Enrique Vila-Matas
Enrique Vila-Matas - kiko sampol

Enrique Vila-Matas: «En literatura, como en política, también hay una gran cantidad de oportunistas y mafiosos»

El escritor charla con ABC después de recibir el Premio Formentor 2014

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Si hay un rincón de Mallorca donde se respira literatura y devoción por la Cultura es en Formentor. Un lugar donde ya premiaron a Beckett, Borges y donde otros muchos autores buscaron la paz que aliñó sus novelas. Un rincón donde Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) también vivió algún episodio de su juventud y donde hoy hace repaso de una carrera exitosa y cada vez más universal. «Soy más de lo que me esperaba».

–Hoy no le premian por una novela ni por dos, sino por una trayectoria entera. Baltasar Gracián decía que los autores buscan la inmortalidad y permanecer en la memoria de los demás. ¿Qué recuerdo cree que dejarán sus obras?

–Gracián pertenece a una época en la que inmortalidad tenía sentido, aún no se había inventado la bomba de Napalm ni la bomba atómica y se veía el tiempo de otra forma.

–¿Entonces?

–El recuerdo que tengan de mi no lo puedo controlar, por un lado. Por el otro, mi experiencia en vida me dice que a uno le gustaría que le vieran de una manera pero lo que cuenta al final es cómo lo ven los demás. Entonces, los que me niegan todo me reconocen, porque se ven obligados a reconocer algo, un cierto afán por la innovación y la renovación de las formas en la literatura española. Pero se equivocan porque nunca he pensado en términos de literatura española sino en términos de literatura universal. De ahí que mi mundo pertenece a muchas tradiciones literarias distintas, sin fronteras.

–Se hizo un hueco en Francia y en Italia cuando publicaron varias de sus obras muy seguidas en el tiempo...

–Y está ocurriendo en Inglaterra. Lo más conocido es Francia e Italia por los premios pero funciona en muchos lugares afortunadamante.

–Esa fórmula de publicar mucho le ha funcionado bien pero, ¿cuántas obras de Vila-Matas hay que leer para conocer a Vila-Matas?

–A partir de cinco... Creo que el que ha llegado a cinco va a continuar, porque tiene dentro como una adicción. Y si no llegan a cinco es porque tenía algún prejuicio, problema o incapacidad. Hay gente que no me lee y no quiere saber nada y... son prejuicios. Pero también me gusta que me ocurra como a Marguerite Duras que, o la amaban o la odiaban. No había termino medio, que no dejara indiferente. Cuando ocurre algo así es que hay algo nuevo, un punto de vista singular que se añade a la historia de puntos de vista singulares de la literatura. El escritor que consigue esto es el que consigue dejar una obra. Y por aquí te estaría contestando a la pregunta inicial.

«Me gusta que me ocurra como a Duras, que la amaban o la odiaban»

Te cuento una historia de Gil de Biedma, muy bonita. No sé si te servirá. Una vez, escribí en mi primer libro una frase de Gil de Biedma en la que hablaba de «la torre del mirador». Esta torre la puse en el primer libro, él lo leyó y un día entró en un bar de Barcelona y me dijo: «Ya he leído lo de la torre del mirador». Yo le dije que le admiraba mucho, yo era muy joven... Él me dijo: «No tienes que admirarme ni nada. Si algo yo deseo es que dentro de 400 años se haya incorporado al lenguaje popular un solo verso mío, con eso me daría por contento». Era el colmo de la eternidad aquello, decía. Yo pensé que era muy modesto a aspirar que un solo verso sobreviviera, pero luego me di cuenta de que era muchísimo. Fue una frase de esas tan importantes que te dicen, no las entiendo, y después a lo largo de la vida las termino comprendiendo.

–Eduardo Jordá dijo que en España sólo hay 5.000 lectores buenos. ¿Qué visión del negocio y del público tiene usted?

–Yo dije que había 30.000 y me dijeron que estaba loco, que era muy poco. Dije 30.000 porque quería ser generoso. Jordá, al que admiro, dijo esa cifra que es bastante más apropiada. Hace muchísimo años fui por primera vez al Círculo de Lectores y Galaxia Gutenberg de Barcelona y hablé con el director de entonces, que era un alemán, y que me preguntó cómo veía yo lo de la literatura. Y yo con todo mi impulso juvenil le dije: «Yo creo que solo hay 5.000 lectores en España, gente que lea de verdad». Cuando salí del despacho me dijeron que por qué le había dicho eso, que estaba desesperado. No sé qué piensas tú de esto.

–A mí, si fuera escritor, me provocaría nerviosismo.

–Me refiero a que el público es muy minoritario. En Francia la gente está acostumbrada a leer, hay una tradición de lectura muy fuerte en Alemania, Inglaterra... España se incorporó mucha gente con el boom económico y el gusto era muy flojo, a base de best-sellers que deslumbraban cuando era algo que ya estaba hecho, y hecho bien por otros antes.

–¿Qué diferencias de estilo hay entre el autor de ese primer libro escrito en la mili y el Vila-Matas de hoy?

–He ido descubriendo qué era lo que quería hacer a través de la escritura. Pero para descubrirlo hay que escribir.

–¿Hoy es el escritor que imaginaba ser algún día? ¿O uno no es dueño de su trayectoria?

–Creo que soy más de lo que esperaba ser. Porque nunca esperé nada en concreto. Yo me dije que quería llegar a ser conocido como escritor para poder influir en la vida de la gente y poder transformar un poco la sociedad. Esa era la coartada que me buscaba porque en realidad no hacía falta ninguna coartada, bastaba con que quisiera escribir, que es lo que he hecho.

–¿Hay algún libro que le hubiera gustado escribir?

–Sí claro, muchos. Hay muchos pero... «Je me souviens» (Yo me acuerdo) de Perec. Este como ya está hecho no lo puedo pero hacer. Pero me lo habría pasado en grande si hubiera tenido la idea antes que nadie porque es para pasárselo genial. Sería un libro que no puedo hacer pero que me encantaría. O a lo mejor lo puedo hacer de otra forma. Luego hay otras obras que, como jamás podría igualarlas, me llevó a buscar una fórmula para mi sin competir directamente con, para poner un ejemplo, con Flaubert o con Tolstoi. Esa fue una estrategia muy de Borges, que decide hacer cuentos metafísicos e inventarse un género nuevo, que es el de inventar libros que no existen. Y en ese camino, Borges destaca y se convierte en un autor universal. Si hubiera seguido el camino de querer ser como Tolstoi igual hoy no lo conoceríamos.

«Si Borges hubiera querido ser Tolstoi igual hoy no lo conoceríamos»

–Una vez dijo que «los artistas son necesarios como los políticos discretos y eficaces». De lo primero hay, ¿y de lo segundo?

–Y de lo segundo también existe. En literatura ocurre lo mismo que con los políticos. Está el político que realmente está para hacer un bien a la colectividad, porque yo los he conocido, y luego hay todos los que conocemos. Y en literatura hay gente que realmente trabaja con las exigencias de lo literario y luego una gran cantidad de oportunistas y de mafiosos. Se produce tanto en literatura como en política. E imagino que en todos los gremios.