Paquirri es trasladado a la enfermería de Pozoblanco tras la trágica cornada
Paquirri es trasladado a la enfermería de Pozoblanco tras la trágica cornada - abc

Isabel Pantoja: «Paquirri, yo te quiero»

Se cumplen 31 años de la cornada mortal de Francisco Rivera en Pozoblanco

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«Yo te quiero, yo te quiero, lleno de plenitud y de vida», no paraba de exclamar Isabel Pantoja postrada de rodillas ante el cadáver de Paquirri. La viuda llegó al hospital militar de Córdoba con el rostro descompuesto, con la tristeza de la tragedia.

La hora más amarga sobrevino hace 31 años en Pozoblanco con la cogida de «Avispado», el toro de Sayalero y Bandrés que propinó una cornada mortal a Francisco Rivera. Aquella cogida de la que tanto se ha hablado y escrito, aquella cogida que paralizó España entera continúa en las retinas de todos. El cámara Antonio Salmoral grabó aquellos momentos de drama y angustia. Se da la circunstancia de que Televisión Española, que no tenía programa de toros pero sí informaba puntualmente de deportes minoritarios (nada nuevo bajo el sol), no consideró oportuno que Salmoral rodara la película de la corrrida. «El corresponsal cordobés, buen profesional, lo hizo por su cuenta. Después, ante el tremendo suceso Televisión Española ha tendido que comprar al cámara su trabajo», contaba ABC en sus páginas del 28 de septiembre de 1984.

«Sonaban por la radio, más tristes que nunca, los cuplés de Isabel Pantoja, con la que hoy media Andalucía se siente enviudada», escribó Antonio Burgos en el artículo «Una muerte de romance». «La muerte de Paquirri -decía- tiene medidos todos los versos del romance popular: la edad, la gloria, el hijo, la cantaora, el cortijo, los dineros ganados desde el hambre, el padre que no triunfó, el hermano que le ayudó desde el fracaso, la larga sangre derramada en el camino de Pozoblanco a Córdoba, que cuando la ambulancia se paró en Cerro Muriano era como si cambiara de metro, del octosílabo al alejandrino funeral, en una cantata nazarí de García Lorca». Y remataba el sentido y hondo romance: «Y es que Paquirri ha muerto como si Rafael de León le hubiera preparado a La Pantojita, como él decía, el libreto arromanzado del más trágico, doloroso, aplastante espectáculo de la canción andaluza. Hasta fue a morir a un pueblo cuyo nombre tendrá ya siempre en el recuerdo popular los crespones de la copla junto al blanco de la cal. Luto negro en Pozoblanco».

Atrás quedaba esa boda que un año y medio antes habían cantado todas las portadas del papel rosa. La tarjeta de invitación era un capote de torero que se desplegaba. Por entonces, las declaraciones de la cantante sobre su futura vida profesional eran enérgicas: «Dejaré el escenario para dedicarme a mi marido, a mi hogar y a los hijos que Dios nos mande». Llegaría uno, Francisco. Pero Paquiri tenía dos más con Carmen Ordóñez, Francisco y Cayetano, ambos toreros.

«Papá ha subido al cielo»

Carmina o Carmunca, como así se conocía a la primera esposa del matador, se enteró por su hermana Belén de la infausta noticia mientras cenaba con Julián Contreras y Curro Vázquez. No fue fácil darle la noticia a los niños, de doce y nueve años. En su piso del señorial barrio de los Remedios, habló con los chiquillos, según contaba ABC. «Papá, ha tenido una cogida muy grave. Al preguntar Cayetano en qué clínica se encontraba, Carmen dijo que había subido al cielo». Aquellos niños hoy hechos hombres y toreros recuerdan cada día a su padre, al torero que siempre será un referente en sus vidas. Cosas del destino, este año, en agosto, en Huesca, Francisco Rivera Ordóñez sufrió una gravísima cornada que recordó a la de su padre... Por fortuna, se recupera muy bien y ya disfruta de su segunda paternidad.

«Nunca me gusta hablar de última corrida, prefiero llamarla la penúltima», había declarado Paquirri tras matar su primer toro al aficionado Rafael de los Pedroches.

Pero hubo un último toro, que brindó a Manuel Díaz «El Cordobés», por entonces un chavalillo rubio de flequillo caído. «Avispado», negro, de 435 kilos. Pero «Avispado» se vencía y llegó la cogida. Seca, brutal. El pitón se hundió en el muslo del torero nacido en Zahara de los Atunes y criado en Barbate. Quedó prendido en las astas. El pitón fue penetrando más y más. La sangre manaba de manera brutal por el muslo. Lo llevaron a la enfermería de la plaza. Y allí, para la posteridad quedaron aquellas imágenes de Antonio Salmoral en las que se puede observar a un Paquirri entero, firme, torero macho, que dice desde la camilla: «Doctor, yo quiero hablar con usted. La cornada es fuerte. Tiene al menos dos trayectorias, una para acá y otra para allá. Abra usted todo lo que tenga que abrir, lo demás está en sus manos. Y tranquilo, doctor».

Las campanas doblaban ya...