Camilo José Cela durante una entrevista
Camilo José Cela durante una entrevista - Jaime García

Las mejores anécdotas del Cela más íntimo

La biografía publicada por su hijo descubre nuevas curiosadades sobre el premio Nobel, desde un plan para derribar a Stalin hasta un divertido percance en el baño de un avión

MadridActualizado:1234567
  1. Lo acusaron de «rojo»

    Cela junto a Trillo en una conferencia del XX aniversario de la Constitución
    Cela junto a Trillo en una conferencia del XX aniversario de la Constitución - Daniel G. López

    El 4 de agosto de 1948 escribió a su mujer, molesto por que le habían prohibido dar una conferencia. El motivo de la censura, sin embargo, le hizo gracia.

    «Voy a explicarte con más detalle lo de la conferencia de Palma, que te apuntaba en mi carta de esta mañana. María Antonia [la mujer del poeta Germán Beliberg] me contó lo que sucedía, que no es más que la actitud del Gobernador Civil de Palma prohibiendo gubernativamente el ciclo por ser «una reunión de rojos indecentes». No deja de tener cierta gracia que nos llamen rojos a Joaquín de Entrambasaguas y a mí, por ejemplo. El pobre Gobernador de Palma no parece demasiado bien informado».

  2. En busca de Picasso

    Cela firmando ejemplares en la feria del libro de Madrid de 1963
    Cela firmando ejemplares en la feria del libro de Madrid de 1963 - ABC

    En 1958 fue a Cannes para ver a Picasso y escribir sobre él, aunque las cosas no le salieron como planeaba. «Sin poder hablar absolutamente con nadie, la sensación de soledad es total. Estoy un tanto desmoralizado».

    Como no podía ver al pintor, acabó por describir la población. «Cannes es –todo él– una inmensa plaza de Gomila. Los maricones se ponen florecitas blancas en la barba y el único que anda en chaqueta por el pueblo soy yo. Me siento más que nunca un campesino».

    Algo más resignado, acabó por decirle a su mujer que pasara lo que pasara, no volvería de vacío. «No sé si veré, o no, a Picasso. Lo que sí sé es que habrá un nº extraordinario de Papeles dedicado a Picasso. Si no lo veo, he arbitrado una fórmula elegante y nobilísima para redactar mi editorial; decir, paladinamente, que no pude verlo».

  3. Miembro de la RAE

    Cela presenta junto a Alberto Ruiz-Gallardón del «Diccionario Geográfico»
    Cela presenta junto a Alberto Ruiz-Gallardón del «Diccionario Geográfico» - Luis de Vega

    En 1957, con 40 años, Celaentró en la RAE, lo que describió a su mujer sin ningún tipo de emoción.

    «Queridísima Charo,

    Resulta que soy académico. Resulta también que no se siente nada. En fin... He dormido mal y desasosegado. Me cogió una desvelada de cojón de pato».

  4. Abandonado en Caracas

    Cela escribiendo
    Cela escribiendo - Manuel Sanz

    En 1953, mientras estaba en Caracas, escribió una de las cartas más tristes a su mujer, donde se ve al Cela más vulnerable.

    «Queridísima Charo,

    Vivo en un hotel de lujo; como caviar; bebo whiskey. Añádele todos los etcéteras que quieras. Bien. ¿De qué me sirve? Me encuentro infinitamente, injustamente solo. Y abandonado como nunca. Si no fuera por lo que es –lo que es, sois el nene y tú– habría cortado ya amarras. Pero debo esperar. Mi estado de ánimo es muy parecido al que tenía en el frente. Me sería exactamente igual –si no fuera por lo que es– una fortuna que un tiro de revólver en la sien.

    Perdóname. Todo pasa.

    Te quiere como nunca tu

    Marido».

  5. El plan para derribar al «memo de Stalin»

    Camilo José Cela durante una entrevista
    Camilo José Cela durante una entrevista - Gonzalo Cruz

    Tras una noche de borrachera, Cela le escribió una carta a su mujer todavía visiblemente afectado por el alcohol.

    «Mi distinguida esposa y amante,

    Estoy con una borrachera que no me lamo. El coronel del zar señor W. de Basil y yo hemos estado en el 3º centro derecha y nos hemos bebido dos botellas de coñac. El coronel del zar señor W. de Basil (W. significa Wladimir) y yo hemos acordado derribar al memo de Stalin; para ello empezaremos por independizar Galicia y pactar con la Gran Bretaña».

    La despedida que le dejó a Rosario Conde fue incluso mejor que el inicio de la carta.

    «Perdóname esta carta. A cualquier otra mujer que no fueses tú, hoy no le hubiera escrito y me hubiese acostado a dormir la mona, que falta me hace. Pero yo te adoro y para mí eres más que Dios y que el Espíritu Santo. No quiero disimular que estoy... bien, que estoy borracho perdido. No es la primera vez y, si Dios quiere, tampoco ha de ser la última. Tú todavía no te imaginas lo que en mi vida representas. Yo me cago en mi padre, pero soy capaz de matar a quien no reconozca que eres la mujer perfecta de la tierra.

    ¡Viva tú!

    Te envío unas fotos.

    Perdóname y bésame. Soy un desgraciado cuando tú estás lejos de mí. ¡Qué poco falta para que estemos juntos a diario!

    Millones de besos y abrazos de tu

    Marido.

    Muchos besos, hija mía, muchísimos besos».

  6. Problemas en el baño del avión

    Cela, con barba, en 1957
    Cela, con barba, en 1957 - ABC

    En 1952, de camino a Argentina y Chile, vivió uno de los episodios más delirantes a bordo de un avión, y lo relató, en una carta de manera todavía más divertida.

    «Con un rovi dentro y en el cagatorio de cola, me cogió un raro golpe de aire comprimido, mismamente por el trasero, y me puso en el techo cual liviana palomita. Cuando caí, en desairada actitud, me dio la histeria y salí al pasillo a gatas, con el pantalón colgando, y gritando: "¡Bandeirante, bandeirante!". El azafato –no llevamos azafata– me ayudó a volver a la vertical; el rovi lo dejé en "Senhoras" y, por cuenta de la Compañía, se me dio té. Cuando volví al sosiego noté que el grano me dolía más».

  7. Entregado a Charo

    Rosario Conde y Camilo José Cela visitando Jerusalén en 1982
    Rosario Conde y Camilo José Cela visitando Jerusalén en 1982 - ABC

    En 1973, poco después de viajar a Estocolmo, Cela le escribió a Charo una de las cartas más sinceras.

    «Queridísima Charo,

    Esta separación nuestra, aunque la sé muy breve, ha sido especialmente dolorsa para mí. Estoy muy cansado y muy perplejo; también estoy en un momento crítico, humano y quizá también profesional, y lo único que busco es distraerme y sosegar la cabeza. Pero quiero decirte una cosa que quizás sepas ya: te necesito, como es posible que me necesites tú también. Pudiera ser que en nuestro ya largo matrimonio jamás te haya escrito unas líneas tan sinceras como estas.

    Sabes de sobra que te quiere muchísimo tu

    Marido».