Otis Reddind, durante una actuación en el club «Whisky a Go Go»
Otis Reddind, durante una actuación en el club «Whisky a Go Go»
MÚSICA

Otis Redding: la corta vida del gigante del soul

El músico y periodista Jonathan Gould publica la biografía más exhaustiva que se ha escrito jamás del autor de «(Sittin' On) The Dock of the Bay», al que pone en un preciso contexto social y político

MadridActualizado:

Los meses anteriores a su participación en el mítico Festival de Monterrey, el 18 de junio de 1967, Otis Redding andaba preocupado sobre su futuro en el negocio de la música. «Dentro de cinco años se habrán olvidado de mí», aseguró a la prestigiosa revista musical «Hit Parader». Era la primera entrevista importante de su carrera y solo hacía un lustro que había grabado su primer sencillo, «These Arms of Mine», pero ya pensaba que su estilo se estaba pasando de moda en medio de aquella revolución cultural con el movimiento hippy a la cabeza. Ni siquiera estaba convencido de que un cantante de soul como él debiera estar en aquel evento lleno de jóvenes blancos locos por el pop y el rock, al que solo habían querido asistir otros tres artistas negros: Dionne Warwick, Lou Rawls y un Jimi Hendrix que todavía era una figura desconocida en Estados Unidos.

Portada de la biografía de Jonathan Gould. Ed. Neo Sounds, 2019. 572 págs. Precio: 24,95 euros
Portada de la biografía de Jonathan Gould. Ed. Neo Sounds, 2019. 572 págs. Precio: 24,95 euros

El día del concierto, los miembros de la organización sucumbieron al espíritu del momento y se entregaron a los placeres de las drogas psicodélicas provocando retrasos cada vez más importantes. Pasada la medianoche, en el backstage se produjeron fuertes discusiones para que Otis, que a esas horas trataba de disimular sus nervios, redujera su actuación. Al final accedió a interpretar solo cinco canciones. Y cuando se acercó al escenario, su manager observó como el cantante de Macon (Georgia) le daba «una gran calada» a un porro gigante de marihuana que le había ofrecido un espectador.

Resplandeciente con su traje de seda color verde azulado y su imponente presencia física, Redding avanzó entonces hacia el micrófono, lo arrancó del pie, exhibió una enorme sonrisa y gritó con fuerza: « ¡Shake! Que lo diga todo el mundo. ¡Shake! Quiero oíros a todos». Era la primera orden que un artista se atrevía a dar desde que comenzara el festival de Monterrey. Como si sus padres hubieran aparecido de repente, cerca de diez mil jóvenes se levantaron de repente y corrieron en masa hacia el escenario, para comenzar a bailar como locos a pesar de la lluvia.

El guitarrista de Grateful Dead, Bob Weir, dijo después que había sido «como ver a Dios sobre el escenario». Y el crítico de «Los Angeles Times» escribió: «Emocionó al público como nadie lo había hecho durante los dos primeros días. Los pasillos entre las filas de asientos estaban repletos de espectadores que no paraban de bailar, y algunos escalaron por los laterales del escenario mientras aplaudían y gritaban». Redding concluyó, después de que las autoridades locales aparecieran pidiendo el cese inmediato de la actuación, con las versiones de « (I Can't Get No) Satisfaction» y « Try a Little Tenderness». «Tengo que marcharme, aunque no quiero hacerlo», dijo. Y el público, que había permanecido de pie desde el primer tema, respondió con una ovación de diez minutos.

Redding, actuando para un público no segregado en 1965
Redding, actuando para un público no segregado en 1965

Tras la prematura muerte de Sam Cooke acribillado a balazos por la dueña de un motel de Los Ángelestres años antes, el cantante se había propuesto recoger el cetro del soul y el rhythm and blues. Y parecía que lo había conseguido. Cuando regresó a su rancho de Macon pocos días después, le dijo emocionado a su esposa, Zelma, que aquel concierto le había añadido cinco años más a su carrera. No se imaginaba que, seis meses después, su pequeño avión se estrellaría contra la superficie del lago Monona de Madison (Wisconsin). Tenía 26 años.

