Una imagen del montaje de «Walkyria», en el Festival de Bayreuth
Una imagen del montaje de «Walkyria», en el Festival de Bayreuth - festival de bayreuth/enrico nawrath
festival de bayreuth

Christian Thielemann, Kirill Petrenko y el diluvio universal en Bayreuth

Los dos directores de orquesta han sido lo más sobresaliente de las últimas jornadas, en un festival en el que se siguen sucediendo los incidentes, en esta ocasión metereológicos

ovidio g. prada
Actualizado:

El lunes cayó media hora antes de la representación la tormenta con granizo más violenta que he visto nunca en Bayreuth. Algunos logramos resguardamos en un contiguo almacén de decorados (escasamente a 40 metros de la entrada) y, como no amainaba el diluvio, para acceder a la sala nos condujeron a través del escenario y por los pasillos reservados del personal. Toda una aventura después de la accidentada jornada inaugural.

El Festival de Bayreuth, que había despegado con la representación del irredento «Tannhäuser», de Sebastian Baumgarten, en medio de fuertes turbulencias con avería técnica incluida, alcanzó felizmente con «El holandés errante» la altura de vuelo ansiada. Entretanto, ha cruzado ya el ecuador con las dos primeras partes de la tetralogía de «El anillo del Nibelungo», que firma el deconstructivista radical Frank Castorf.

Un «Holandés» para la historia

Este «Holandés» pasará a los anales de Bayreuth. Su artífice: Christian Thielemann, considerado el mejor intérprete actual de la obra wagneriana y quien mejor maneja la maravillosa intrincada acústica del Festspielhaus. Arrancó la obertura y la sala se colmó de sonoridad dramática, nítida, excitante y transparente, que perduraría hasta la eclosión armónica final. ¡Qué diferencia con su desigual lectura del año pasado, temperada y subjetivista! ¡Qué diferencia igualmente con la correcta ejecución funcionarial realizada la tarde anterior por Axel Kober! ¿Cómo es posible que se tratase de la misma orquesta y del mismo coro? El DVD con la grabación de aquella representación, recientemente puesto a la venta, es un simple boceto gris de ésta.

El montaje apenas ha sido retocado, ni molesta en demasía, pues el drama y la trama de esta ópera los relata y articula Thielemann desde el foso. Bajo su batuta, diría un colega (Die Welt), el flujo orquestal asemeja «un mar revuelto, encrespado unas veces, más tranquilo otras, pero nunca muerto». Amén. El júbilo desbordante incluyó al equipo escénico, abucheado de forma inmisericorde en 2012. El coro, Kwangchul Youn (que debutaba como Daland) y M.Bruns (piloto) sobresalieron en el reparto de una velada estelar completado con R.Merbeth (Senta), T.Mužek (Erik) y S.Youn (Holandés).

Petrenko, una lectura nueva

se elevado nivel de musicalidad no tuvo la prosecución natural que, considerada su sensacional ejecución del año pasado, se esperaba de Kirill Petrenko en «El anillo». ¿Eran desmesuradas las expectativas o está explorando él nuevos derroteros de la ingente partitura que aún no tiene cartografiados? En 2013 ofreció una interpretación antológica: impetuosa, detallista y precisa, plena de armonías y matices ocultos, ignotos o no expuestos con pareja claridad y variedad de acentos. Este año su lectura, menos embelesante, parece más experimental, rítmica, armónica y enfáticamente, perceptible por ejemplo en los preludios, si bien el acompañamiento de los cantantes sigue siendo modélico e incluso el segundo cuadro del segundo acto de «La Walkyria» verdaderamente impactante.

El nuevo director de la Ópera del Estado de Baviera tiene un talante superexigente, siempre insatisfecho de sí mismo, en permanente investigación histórica comparativa de su labor directorial. Por ese continuo penetrante proceder en el estudio de la partitura y los ensayos la orquesta le llama «Penetrenko». Una actitud hiperescrupulosa que podría abocar en retraímiento e inacción, como le ocurrió a otro inveterado perfeccionista, el inolvidable Carlos Kleiber.

Desenfreno videográfico

Este maestro casi invisible, que sale a saludar como si estuviera asustado y cohibido, es justamente el clamoroso triunfador de la tetralogía. El público bayreuthiano, tradicionalmente tan propenso al vitoreo, lo extendió también con dispar intensidad y matiz a los cantantes, que repetían todos su papel, excepto O.Bryjak (Alberich), M.Eiche (Donner) y W.Schwinghammer (Fasolt).

Escénicamente, las dos partes iniciales de la lucha por el «oro negro», ambientadas respectivamente en Texas y la pampa caucásica, remacharon el desenfreno videográfico en «Oro del Rin» y una «Walkyria» estatuaria, casi modosita, impropia del empedernido iconoclasta berlinés. En 2013 las dos partes finales soliviantaron al público, pero Castorf adelantó ya que no aguantará estoicamente otra tromba de abucheos e improperios. «La segunda vez –dice- es aburrido».