Silvina Ocampo y Bioy Casares, en una imagen de 1960
Silvina Ocampo y Bioy Casares, en una imagen de 1960 - ABC

Silvina Ocampo, la gran escritora detrás de Adolfo Bioy Casares

La biografía «La hermana menor» recupera la figura de la autora argentina

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Silvina Ocampo (1903-1993) era radical en su militancia. Olvídense de géneros. Hablamos de literatura en estado puro. Porque la escritora, esquiva y extraña, fue una de las más grandes integrantes de las letras argentinas del siglo XX. Pareja de Adolfo Bioy Casares (1914–1999), vivió a la sombra del autor de «La invención de Morel» durante más de cuarenta años, entregada a ese amor que solo entienden los que de verdad lo sienten. Y es que, como escribió su gran amigo Jorge Luis Borges (1899–1986), «Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor».

Pero Silvina Ocampo decidió vivir (y amar, para después escribir) en lugar de prescindir, como deja bien claro «La hermana menor» (Ediciones Universidad Diego Portales), biografía de la autora escrita por Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) que llega a España coincidiendo con el centenario del nacimiento de Bioy Casares. «Hace unos años hice un perfil de Alejandra Pizarnik, quien, se rumorea, tuvo un romance con Silvina Ocampo. Ése fue el germen», confiesa Enríquez vía email.

Al poco tiempo, la periodista y editora Leila Guerriero (Junín, 1967) la sugirió escribir sobre Silvina, reto que aceptó, pues «es un personaje misterioso». El objetivo era, según explica Guerriero también por email, responder «una serie de preguntas: ¿había sido poco valorada en vida?, ¿cómo había sido su relación con Bioy y con su hermana Victoria?, ¿cómo había encajado en su época?, ¿había sido una mujer fascinante, hechicera, feliz, infeliz?».

Preguntas que en «La hermana menor» obtienen respuesta gracias al trabajo de Enríquez. «Fue la cuentista más importante de Argentina. Era intencionalmente secreta y discreta; sus libros de cuentos, en ocasiones surrealistas y muchas veces crueles, no se parecen a nada», asegura Enríquez. «Quizá por esa originalidad le costó encontrar lectores. Además era una mujer extravagante: riquísima, de una familia aristiocrática (los Ocampo) y sin embargo sumamente austera y sencilla, no tenía vida social, la mayoría de sus amigos eran gays, artistas o gente común», remata.

Junto a Bioy Casares formó una pareja muy especial... y abierta. «Él tenía muchas amantes, probablemente ella también. Sin embargo, jamás se separaron, hasta el final fueron lectores el uno del otro (Bioy decía que no publicaba nada sin mostrárselo a Silvina)». Además, era una de las pocas amigas de Borges, a quien solía acompañar al médico y con el que cenaba casi todos los días. El autor de «El Aleph» admiraba a Silvina (sobre todo como poeta), aunque Enríquez sostiene que «ella era mucho más arriesgada que Borges y Bioy».

Una autora de «talento magnético»

Ese riesgo hizo, como explica Guerriero, que «su talento magnético» trascendiera «el círculo áulico de los que siempre la admiraron y empezó a hablarse de ella como de una autora de enorme valía». De la Silvina cuentista, poeta, pero sobre todo de «una mujer con un universo propio muy único, sumamente complejo, oscuro y luminoso a la vez», que vivió siempre con el afán de permanecer oculta, pues en ella «había una suerte de opacidad voluntaria, muy enraizada desde pequeña».

Opacidad que, según Enríquez, mantenía «un poco por pudor y otro poco para tener libertad: al estar ‘oculta’ podía prescindir de muchas de las obligaciones que se le imponen a una mujer de su clase social y de su familia». Porque «Silvina hacía lo que quería, vivía como quería y, en su época, necesitaba no ser demasiado pública». Para eso dejó su obra, para trascender más allá de su vida. Y para que en el centenario de Bioy se hablara de Silvina Ocampo, la gran escritora argentina.