Portada de ÁBC con la muerte de Manolete en 1947
Portada de ÁBC con la muerte de Manolete en 1947 - ABC

Los califas del toreo cordobés

Cinco maestros de leyenda poseen este título en una ciudad taurina por excelencia

MADRIDActualizado:

Gracias al voto de calidad de la socialista Isabel Ambrosio, ha prosperado, en el Ayuntamiento de Córdoba, la iniciativa antitaurina de Ganemos (la rama cordobesa de Podemos) y de IU. Nada le ha importado que eso choque frontalmente con la política del PSOE en la Junta de Andalucía; con sus propias declaraciones («El sector taurino, en Andalucía, está enraizado en su cultura»); con la tradicional postura de ese Ayuntamiento, también con regidores de IU (Julio Anguita, Rosa Aguilar); y, sobre todo, con la realidad histórica de la ciudad. Para algunos políticos, las flagrantes contradicciones no importan: la alcaldesa es rehén de los votos de Ganemos e IU y tiene que pagarlo. Es un claro ejemplo de a dónde conducen estos pactos por alcanzar el poder.

Lagartijo
Lagartijo - ABC

Desde don Luis de Góngora, Córdoba es una de las ciudades más taurinas que existen: Plazas, ganaderías, matadores, subalternos, rejoneadores, Museo Taurino Municipal, monumentos, rutas turísticas, cátedras... Todo ello cuaja en el simbólico título de «Califa del toreo», que Mariano de Cavia otorgó al gran Lagartijo, y con el que, después, la aclamación popular ha coronado a otras cuatro cumbres del toreo cordobés.

Junto con Frascuelo, su rival, Lagartijo da nombre a una etapa del toreo, el último tercio del siglo XIX. El gran Rafael Molina mató cinco mil toros y sufrió muy pocas cornadas. Era un diestro técnico, dominador, artista, de gran repertorio y fácil estoqueador (dio nombre a la «media lagartijera»). A su elegancia aplicó El Guerra la famosa frase: «Valía el dinero de la entrada verle hacer el paseíllo». Y Gerardo Diego dictaminó: «El toreo empezó con Lagartijo».

Guerrita
Guerrita - ABC

Rafael Guerra, Guerrita, fue un lidiador completo, «largo», antecedente claro de Joselito el Gallo, que mandó en el toreo a fines del XIX y comienzos del XX. Por su enorme facilidad, le achacaban que su toreo no emocionaba, parecía eliminar la sensación de riesgo. Sus frases ingeniosas, desde la tribuna de su Club cordobés, son comparables a las de Rafael el Gallo o Valle-Inclán. Un solo ejemplo: cuando Alfonso XIII le dijo que lamentaba no haber alcanzado su época, replicó: «¡Pues haber nasío antes!»

Machaquito
Machaquito - ABC

Rafael González, Machaquito, rival de Bombita, fue la gran figura desde 1900 hasta la Primera Guerra Mundial. Su forma magistral de realizar la suerte suprema ponía de pie al público. El 9 de mayo de 1907, su soberbia estocada al toro «Barbero» provocó que el crítico Don Modesto escribiera una carta, dirigida a Mariano Benlliure, para que la inmortalizara: ése es el origen de la famosísima escultura «La estocada de la tarde».

Manolete fue el ídolo popular del pueblo español, en la inmediata posguerra. Su estilo es el máximo exponente de la escuela cordobesa: seriedad, valor sereno, estoicismo senequista, personalidad fuera de lo común... Su trágica muerte lo convirtió en uno de los grandes mitos de la historia del toreo. Según Fernando del Arco, a ningún personaje histórico, excepto a Jesucristo, se le han dedicado tantos poemas. Opinó el genio Orson Welles: «Si yo fuera español, estaría orgulloso de haber vivido en el mismo siglo que Manolete».

El Cordobés
El Cordobés - ABC

Manuel Benítez, El Cordobés, ha sido un fenómeno social y taurino: revolucionó la España de los años sesenta con su acusada personalidad y con un toreo heterodoxo que arrastraba a las masas. En su momento, se le comparaba con los Beatles, símbolo de una época. Además de una simpatía arrolladora, poseía una técnica propia, clavando los pies en la arena y dominando los toros con su gran juego de muñeca. Hace poco, el Rey le ha entregado la Medalla de Bellas Artes. (Últimamente, algunos cordobeses han propuesto como VI Califa al elegante Finito).

Todo esto –y muchísimo más– lo han querido barrer de un plumazo unos políticos ignorantes y sectarios. Pero, por mucho que se empeñen, Córdoba sigue y seguirá siendo una de las ciudades taurinas por excelencia.