad. ¡Lamentable!

La realidad es que Manzanares no ha alcanzado todavía su gran nivel, esta temporada. ¿Tema físico o mental? Lo ignoro. También su señor padre (no sólo Homero, como reza el adagio) dormitaba, a veces. El segundo toro también flaquea mucho, queda sin picar; lo mantienen, a pesar de las protestas. Muletea con suavidad, sin obligarlo, y, pese a su innata elegancia, todo se diluye. Mata bien y todo queda en nada.

El sexto intentó saltar al callejón
El sexto intentó saltar al callejón - Efe

Despiertísimo anda, en cambio, Roca Rey, el gran fenómeno popular, ahora mismo. El tercero sale claudicante, como la montaña que vió Gónora y que «ha tantos siglos que se viene abajo». Andrés se ha limitado a suaves delantales, con el capote, para que no se caiga. Al tercer muletazo ya está el toro en el suelo. Ni el valor ni los pases cambiados valen mucho, si el toro es una ruina andante. Todo queda en un simulacro, aunque se aplauda y suene la música. Mata a la segunda y saluda: si la gente se contenta con eso, no pueden quejarse.

El cuarto es flojo y suelto. Ponce lo brinda: ¿aguantará? La pregunta repetida, toda la tarde. No se derrumba, permite que Ponce lo imante en la muleta, con suavidad y sabiduría, se invente la faena. Mata con decisión, saliendo trompicado, pero falla con el descabello. Ha demostrado su gran momento pero, para una gran faena, necesita más toro.

El quinto embiste a saltitos, como si tuviera el tembleque. Manzanares ve pronto que no puede lucirse y corta. Mata a la segunda: «rián de rián», decía el castizo.

El sexto mansea, intenta saltar la barrera, huye, tampoco lo pican, la lidia es mala; no se deja torear con el capote. Los estatuarios no son la forma de sujetar a un toro huido. Andrés está firme pero el toro se raja a tablas. Se le va la mano con la espada: triste final de una triste corrida. ¡Qué lejos, todo, del hermoso espectáculo de un toro bravo!

Torear sin toros es un imposible, una contradicción. Buscando la comodidad, en las reses que eligen, las figuras se ponen en el filo de la navaja: a veces, caen. Cuando los toros no tienen fuerza ni casta, la Fiesta entera se derrumba. ¿Hasta cuándo tendremos que repetirlo?

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Sexto toroEste último se raja, con nula clase y casta. Roca Rey no puede brillar. Mata mal. Estocada baja tendida.

Quinto toroCandelita, número 23, negro listón, de 523 kilos. Otra vez los capotes arriba con un animal que flojea y protesta. Nada que hacer.

Cuarto toroSale el toro Billetera, número 118, negro mulato listón, de 539 kilos. Enrique Ponce brinda al público esta faena, con muletazos de elgancia y relax que gustan a los tendidos, que por fin ha registrado una gran entrada. Le oxigena mucho para cuidar las virtudes del cuvillo. Se adorna con el pase de las flores y continúa con ritmo por la diestra. Estupendo el cambio de mano. Se recrea y se gusta en las poncinas, unidas a unos torerísimos doblones que entusiasman. Se tira a matar de verdad y no lo prende de milagro. Estocada algo trasera y tendida. Aviso. Tiene que descabellar y eso le priva del premio. Dos golpes de verduguillo. Saludos.

Tercer toroVioleto, número 12, negro mulato bragado corrido, chorreado y listón, de 551 kilos. Roca Rey le da la bienvenida con una cordobina y continúa con lances a pies juntos. Runrún de expectación, hasta que el toro amaga con perder pie y se oyen los pitos de la desilusión. Se arrodilla a la salida del caballo. Quieto y recto como una vela, por delante y por detrás, comienza el peruano. No sienta bien ese pase por la espalda al blando cuvillo, que se desmorona en otra imagen pésima. Por la derecha, a media altura, hilvana una serie diestra. Otra más, con un buen cambio de mano. De momento, lo más destacado de la tarde. Con inteligencia y mérito, logra manternerlo, con otra buena serie y un sentido pase de pecho a un toro con calidad y buena condición, pero al que le falta energía... Mucho temple en una faena que parecía imposible. Roca Rey, que ve toro pro todas partes, acaba en las cercanías y aguanta parones. Pinchazo y estocada. Aviso. Saludos.

Segundo toroHatero, número 13, negro mulato listón, bragado y meano, de 554 kilos. También flojea de salida este guapo cuvillo, que es carne de pañuelo verde. El ercio de varas es un mero trámite. Cambian el tercio. Se mantiene este Hatero en el ruedo. Manzanares lo sostiene en tres jaleados derechazos, pero el noble animal no puede con su alma. La mortecina embestida por el izquierdo despierta de nuevo las protestas. Regresa a la diestra el alicantino, pero no queda otra que tomar la espada. Estocada corta desprendida. Silencio.

Primer toroSale Comilón, número 177, negro, de 527 kilos. Blandea mucho y asoma el pañuelo verde. Sale el primer sobrero, Portugués, de 557 kilos, de más alzada que su hermano. Se atisban también sus justas fuerzas en el saludo capotero de Enrique Ponce, que lo mima y alivia. Puntea en el prólogo como defensa por esa escasa fortaleza. El valenciano, vestido de enfermero, le enseña el camino por la vía de la técnica y el temple. Pero el toro se desploma por su nula casta y fuerza. Les cuesta levantarlo. La gente pide que lo mate. Estocada caída. Silencio.

PaseílloHacen el paseíllo Ponce, de azul marino y oro; Manzanares, de sangre de toro y oro, y Roca Rey, de azul añil y oro.

Uno de los toros, en los corrales
Uno de los toros, en los corrales - Chopera Toros

SorteoEsta mañana se ha realizado el apartado de los toros de Núñez del Cuvillo.

Cartel¡Buenas tardes! Bienvenidos a la cuarta de las Corridas Generales de Bilbao. Llegan las figuras en una terna estrella compuesta por Enrique Ponce, José María Manzanares y Andrés Roca Rey.l