Icíar Bollaín, ayer en Miami - M. TRILLO
Icíar Bollaín

Icíar Bollaín: «Hemos echado a perder nuestras raíces»

La directora española estrena en el Festival de Miami su última película, «El olivo»

Corresponsal en MiamiActualizado:

Icíar Bollaín (Madrid, 1967) ha escogido Miami para plantar ante el mundo su última película. El Festival Internacional de Cine de la capital del sur de Florida acogió anoche el estreno de «El olivo», una historia escrita por su pareja y guionista Paul Laverty sobre una joven que se embarca en la búsqueda del árbol de su niñez, arrancado para ser vendido al extranjero y por cuya ausencia el abuelo ha perdido el habla. En España habrá que esperar a mayo para verla en las salas de cine.

–¿Qué se pierde con ese olivo arrancado y qué se busca recuperar?

–El personaje de Alma ha perdido un árbol con el que tenía una relación muy estrecha, en el que tenía con su abuelo un mundo propio. Es una historia de amor entre el abuelo, el olivo y ella. Ese olivo es su infancia, el momento más feliz que ha vivido, que arrancaron al mismo tiempo que el olivo. Y el abuelo está callado y ha perdido la cabeza, en una niebla que no se sabe si es vejez o melancolía. A nivel metafórico, hemos perdido patrimonio con todos estos árboles que se han estado arrancando, que son espectaculares y parecen esculturas. El olivo de la película tiene ocho metros de diámetro y posiblemente lo plantaron los romanos. Con ese arrancar del «boom» estamos perdiendo nuestra naturaleza, nuestras raíces, nunca mejor dicho.

–¿Qué más expresa esa figura del árbol arrancado?

–También el hecho de comerciar con algo tan valioso. Es que es lo nuestro, nuestro paisaje, que se convierte en un bien que se puede trasplantar a Suiza o China. Hay una cosa muy bonita que dice el abuelo, que esto ni siquiera nos pertenece. Esto es de la vida, de la historia. Estamos aquí, lo cuidamos unos años y vienen nuestros hijos y lo siguen cuidando. Es como las iglesias, a ti te toca cuidarlo, pero no es tuyo.

–Se podría decir que el olivo es incluso un personaje más de la película...

–Sí, es muy importante y, de hecho, hicimos un casting para encontrarlo.

–¿Es una historia sobre España o lo que cuenta es más universal?

–Tiene muchas cosas universales, como el amor por la naturaleza o la relación con el abuelo, pero es verdad que está colocado en un lugar que es España, que representa esos años del «boom» en que hemos negociado y echado a perder mucho de nuestro paisaje, en que muchas familias quisieron coger ese tren del desarrollo y luego todo se ha desinflado y son víctimas de la crisis. Al final viene a hablar, en ese nivel metafórico, de qué pasa si recuperamos el olivo, de que cuidando lo nuestro, nos cuidamos a nosotros mismos.

–Por tanto, el mensaje no es fatalista, sino esperanzador, ¿no?

–Mucho, porque, pese a que es una película muy emotiva, hay un empezar de cero, un perdonar y decir: hicimos las cosas mal, vamos a hacerlas bien.

–¿Como ve España ahora?

–No lo sabe nadie, primero porque no hay gobierno y segundo porque dicen que viene otra recesión. Necesitamos ya cambios, porque la gente está sufriendo mucho y hay un paro terrible que obliga a mucha gente a irse. Hace falta de verdad un cambio de marcha y que la gente sienta que los problemas se resuelven. Estoy viendo a la gente joven y no hay horizonte, sino una sensación de incertidumbre.