Paul Auster no se muerde la lengua ante Erdogan, primer ministro turco
Paul Auster - corina arranz

Paul Auster no se muerde la lengua ante Erdogan, primer ministro turco

El escritor norteamericano critica abierta y claramente la falta de libertad de expresión que se está viviendo en el país otomano

m. de la fuente
madrid Actualizado:

Cada vez es menos frecuente que un intelectual, que un escritor popular, de fama y prestigio, se las tenga tiesas con un poderoso. Aquellos intelectuales de antaño que tenían la lengua afilada y la pluma presta a la denuncia parecen cosa de otro tiempo. La crisis que padece Occidente lo ha vuelto a poner de relieve. Apenas si se escucha alguna voz que clame, aunque sea en el desierto, contra los mercados, la especulación, la rapiña, la codicia de unos pocos. Alguien que proponga algo, que vaya más allá de la progresía de salón. Parece que se sigue al pie de la letra los viejos versos de don Luis de Góngora y Argote: «Traten otros del gobierno, del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días, mantequillas y pan tierno».

Censura y amenaza de cárcel

Por eso hay que resaltar la actitud que está teniendo estos días el escritor norteamericano Paul Auster, que le ha dicho unas cuantas verdades, si no a la cara, sí a los medios, al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, a propósito de la libertad de expresión, más exactamente de su inexistencia en el país otomano, según Auster. El escritor se ha negado a viajar a Turquía mientras, según sus palabras, existan tantos periodistas e intelectuales presos en el país. «La libertad de expresarse y de publicar sin censura o amenaza de cárcel es un derecho sagrado para todos los hombres y mujeres», ha subrayado Paul Auster en un comunicado que se ha difunde en varios medios de comunicación turcos, según recoge Efe.

Según el PEN hay casi cien autores encarcelados en Turquía

Por su parte, Erdogan le llamó «ignorante» y le recordó que no tenía ningún problema en visitar Israel, nación que según el mandatario turco no es ejemplar en cuestiones de talante democrático y respeto a los derechos humanos. Pero el autor «El país de las últimas cosas» volvió a desenfundar su palabra: «El primer ministro puede pensar de Israel lo que quiera, pero es un hecho que allí existe libertad de expresión y no hay escritores o periodistas encarcelados. Según las últimas cifras de PEN Internacional, hay casi cien escritores encarcelados en Turquía, para no hablar de editores independientes, como Ragip Zarakolu, cuyo caso siguen los Centros PEN en todo el mundo». Por último, Paul Auster puso el punto final de esta historia: «Todos los países son imperfectos y están aquejados de una miríada de problemas, señor primer ministro, incluyendo el mío, Estados Unidos, incluyendo el suyo, Turquía».