Salvador Pániker, fotografiado en 2008
Salvador Pániker, fotografiado en 2008 - yolanda cardo

Salvador Pániker: «Una frontera con Cataluña sería artificial»

El filósofo publica «Diario de otoño»: «La memoria de lo que me está pasando y de lo que no me esta pasando, una divagación permanente que nunca permito que se deslice hacia la ficción», afirma el escritor y editor catalán

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Desde la casa de Salvador Pániker(Barcelona, 1927) se divisa el monasterio de Pedralbes. Ahora que el otoño parece, por fin, reinar en la vegetación colindante nada más pertinente que su última entrega dietarística, después de «Cuaderno amarillo» y «Variaciones 95», se titule «Diario de otoño» (Mondadori). Datado entre 1996 y 1999, el escritor, editor y filósofo lo presenta como «la memoria de lo que me está pasando y de lo que no me esta pasando, una divagación permanente que nunca permito que se deslice hacia la ficción».

Asiduo del Tao y los «Upanishads», el dietarista se autodefine como «agnóstico místico». Escribir un diario supone afrontar, tanto los problemas sustanciales como anudar «cabos sueltos». Enfrentarse a la agonía y muerte de su hija Mónica, a la que dedica el libro, atender a las raíces india y española. Tender a la destilación como sus admirados Azorín y Pla. Asegura Pániker que si dispone de más años volverá sobre sus escritos para «ceñirse a lo esencial». Componer un diario como ejercicio de supervivencia. Con todo, uno desconfía del Teorema de Pániker, según el cual «todo entrevistado acaba reducido a los límites mentales de su entrevistador». En este caso creemos que puede suceder a la inversa (las redes dialécticas del entrevistado son poderosas).

-¿Estamos ante su última incursión dietarística?

-Seguiré escribiendo diarios, mientras conserve la lucidez. La gente que no lo hace me resulta extraña; el diario es terapéutico: verbalizas emociones y sentimientos. A mi me ayudó a sobrellevar la muerte de mi hija, el peor acontecimiento que he vivido. En el diario confluye la escritura y la vida: Pessoa sabía escribir, pero no vivir. La mejor obra de Gide son sus diarios.

-Conmemoramos el centenario de Camus. En «El mito de Sísifo» situaba el suicidio como el principal problema filosófico…

«El suicidio debe ser racional, todas las demás modalidades son patologías»

-El suicidio debe ser racional, todas las demás modalidades son patologías. Camus quería decir que el principal debate de la Filosofía es si la vida merece la pena ser vivida. Hoy veo demasiados adolescentes con cara de estar poco vivos. Yo les diría que confiaran en la realidad, que la vida no es una tomadura de pelo, que la curiosidad intelectual te mantiene joven y que conviene aprender a aprender.

-¿Qué le distanció de su hermano Raimundo?

-Él no dejó nunca de ser cristiano y yo dejé de pertenecer al mundo religioso institucional. Él hablaba del hinduismo, yo también, pero él seguía siendo cristiano. Coincidíamos en otras cosas: a pesar de las discrepancias, ambos éramos animales metafísicos porque hay preguntas que la ciencia no es capaz de responder. Raimundo estaba contra la ciencia moderna, que consideraba opuesta a la sabiduría… Yo no contemplaba esa oposición.

-En «Diario de otoño» describe constantes problemas de salud. ¿Hipocondría o miedo a la muerte?

-No soy hipocondríaco, lo que ocurre es que siempre he tenido una salud frágil. Si la felicidad es salud, dinero y amor, yo siempre anduve escaso de la primera… aunque las otras dos no me fueron nada mal.

-Se movía usted en la «Gauche divine», tenía éxito con las mujeres…

-Es cierto, pero no me quedé en Barcelona. Siempre fui cosmopolita: viví los mejores años de Ibiza y California, donde conocí a Alan Watts. Mi vida sentimental ha sido afortunada: siempre tuve más amigas que amigos. Yo era más «seducible» que seductor, aunque llega el momento en que has de sustituir el amor por la buena educación.

-Editó a Watts y «La inteligencia emocional» de Goleman…

-El acierto fue de mi hijo Agustín y de mi hija Ana, que compraron los derechos en la feria de Francfort. Fue un feliz azar. Un millón de ejemplares. Un «long seller» como Goleman es el sueño de cualquier pequeña o mediana editorial.

-Fue diputado de la UCD en la Transición. ¿Cómo recuerda aquella época, comparada con la actual?

«Siempre he defendido la Transición porque se llevó a cabo con sabiduría»

-Siempre he defendido la Transición, porque se llevó a cabo con sabiduría. La UCD –soy hombre de centro izquierda, moderado- dio políticos apreciables. En la actual situación, los echo de menos.

-¿Y qué opina de la Cataluña actual, enredada en la llamada «Transición Nacional» soberanista?

-Si no tengo una identidad fija, tampoco tengo una identidad nacional. No creo que este sea el momento de la independencia. Evolucionamos hacia fórmulas políticas sin fronteras… La independencia no es el camino: sería crear una frontera artificial.