El actor que sabe mirar a las mujeres
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El actor que sabe mirar a las mujeres

Fue crápula de la noche madrileña, hostelero, modelo, jinete, periodista en la tele, poli malo en el cine... y ahora Jose Coronado acaricia el Goya

MADRID Actualizado:

Cuando tiró de la anilla, no se abrió el paracaídas. Comenzó a girar en barrena a miles de metros de altura en un viaje despiadado hacia la muerte que duró más de un minuto. Al ver la tierra acercarse a 180 kilómetros por hora, se acordó de la segunda anilla. Tiró y se activó el de emergencia, que le partió dos costillas. Si hubiera tardado cinco segundos más, Jose -sin tilde- Coronado (Madrid, 1957) no estaría nominado al Goya al Mejor Actor por 'No habrá paz para los malvados', la película de Enrique Urbizu que arrasa en las quinielas con 14 nominaciones.

Sigue soñando con que no se le abre el paracaídas. Lo explica apoyado en la barra de bar de su enorme piso de la calle José Abascal de Madrid, paraíso del atasco. Viste vaqueros, camiseta y zapatos negros, una deferencia, pues vive descalzo. Hay una mesa de billar, una perrita diminuta y simpática y una foto descomunal de él mismo en 'El Coyote', con sombrero mexicano, antifaz y dos pistolas, ante un equipo de rodaje. "Ese soy yo porque eso es cine", admite con mezcla de modestia y timidez. Casi se excusa. Puede "andar en bolas delante de 80 personas", pero a la hora de las fotos lo pasa peor que mal. "Cuando actúo, estoy resguardado dentro de mi papel, pero fuera es otra cosa".

Se metió en la máquina de picar personalidades del cine hace ya 25 años. Desde entonces, en la pequeña y la gran pantalla, y en la vida ha sido mucha gente y de todos se ha quedado con algo. Niño bien de Chamberí, chaval madridista en Bruselas (allí vivió con sus padres), golfo macarra en la mili en Torrejón, crápula de la noche de Madrid, empresario hostelero, modelo avergonzado, jinete, esquiador, coreógrafo de moda, actor en el teatro, periodista en la tele, guapo oficial de España, poli malo en el cine, tío que va al baño gracias al yogur con bífidus...

Ese loco ir y venir de mundos comienza cuando su padre le mete en la cabeza que tenía que estudiar una carrera. Dos años en Medicina, cuatro en Derecho... "Aprendí los secretos del póquer". Con esa facha que aún conserva, le tentaron para modelo -"Yo no quería, me parecían floreros"-, pero no se pudo resistir cuando le llamaron para un anuncio de whisky en Menorca. "Tenía que estar con dos modelos suecas en un barco y me pagaban una pasta; no pude decir que no". Esa timidez le hizo buscarse las papas fuera de España: Inglaterra, Italia, Estados Unidos... Cuando volvió a casa, montó una agencia de modelos y se hizo coreógrafo de moda en el embrión de lo que años después sería Cibeles. De toda aquella "superficialidad y tontería" le queda una manía: hace 25 años que no pisa una tienda de ropa. Viste de lo que dejan los rodajes y si Majós -su representante, su "luz" y su "guía"-, le avisa de que necesita un traje, ella ya conoce sus medidas y se lo compra.

"Sabe de la vida"

En el 86, la actriz Maru Valdivielso le invitó a asistir a unos cursos de interpretación en la escuela de Cristina Rota. "Los actores eran para mí gente inalcanzable, tocados por un dios... Solo acudí allí a desestresarme, como una vía de escape ante las lechugas, los clientes del restaurante que monté, la noche...". A los dos meses sabía que había encontrado su camino. En 'Berlín Blues' le preguntaron a Ricardo Franco cómo había elegido a ese actor "tan verde". "En el método Stanislavsky no tiene mucha experiencia, pero sabe de qué va la vida y sabe mirar a una mujer", respondió el director. Lo había aprendido en las tripas de esa fiera que es la madrugada de Madrid, ese monstruo "que te tienta" y ante el que se castigó durante una década de humos y vigilias.

Queriendo ser otros, hizo cosas que jamás hubiera imaginado un tipo prudente desde que es padre de dos hijos con dos mujeres de bandera (Nicolás, actor, hijo de Paola Dominguín y Candela, de nueve años, con Mónica Molina). "Cuando termino ciertas escenas pienso 'Tío, te has pasado'". El hacerse otro incluye todo tipo de metamorfosis. Si hacía de monstruo soñado en 'Cucarachas', y tenía delante un arroz, echaba mano de un insecto, se lo llevaba a la boca y lo masticaba. No estaba en el guión, sino en su manera peculiar casi radical de viajar en otras almas. Era una locura para un tipo muy "tiquismiquis" que no se sale de la carne, que es alérgico al pescado y que hasta hace poco no le había dado un mordisco a un tomate.

Precisamente por el paladar vino su único dolor de cabeza trabajando con Enrique Urbizu (el director con el que ha rodado 'La vida mancha', 'La Caja 507' y 'No habrá paz para los malvados'). Una noche sonó el teléfono. "Enrique, hay un problema con lo de mañana", le dijo. Tenía que comerse unos huevos fritos con bacon. "Mira, lo he estado probando en casa de mi madre y me da un asco... Yo me tiro de un camión en marcha, pero ¿no te importaría que fuera una tortilla francesa?". A Urbizu, obviamente, no le importó, tal vez por la amistad o por las centenares de comidas juntos en los días de rodaje, con un solomillo por delante y un chupito de vodka helado para rematar la sobremesa.

Hacerse otra persona no es fácil. Coronado pasó cinco años pensando en cómo ser el antihéroe Santos Trinidad, un ex poli que por salvar su culo termina salvando a los demás, un papel pensado y escrito para él por Urbizu y Michel Gaztambide. La preparación física tuvo lo suyo: ocho meses antes comenzó a dejarse el pelo largo y el bigote y a asistir al gimnasio para pillar músculo. A tres meses del rodaje comenzó a comer hamburguesas, a dejarse ir para echar barriga. La parte psíquica tuvo lo suyo. El actor volvió a los bares, esta vez a "sentir esa manera de estar, esa manera de acodarse en la barra que tienen los alcohólicos, a pillar sus andares". Y se dejó llevar. El hombre que nunca está calzado en casa, en esa ordenadísima casa, se dormía vestido y con las botas puestas, "solo para sentir cómo era la vida así".

A todos esos que fue les guarda cariño, también al de 'Periodistas'. Hasta al del yogur. Fue hace unos siete años y aún se lo recuerdan. "Todavía me paran y me dicen 'Lo mejor tuyo es lo del bífidus'". Una tarde, sentado en un banco de Vallecas con Urbizu, a una mujer con su hija se le escapó un 'Qué hombre tan guapo'. "¿Quién es, mamá?", preguntó la niña. "El del yogur", respondió. "No me importa, de aquello saqué pasta para hacer teatro y creo que elllos vendieron mucho más. Un buen actor tiene que verse en cine, en teatro, en televisión y ¿por qué no? también en publicidad".

No se lleva mal consigo mismo y los demás, tampoco. Es un malo en la pantalla y un caballero en el set. Entre las costumbres que denotan una educación exquisita, el primer día pregunta los nombres de todos, el segundo se estudia la lista de los 80 del equipo, el tercero se los sabe al dedillo. "No entiendo cómo grandes actores pasan dos meses con alguien y luego le dicen 'Antonio' y se llama Luis. Lo primero es llamar a la gente por su nombre. Es el primer consejo que le di a Nicolás cuando se hizo actor".