En el estudio con Francis Bacon
El pintor británico Francis Bacon, en su estudio londinense - ABC

En el estudio con Francis Bacon

ABC entrevista a Franck Maubert, autor de «El olor a sangre humana no se me quita de los ojos», libro que recoge las conversaciones que el periodista mantuvo con el pintor británico

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El periodista y escritor francés Franck Maubert tardó tres largos años en conseguir su primera entrevista con Francis Bacon (1909-1992). Su pasión por el pintor británico, al que descubrió en su juventud, era tal que consideraba que su figura encarnaba la pintura más que ningún otro artista. De ahí que el momento en el que obtuvo el beneplácito de la Marborough Gallery para acudir a su estudio londinense marcara un antes y un después en su vida.

«Se engancha a ti, vive en ti, contigo, es un tormento que se aferra y no te suelta más», cuenta Maubert en las páginas de «El olor a sangre humana no se me quita de los ojos: Conversaciones con Francis Bacon». El libro, que Acantilado ha recuperado y publica ahora en nuestro país en una pequeña y cuidada edición, recoge las intensas conversaciones que el periodista mantuvo en su estudio con el genial artista, desde que Maubert era un joven periodista en «L'Express» hasta su muerte en Madrid, en 1992.

ABC ha tenido ocasión de hablar con el autor sobre los recuerdos que aún conserva de aquellos encuentros: la pasión de Bacon por Picasso (gracias al cual empezó a pintar) y Velázquez y sus recelos hacia Dalí (al que considereba un ególatra) y Goya; su sexualidad (reconoce abiertamente su homosexualidad y habla de sus amantes); la bebida (numerosas botellas de vino fueron descorchadas mientras la grabadora era testigo de sus palabras); su filia hacia la literatura (en especial la poesía) y cierta fobia musical....

- La paciencia y la perseverancia le llevaron a lograr su primera entrevista con Francis Bacon.

- Sí, es cierto. Tuve que esperar tres años antes de obtener una respuesta positiva por parte, primero de Miss Beaston, de la Galería Marborough, y luego de Francis Bacon. En esa época, yo era un joven periodista en «L’Express». Insistía, llamaba a la galería hasta el día que me dijeron: «¡Sir Francis Bacon le espera!». Desde nuestro primer encuentro fluyó la electricidad. Después, no paramos de llamarnos por teléfono, de escribirnos o de vernos en París o en Londres. Esto duró casi diez años, hasta su muerte.

- ¿Hubo algo que cesurara, que decidiera no incluir de forma premeditada en el libro?

- ¿Censurado? No, ¡eso nunca! Hay preguntas que, evidentemente, me hubiera gustado hacerle, pero que por timidez, o más bien por pudor, no me atreví a plantear. Por ejemplo, sobre los suicidios de dos de sus compañeros…

- ¿Le intimidó estar cara a cara con Bacon en su estudio?

«No me atreví a preguntarle por los suicidios de sus compañeros»

- La primera vez, es cierto que no me encontraba totalmente cómodo. Pero muy rápidamente, el propio Bacon te hacía sentir a gusto. Nos entendíamos muy bien. Y la conversación abordaba todo tipo de temas… Literatura, historia del arte, personalidades…. Nos reíamos mucho, tenía un gran sentido del humor, que yo compartía, y de repente, me sentía cómodo.

- ¿Qué clase de hombre era, cómo era su carácter?

- Lo presentaban como un genio, un monstruo, alguien difícil… Y, de hecho, era adorable, muy divertido, un ser exquisto, de una lucidez muy grande y dotado de un formidable sentido del humor… Algo que no es tan común…

- ¿Qué hubiera pensado al ver su pinturas expuestas junto a las de Velázquez, al que consideraba un genio, en el Prado?

- Bacon profesaba una admiración total por las pinturas de Velázquez, era un maestro absoluto. Seguro que le habría halagado. Hablaba con veneración de su pintura…

- Se definía como un optimista nihilista. ¿Qué piensa usted?

- ¡Lo entiendo totalmente! Y comparto esta afirmación. Cómo, si somos un poco lúcidos, no actuar de otra manera en nuestro mundo en plena decadencia. Tenía mil veces razón; era una manera de sobrevivir.

- ¿Qué fue lo que más le sorprendió?

«Lo presentaban como un monstruo, pero era adorable»

- Su sencillez, su manera de vivir y su filosofía… Lo tomo todo a la vez: representaba y pensaba lo que yo esperaba. Nadie me había hablado, antes que él, de esta manera. Yo bebía cada una de sus palabras.

- ¿Hubo alguna pregunta que no se atrevió a hacerle?

- Sí, varias. Después de su muerte, te dices a ti mismo: qué pena, podríamos haber hablado de esto o de aquello… Demasiado tarde… Pero, más allá de las entrevistas, lo que añoro es su compañía y sus conversaciones desordenadas. Es irremplazable, como todo genio. Es el artista más sorprendente que he llegado a conocer (y he tenido la suerte de conocer a unos cuantos…).

- Al final del libro establece una analogía entre el Bacon pintor y su supuesto antepasado, el filósofo Bacon. ¿Cree que hay similitudes entre ellos?

- Sí, me divertí al hacer esa comparación, más allá de la homonimia, entre su supuesto antepasado y él mismo en este pequeño capítulo al final de mi libro. Son muy divertidas las similitudes, ¡y muy turbadoras! De hecho, es una pregunta que planteo y que merece ser profundizada por investigadores, algo que yo no soy.