Una escena de «Los Miserables» - ABC

Una leyenda musical

Por energía, emoción y calidad de los intérpretes, la producción española está a la altura de la mejor versión de «Los miserables»

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Madrid vivió ayer una gran noche de teatro. Una excepcional noche de teatro, con el estreno oficial de «Los miserables», sin duda el musical más importante de las últimas décadas, no sólo por su valor intrínseco, sino también, y especialmente por el arraigo que ha tenido en el público de todo el mundo. No miente la publicidad de la producción española cuando dice que es, más que un musical, una leyenda.

A principios de octubre se cumplieron veinticinco años del estreno de esta obra, basada en la novela de Víctor Hugo del mismo nombre, uno de los grandes títulos de la historia de la literatura. Dos franceses, Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg, encontraron a un excelente cómplice, el irrepetible productor británico Cameron Mackintosh, para convertir su adaptación musical de «Los miserables», que había visto la luz en París en 1980, en un espectáculo de alcance internacional. Mackintosh, que no escribe ni compone ni dibuja escenografías ni vestuarios, ni diseña luces ni sonido, pero que sabe mejor que nadie lo que quiere ver el público y que se mete en todos, absolutamente todos los detalles de la producción, quiso celebrar las bodas de plata del musical con una nueva puesta en escena. Se vio primero en Gran Bretaña y ahora llega a España. En este montaje está la esencia de «Los miserables»; habrá quien eche de menos el impresionante momento en el que las barricadas se formaban a vista del público, uno de los grandes aciertos de aquella producción original. Pero ahí debe de quedarse la nostalgia, porque la escenografía posee el vigor que le exigen la historia y la partitura, que son, al fin y a la postre, la verdadera columna vertebral de «Los miserables» y la causa última de su éxito.

Víctor Hugo trazó una historia sinuosa y emocionante, y el musical sabe condensar y viajar por esa Francia revolucionaria donde dos hombres, Valjean y Javert, cara y cruz de una misma moneda, andan su camino casi paralelo. El uno tratando de enterrar un pasado que le persigue y el segundo fiel a su idea de la justicia, queriendo que aquél pague su delito. Para acompañar el texto, Claude-Michel Schönberg escribió una partitura que aúna emoción e inspiración, donde lo épico y lo lírico encuentran su momento, con canciones de una gran belleza melódica y coros y concertantes tan heroicos como vibrantes.

Para poner en pie «Los miserables» hace falta, naturalmente, un gran Jean Valjean. La producción española tiene uno que no sólo es grande; es extraordinario. Gerónimo Rauch, que sueña con este papel desde hace muchos años, escala esa montaña con una voz aterciopelada —que es trueno cuando lo requiere la escena— y corona la cima con un conmovedor «Sálvalo». Le acompaña Ignasi Vidal, que tiene que hacer frente a un papel que no es el más adecuado para su voz. Sin embargo, su Javert tiene presencia, es intimidante, y pone al servicio de su antipático papel un canto siempre ajustado y feroz. Son los dos inmejorables intérpretes de estos dos emblemáticos personajes, y las matrículas de honor de un reparto que alcanza el sobresaliente, y del que sería injusto no destacar a Daniel Diges, un vibrante y carismático Enjolras, y a Enrique del Portal, un excepcional mesonero canalla.

LOS MISERABLES HHHH

Autores: Alain Boublil, Claude-Michel Schönberg y Herbert Kretzmer. Dirección escénica: Laurence Connor y James Powell. Dirección musical: Alfonso Casado. Escenografía: Matt Kinley, inspirado en las pinturas de Víctor Hugo. Vestuario: Andreanne Neofitou. Iluminación: Paule Constable. Principales intérpretes: Gerónimo Rauch, Ignasi Vidal, Virginia Carmona, Enrique del Portal, Eva Diago, Guido Balzaretti, Lydia Fairen, Talía del Val, Daniel Diges. Teatro Lope de Vega, Madrid