Una rosa sobre el albero maestrante
Una rosa sobre el albero maestrante - reuters

Las expresiones más cursis y las de más éxito en el mundo del toro

Cañabate inventó «la mandanga» de Camino y el «rincón de Ordóñez»; ahora se habla de «toreabilidad»

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Últimamente se han puesto de moda varias expresiones que me parecen peligrosísimas: «el toro artista», el toro que «se deja», buscar «la toreabilidad». (¡Vaya cursilería!: ¿han oído hablar alguna vez de la «jamoneidad» del jamón?). Son un claro síntoma de los males de la actual Tauromaquia: se busca un toro con menos poder, casta y fuerza para que el diestro lo toree con más comodidad.

Si yo fuera torero, claro está que preferiría eso pero desvirtúa la esencia de la Fiesta (un animal fiero, poderoso, cambiante) para favorecer el esteticismo. Es el riesgo de amaneramiento que ya señaló, hace décadas, Ortega y Gasset.

Concepto básico

Algunos escritores han creado expresiones que han tenido éxito. El maestro Corrochano, la frase «torear no es lo mismo que dar pases». ¡Por supuesto! Implica una faena pensada, estructurada, de acuerdo con las condiciones del toro: esa es «la lidia» («todos los toros tienen su lidia»), un concepto básico, junto al del toro bravo y encastado.

Antonio Díaz Cañabate inventó «el rincón de Ordóñez», para una estocada ligeramente caída, de rápido efecto; «la mandanga» de Paco Camino, para sus momentos de desánimo; «los dos pases», para criticar la reducción de la lidia a naturales y derechazos, que provoca tanta monotonía. (Igual que las dos posibilidades del menú de un obrero -decía- patatas con tomate o tomate con patatas).

Surgen ahora nuevas expresiones: el toro «agarrado al suelo» (parado); que «descuelga» (baja la cabeza, humilla); «se desliza» (embiste con largura)... Los mismos perros con distintos collares.