Pablo Jiménez Burillo
Pablo Jiménez Burillo - EFE

El Reina Sofía y la Fundación Mapfre colaboran para poner en valor a Joan Miró en Madrid

Pablo Jiménez Burillo, director de Cultura de la fundación, se marchará a finales de diciembre, después de treinta años en la casa. Le sustituirá Nadia Arroyo

MadridActualizado:

Tras su paso por ABC, Pablo Jiménez Burillo (1959) llegó a la Fundación Mapfre en diciembre de 1988, hace treinta años. Pasó a ser director de Cultura de esta fundación, cargo que ostenta actualmente, pero ayer anunciaba que se retira a final de año. Le sustituirá su mano derecha, Nadia Arroyo, que apostará por la continuidad. «He cumplido una etapa y es hora de dar paso a gente más joven, que tiene otra manera de ver las cosas. He tenido la suerte de contar con un equipo fantástico, muy profesional. Quizás funcionen mejor sin mí. Dejo la fundación en un momento brillante», dice Jiménez Burillo. No sabe aún qué hará en el futuro. De momento, quiere descansar un poco. Ha tenido algunos problemas de salud.

Se marcha orgulloso del trabajo realizado. Como la creación de un Espacio Miró en Madrid, «del que el artista estaría muy contento». Adelanta que está a punto de cerrarse un proyecto: el Museo Reina Sofía y el Espacio Miró de la Fundación Mapfre sacarán a la venta una entrada común para poner en valor la obra del artista en Madrid. «La voluntad de Miró no fue nunca ser un artista catalanista, sino internacional», apunta Pablo Jiménez. En el futuro se quiere también poner en valor el mural de Miró del Palacio de Congresos y Exposiciones del Paseo de la Castellana, que el artista donó a Madrid. Además, habrá una reunión anual de los Espacios Miró repartidos por España y la familia para organizar proyectos en común.

Apuesta por el siglo XIX y la fotografía

También está satisfecho Pablo Jiménez del papel de la Fundación en la reivindicación del arte del siglo XIX, siendo pioneros en exposiciones de artistas como Sorolla o Romero de Torres. «Hace 30 años la pitura del XIX nos parecía horrible. Eso ha cambiado por completo y hoy nadie la discute. Hemos visto a Sorolla en el Prado y en el Thyssen. Hace veinte años no hubiéramos visto obras de Pinazo y Sorolla al lado de obras de Matisse, Braque y Picasso. No creo que se trate de un cambio de gusto, sino más bien de que hay menos prejuicios y una mayor generosidad».

La Sala Azca, en la avenida General Perón de Madrid, se mudó a otra sala en el Paseo de Recoletos, en pleno Paseo del Arte de la capital. Además, abrió en un edificio cercano en la calle Bárbara de Braganza una sala de exposiciones estable dedicada exclusivamente a la fotografía con una programación en la que han pasado grandes maestros, como Walker Evans, en su primera retrospectiva en España. Es otro de los proyectos de los que Pablo Jiménez se siente muy orgulloso. También, haber establecido una red de contactos y colaboraciones con los más importantes museos del mundo: el Orsay de París, el Art Institute de hicago, el MoMA y el Metropolitan de Nueva York... La próxima semana, por ejemplo, el MoMA de San Francisco inaugurará una exposicion de Brassaï producida por la Fundación Mapfre. «Es hoy una de las grandes instituciones culturales europeas -advierte Pablo Jiménez-. Hemos demostrado que una fundación tiene su lugar: hemos aportado puntos de vista originales, distintos a los de los museos. Hemos podido ser libres y más impertinentes. Nunca me han impuesto ningún criterio sobre la programación, ni ha habido ningún tipo de injerencia ni de sugerencia». La Fundación abrió sede en Barcelona (Casa Garriga Nogués), que se mantendrá en el futuro.

«Hay sitio para todos»

En cuanto a si los museos vieron con buenos ojos su actividad, programando costosas exposiciones gracias a acuerdos con importantes museos internacionales, Jiménez Burillo dice que «hay sitio para todos. La relación de la fundación con los museos de Madrid es buena, nuestro trabajo es complementario. Madrid es hoy una de las grandes capitales artísticas y culturales de Europa». Recuerda, por ejemplo, que iba a organizar una exposición sobre Ingres, pero que finalmente dejó el proyecto al Prado. Y que iban a organizar con el Grand Palais de París una muestra sobre Dalí, que finalmente no se hizo porque se sustituyó por una colaboración entre el Reina Sofía y el Pompidou». Preguntado por la evolución en el presupuesto que ha tenido estos años, dice que cuando llegó rondaba los 1,5 millones de euros: «Hubo una época en la que llegamos a tener 15 millones y ahora oscila entre 10 y 11 millones».

La programación expositiva de la Fundación Mapfre para los próximos meses incluirá muestras de Anthony Hernandez, Berenice Abbott, Richard Learoyd y la colectiva «De Chagall a Malevich. Arte en revolución».