Una escena de la producción de «Tres sombreros de copa» dirigida por Natalia Menéndez
Una escena de la producción de «Tres sombreros de copa» dirigida por Natalia Menéndez - Marcosgpunto

«Tres sombreros de copa», un sueño inverosímil

Natalia Menéndez dirige en el María Guerrero la obra de Miguel Mihura, una de las cumbres del teatro español del s.XX

MadridActualizado:

«Tres sombreros de copa», escribió Miguel Mihura en su autocrítica con motivo del estreno de la obra, el 24 de noviembre de 1952, «no es de esas comedias en las que parece que todo es verdad;es, por el contrario, la comedia en la cual todo parece que es mentira. Sin embargo, “Tres sombreros de copa” es la comedia donde más tontamente se malogra, para toda la vida, una estupenda felicidad». Y «Tres sombreros de copa» (esto ya no son palabras de Mihura) es la comedia que se presenta hoy en el teatro María Guerrero, en una nueva producción del Centro Dramático Nacional, bajo la dirección de Natalia Menéndez, y con un extenso reparto que integran Óscar Alló, Roger Álvarez, María Besant, César Camino, Lucía Estévez, Cayetano Fernández, Pablo Gómez-Pando, Alba Gutiérrez, Tusti de las Heras, Mariano Llorente, Laia Manzanares, Rocío Marín Álvarez, Manuel Moya, Carmen Peña, Chema Pizarro, Arturo Querejeta, Fernando Sainz de la Maza y Malcolm T. Sitté.

Aunque se estrenó en 1952, Miguel Mihura escribió esta obra en 1932. «Tenía entonces veintisiete años –relata Natalia Menéndez–, y se había adentrado en el mundo de la noche madrileña de la época;allí se había enamorado de una bailarina cántabra que le había hecho olvidarse de su novia de La Toja. En un accidente se rompió la pierna y para matar el aburrimiento empezó a escribir “Tres sombreros de copa”».

Hay mucho del propio Mihura en Dionisio, el protagonista de «Tres sombreros de copa», que vive, en la noche previa a su boda, en el hotel de una capital de provincias, una surrealista y reveladora velada de la mano de Paula, una joven bailarina de una compañía de revistas de paso por la ciudad. «En la obra se dicen hasta veinticuatro veces las palabras “dormir” y “sueño”. Esta obra es una locura onírica en la que se descubren los sueños, las pesadillas». El propio Miguel Mihura decía que «todos sus personajes están siempre un poco en la luna». «En una acotación, el autor dice que Dionisio “cierra los ojos”... Pero no dice cuánto –argumenta Natalia Menéndez–. Yo he interpretado que es un sueño, que es el terreno en el que somos más libres;un sueño inverosímil que hacemos creíble».

Teatro del absurdo

Obra absurda que bebe de las vanguardias –con «Tres sombreros de copa», efectivamente, Mihura anticipó el teatro del absurdo que cultivarían después Ionesco, gran admirador de la obra, Genet o Beckett–, en esa época ha situado Natalia Menéndez su puesta en escena. «La escenografía y el vestuario, de Alfonso Barajas y Mireia Latge, respectivamente, con la iluminación de Juan Gómez Cornejo, hablan del momento de su creación, en 1932, pero con un guiño al año de su estreno, 1952». En la pequeña habitación de Dionisio, que la directora ha querido «que respire, que viva y se mueva», entra el mundo del circo y del music-hall, de la mano de la coreógrafa Mónica Runde y del músico Mariano Marín. «La música está muy presente en la obra de Mihura;se mantiene la época, habrá foxtrot por ejemplo, con muchas músicas que nos van a llevar a ritmos distintos».