Magdalena Abakanowicz, la gran escultora polaca

Fue la figura más relevante de la escena artística polaca de la posguerra

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En Varsovia, ciudad en las afueras de la cual había nacido, ha fallecido la inolvidable Magdalena Abakanowicz, la figura más relevante y más internacional de la escena artística polaca de la posguerra, nieta de un general zarista descendiente de Gengis Khan, y emparentada con el gran compositor Karol Szymanowski. Formada de 1949 en adelante en las academias de Bellas Artes de Gdansk y Varsovia, uno de sus primeros mentores fue el pintor constructivista y «unista» Henryk Stazewski, un superviviente de la vanguardia de preguerra, que sólo a partir del relativo deshielo posterior a la muerte de Stalin y a los cambios que esta acarreó en los países satélites de la URSS, pudo volver a expresarse en clave moderna.

Cuando descubrió las posibilidades que le ofrecía el mundo de la tapicería, de lo textil, Magdalena Abakanowicz, alcanzó un primer reconocimiento internacional, en una época que Polonia, artísticamente, se abría al mundo. Tenía treinta y cinco años cuando en 1965, y por su transgresor y magnífico trabajo en ese campo, le fue otorgado el Gran Premio de la Bienal de Sâo Paulo, donde por aquellos mismos años triunfaron Oteiza, Cuixart y otros de los nuestros. Son realmente impresionantes sus «abakanes», grandes piezas textiles en negros, rojos o naranjas. Cuando se reanudaron las relaciones diplomáticas entre Polonia y España, algunas de ellas fueron enseñadas en Madrid, concretamente en una colectiva celebrada en 1978 en el Palacio de Velázquez, y en 1984 en otra centrada en el ámbito del tapiz y que tuvo lugar en el Arqueológico. Ambas muestras las reseñó Campoy para «ABC», manifestándose especialmente entusiasmado por el trabajo de la artista.

Con el tiempo Magdalena Abakanowicz encontró que el gueto del textil era demasiado limitado, y derivó hacia la escultura y la instalación. Torsos, caminantes, yelmos y otros artefactos bélicos, sentimiento de la naturaleza, coexisten en su imaginario, arcaico, potente, ceniciento, tendente a lo fúnebre, sin que falten toques de humor... Gracias a Marlborough, uno presentó en el hall del IVAM, en 1999, una de sus instalaciones, compuesta por treinta y seis figuras acéfalas, y propiedad del Nasher Center for Sculpture de Dallas. El mismo museo valenciano le dedicaría una exposición en 2008, paralela a otra en el Palacio de Cristal madrileño. Recordar también que en 1996 Antonio Saura tuvo la feliz idea de incluir a la artista en su magna muestra zaragozana en torno a la herencia de Goya.

Si Stazewski y otros de su cuerda representan la cara constructiva del arte polaco, Magdalena Abakanowicz pertenece a la sombría, como el muy goyesco Bruno Schulz, Tadeusz Kantor, Alina Szapocznikow, o más recientemente Miroslaw Balka. En clave internacional, el tipo de figuración obsesiva, descarnada y esencial que ella practicó remite al Matisse escultor, Giacometti, a Germaine Richier, a Bacon. Algo del trasfondo trágico de su país asoma siempre en su obra, que sin embargo no es truculenta, sino por el contrario de gran sobriedad y contención formal.