El escritor Edgar Allan Poe - ABC

El «Salieri» de Edgar Allan Poe

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A Rufus Griswold le hubiera gustado ser Edgar Allan Poe. Tanto que, a la muerte del maestro del relato corto, decidió canalizar su odio en un obituario, considerado por muchos como el más ofensivo de la Historia.

Lo más sorprendente es que, poco antes de morir, Poe le había pedido a Griswold que se convirtiera en su albacea literario. Intrigado por estos extraños hechos, el escritor noruego Nikolaj Frobenius decidió explorar la compleja relación que unía a estos dos personajes en «La cara del miedo» (Roca Editorial), un libro que oscila entre el relato biográfico y la novela de suspense. «El obituario me llamó la atención porque me pareció extremadamente agresivo», señala Frobenius, refieriéndose al hombre que dedicó su vida a manchar la reputación del destacado escritor. «Se trata del arquetípico conflicto entre el artista y el crítico, entre el «Salieri» y el «Mozart», entre lo racional y lo irracional».

El mismo Poe se encargaba de construir una mitología en torno a su persona

Alejándose de la simple biografía, el escritor noruego, quien es además guionista de filmes como «Insomnio», de Christopher Nolan, realiza su particular homenaje a Poe introduciendo un elemento perturbador propio del maestro del horror: un anciano de palidez cadavérica que va dejando un rastro de miedo y sangre a su paso.

El cuervo en el dintel

El hombre que se casó con su prima de 13 años, el enamorado de la muerte, el bohemio, el fumador de opio. Muchas cosas dichas pero pocas certezas; el mismo Poe se encargaba de construir una mitología en torno a su persona. «Es muy difícil saber cuál es la verdad, pero es parte de la fascinación que ejerce sobre sus lectores», señala Frobenius. Lo paradójico, indica, es que la campaña de desprestigio de Griswold para destruir la reputación de Poe terminó creando, de alguna manera, «un monstruo literario».

La rivalidad de ambos personajes se trasluce en «un profundo respeto pero, a la vez, un terrible odio», comenta el noruego, al tiempo que desliza la hipótesis de una posible atracción homosexual por parte de Griswold.

Una obsesión que acabó por destruirlo y que lo transformó en una triste réplica del cuervo del cuento de Poe, aquel que nunca pudo empreder el vuelo y que, por la eternidad, seguirá posado en un pálido busto, en el dintel de la puerta de la Historia.