Gonçalo M. Tavares: «El tiempo es una especie de gran crítico literario»
Tavares en la presentación de su último libro, donde la novela de largo aliento se fusiona con el verso breve - efe

Gonçalo M. Tavares: «El tiempo es una especie de gran crítico literario»

El escritor portugués utiliza el verso como la materia prima de su nueva novela «Viaje a la India»

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Gonçalo M. Tavares es paciente. Sabe esperar a que su obra madure con el paso de los años y hace oídos sordos a los reclamos de la prisa por publicar. Así ha sido desde que empezó a escribir a los 18 años: lo hace con la paciencia del artesano. No fue hasta los 31 que publicó su primer libro de poesía: « Livro de dança (2001)» y desde entonces, el proceso se ha acelerado: una treintena de libros en poco más de una década. Una trilogía («Los libros negros»); una tetralogía («El reino») y una colección de seis libros («El barrio») que le han valido el reconocimiento de la crítica y diversos galardones literarios, entre los que se encuentran el Premio José Saramago por su novela «Jerusalén».

El escritor presenta en Madrid su última novela, «Un viaje a la India». Obra en la que el verso es la base y la referencia a «Ulises» de James Joyce, es el punto de partida. La suya es una novela que consideró madura diez años después de haberla empezado, pues para que uno de sus textos le convenza por completo, Tavares requiere de tiempo. Y claro, también paciencia.

-Dos elementos destacan en su último libro: la alusión a «Ulises» de James Joyce; y el uso del verso en la estructura de su novela.

-Escribir es tener los pies en dos instantes: el pasado y el presente. En el presente, porque se escribe. En el pasado, porque se ha leído y uno sabe que no es el primer escritor. Ahora, uso el verso porque me gustan los fragmentos. Son como un arma que te apunta a la sien y te apresura. Si uno piensa que tiene trescientas páginas para decir algo, suele tardar en llegar a la idea, y mi trabajo es concentrar esa idea, esa energía, en un mínimo espacio. Digamos que si ésta ocupa una extensión de cien metros cuadrados, yo la compacto para que quede en cincuenta. A mayor concentración, mayor es la potencia. No me interesa ser exhaustivo y descriptivo, prefiero la ambigüedad, que permite diversas interpretaciones.

-El verso es el arma que acelera. Pero usted se ha tomado su tiempo. Si bien escribe desde joven, hasta los 31 comenzó a publicar.

-Para mí es importante el tiempo, porque el libro es un organismo que requiere maduración. Por ejemplo, empecé a escribir esta novela en 2003, pues después de escribir la «materia bruta», suelo esperar dos años y después regreso al texto. Es algo que le debo a mi infancia. Mi padre es ingeniero, construía edificios de gran altura. Cuando yo tenía unos seis años me quedé estupefacto al ver que antes de construir la obra, lo primero que hacía era un hoyo en la tierra. No entendía: si van a construir hacia arriba, ¿Por qué hacen un hoyo? Tres meses después de hacer el hueco, ponían los soportes de hierro. Y cuatro meses después de ese primer paso, ponían el piso de tierra. Para mí quedó claro que la construcción requería de eso, porque sin soporte, al primer viento la casa se derrumba. De los 18 a los 30 años viví mi etapa en el hoyo, para después publicar algo que fuera seguro y resistente. El tiempo se relaciona con la construcción.

-¿No pierde la paciencia?

-En la vida cotidiana, sí. En términos literarios, no. Porque después de escribir no tengo un juicio crítico sobre mi trabajo, así que requiero tiempo para olvidarme de lo que he escrito y así, volver a leerlo. Como lector, tengo un juicio muy severo y suelo tirar a la basura mucho de lo que hago. Eso no ocurre cuando uno acaba de escribir, porque hay un sentimiento afectivo. El tiempo es una especie de gran crítico literario.

-Otra de las razones por las cuales tardó en publicar fue porque consideró que al exhibir su obra, las cosas cambiarían.

-Uno requiere de fuerza para escribir y publicar. Tienes que estar preparado, como si fuese una competencia de natación, porque hay casos de escritores que han hecho un buen libro y se paralizan con el miedo de que el siguiente no lo sea. O pueden escribir un libro mal recibido por la crítica, con las mismas consecuencias. O bien, pueden publicar algo sin que nadie le haga caso. Publicar es arriesgarse en cualquiera de estas posibilidades y tienes que estar preparado para que, suceda lo que suceda, no dejes de escribir.