Las cinco canciones de Monterrey fueron un buen resumen de su breve carrera –apenas siete años– que Jonathan Gould desmenuza ahora en la exhaustiva biografía «Otis Redding: Una vida inacabada» (Neo Sounds, 2019). Un total de 574 páginas con las que el músico y periodista ha roto el consenso sobre el relato oficial, poniendo al cantante con gran precisión en su contexto político, social y musical. Una excusa para realizar un amplísimo viaje por la historia de la segregación racial de Estados Unidos, las leyes de Jim Crow, los linchamientos de negros, el origen de la música popular a principios del siglo XIX, la revolución cultural de 1960 y la aparición del movimiento por los derechos civiles... que el cantante no vio culminar.

Mejor cantante que Elvis

Dos semanas antes de morir llamó a su socio en las composiciones, Steve Cropper: «He escrito algo que tienes que escuchar», le dijo. Estaba ilusionado tras la operación que nódulos que había sufrido y el reposo que había tenido que guardar durante el verano de 1967. Además, justo cuando había empezado a hablar poco a poco a mediados de septiembre, una encuesta realizada por la revista «Melody Maker» colocó a Otis Redding como el mejor cantante masculino del año, desbancando a Elvis Presley en un panteón del pop que incluía a John Lennon, Paul McCartney y Bob Dylan, nada menos. Era el primer gran reconocimiento público de su carrera, que consiguió sin dejar jamás Stax Records, la pequeña discográfica de Memphis que confió en él cuando tenía 20 años, cuando aún se ganaba las perras actuando por los bares de Georgia.

Otis Redding, en una imagen junto al avión en el que murió en accidente
Otis Redding, en una imagen junto al avión en el que murió en accidente

La canción que le presentó a Cropper era una balada a medio tiempo titulada « (Sittin' On) The Dock of the Bay», con la que quería presentar al mundo al «nuevo Otis Redding». Estaba tan ilusionado que reservó enseguida un estudio sin saber que su final se acercaba. En la toma inicial se le olvidó la letra de la última estrofa y comenzó a silbar la melodía tal y como quedó grabada para los restos. «Su voz sonaba tan clara que no nos lo creíamos. No podíamos dejar de grabar. Y cuando la banda se marchaba por la noche, Otis y yo íbamos a cenar algo y volvíamos al estudio para seguir grabando», contó el guitarrista. Seis días antes del accidente, las sesiones se intensificaron: «Nos quedábamos en el estudio hasta las tres de la madrugada y, después, regresábamos a las diez. No parábamos de grabar. Él estaba electrizado. Obviamente, había algún tipo de pálpito premonitorio en el aire», recordaba otro de los músicos, según la biografía de Gould.

El 11 de diciembre de 1967, ni una semana después, el cuerpo de Redding fue rescatado de la parte trasera de la cabina destrozada del avión, en el fondo del lago, todavía atado al asiento. Los buzos habían estado buscándole 24 horas. Del fondo del agua también sacaron a la mayoría de los miembros de su grupo de acompañamiento, Bar-Keys, que tenían entre 18 y 19 años. El cadáver de Otis presentaba una herida en la frente y diversos cortes y moratones que llevaron al forense a determinar que había quedado inconsciente tras el impacto con el agua y, después, se había ahogado al hundirse el aparato. Entre los objetos encontrados en su ropa, un reloj de oro, una billetera con trescientos dólares y una pequeña bolsa de marihuana de la que el forense se deshizo a petición del manager del cantante. También había un maletín con miles de dólares de la recaudación de sus dos últimos conciertos que fue robado del lugar del accidente y nunca apareció.

Su epitafio

Redding fue enterrado en el jardín de su rancho. Los artículos que se escribieron con motivo de su muerte en los periódicos más importantes del mundo, incluído ABC, superaron con diferencia a la suma de todos lo que se habían publicado de él a lo largo de su corta carrera. Pero Otis no necesitó que nadie le escribiera un epitafio, ya lo había hecho él mismo con «(Sittin' On) The Dock of the Bay», cuya versión final tuvo que ser remezclada por Cropper tras el funeral.

Fue lanzado como sencillo en enero de 1968 y, a los pocos días, se convirtió en un éxito desbocado que se encaramó en el Top 10 de «Billboard» a mediados de febrero. Un mes más tarde, tras vender un millón de copias, llegó al número uno tanto en las listas de pop como en las de rhythm and blues. Fue el primer sencillo de Otis en alcanzar ese puesto.