De izquierda a derecha, el equipo de «Mr. Turner»: Dick Pope, Dorothy Atkinson, Marion Bailey, Timothy Spall, Mike Leigh y Georgina Lowe
De izquierda a derecha, el equipo de «Mr. Turner»: Dick Pope, Dorothy Atkinson, Marion Bailey, Timothy Spall, Mike Leigh y Georgina Lowe - AFP 
festival de cannes

La magia de Turner en una tela corriente de Mike Leigh

Los últimos 25 años de vida del pintor británico en la piel del actor Timothy Spall, un «dogo de Burdeos»

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Ante un cuadro del pintor inglés Joseph Mallord William Turner puede uno sentir dos punzadas: la de una emoción enorme o la de una necesidad urgente de ir al oculista. No se puede decir lo mismo de la película que sobre este pintor ha hecho Mike Leigh con el título de «Mr. Turner» y que es un vistazo bien condimentado a sus últimos veinticinco años de vida, pues no aporrea las teclas de la emoción y se aprecia a cualquier distancia de un modo realista.

Turner pintaba el temperamento de la naturaleza, preferentemente la marina, como si estuviera realmente enfadada con el hombre, y Mike Leigh pinta a Turner y a su temperamento como si también le hubiéramos dejado algunas cuentas por pagar. El éxito de su retrato está en encomendárselo a un actor como Timothy Spall, que tiene la expresión de un dogo de Burdeos y del que siempre se espera que responda con un «guau», tanto sus andares, como su gestos y sus gruñidos dejan la impresión de que Turner, el pintor de los sentimientos de la luz, el hombre que creaba una tormenta marina con un salivazo, era alguien tan enfrascado en la vida de su pintura como despreocupado por la de todos los que le rodeaban, salvo su padre, con quien mantuvo una relación muy especial hasta su muerte.

La película, que se alarga hasta las dos horas y media, trata a refilones el pulso de Turner con algunos pintores de su época, como Constable o Frederic Leighton, y también se detiene, entre gruñidos, en su relación algo puerca con las mujeres, en especial con la sirvienta de su casa, que le pone a la película un tono entre sórdido y humorístico. No está claro que la obra de Mike Leigh aporte más luz que la prevista por su biografía a la figura del pintor, quedándose en un severo «lou» el lugar en donde nace su peculiar mirada pictórica, ésa que convierte el amasijo de tonos en algo espectacularmente expresivo, elocuente y dramático a medida que te vas alejando. Tal vez « Mr. Turner» necesite también eso, irse alejando de la tela hasta verla en toda su grandeza y dimensión. No apostaría por ello.

Nuevos largometrajes

La otra película en competición por la Palma de Oro se titulaba «Timbuktu», de Abderraman Sissako, de Mali, como esa ciudad del título (Tombuctú) a la que suele aludir cuando no se sabe a dónde mandar a alguien. Una historia llena de sencillez y de terrible realidad, que cuenta la tragedia de una familia y de sus convecinos ante la llegada de un grupo extremista islámico que impone sus «leyes», y vigila su cumplimiento con la amenaza de torturas y asesinatos aterradores. No carga la mano el director, pues la mera descripción de lo cotidiano es ya espeluznante (no música, no cigarrillos, no fútbol, no manos sin guantes, no…), e incluso se permite un ligerísimo toque de humor surrealista para que lo trágico adquiera la potencia de lo inexplicablemente normal. Aunque lo más trágico es la sensación de silencio, de agonía sin respuesta, de resignación por parte de ellos y del mundo que los mira. A esa pobre gente masacrada, frustrada, se le une la frustración del espectador, que sabe que la realidad no les va a premiar con un Bruce Willis que ponga las cosas en su sitio… La ficción no cabe en un lugar con una realidad tan estrecha.

Y la sección « Une Certain Regard» se inauguró ayer con «Party Girl», escrito y dirigido por Marie Amachoukeli, Claire Burger y Samuel Theis, la agridulce historia de una peculiar boda, la de Angelique, una mujer de sesenta años que trabaja, ya a duras penas, en un cabaret nocturno fronterizo, y Michel, un viejo cliente que ha estado siempre enamorado de ella. El relato y la cámara intentan extraer las muchas singularidades de esa mujer guerrera, con varios hijos ya mayores y desperdigados, y que siente dudas ante ese tren que le llega, que no sabe si es para que se suba en él o para pasarle por encima. Hay algo de excepcional en el alma de ese personaje y en su relación con el entorno, pero después de conocer a Carmina Barrios, se tiene la impresión de que «Une Certain Regarde» no ha propuesto más que una miradita. Llega a inaugurar esto la « Carmina» de Paco León y hoy entrega sus trastos de actriz Nicole Kidman a la hora del desayuno