Afirman que el «Guernica» no tiene nada que ver con el bombardeo de la ciudad vasca

José María Juarranz de la Fuente, profesor jubilado, publica un estudio en el que asegura que el cuadro es autobiográfico: sus figuras representan a familiares y amigos cercanos del artista

El autor dice que es «un trampantojo» con el que Picasso quiso medirse en el Prado con «Las Meninas», de Velázquez, y «La Familia de Carlos IV», de Goya: «Quiso pintar su propia familia real»

MadridActualizado:

Hace 81 años Pablo Picasso pintó el «Guernica», un cuadro convertido en el icono del siglo XX. Desde entonces son incontables los estudios, ensayos, artículos y exposiciones dedicados a la obra de arte más famosa del mundo, con permiso de la Mona Lisa. Los más reputados especialistas del mundo en la obra del artista español, que son legiones, han desentrañado, milímetro a milímetro, este mural. Y son muchas las interpretaciones de todo tipo que se han dado acerca de su simbología en todos estos años. La última, y cuanto menos sorprendente, se ha dado a conocer hoy mismo en Madrid. Convocatoria de prensa en un hotel de la capital para presentar «Guernica. La obra maestra desconocida». Toda una declaración de intenciones ya desde el propio título. ¿ Desconocido el «Guernica»?

Así lo cree su autor, José María Juarranz de la Fuente, un catedrático de Geografía e Historia jubilado. Ha dado clases en Institutos de Bachillerato y está obsesionado con este cuadro, que lleva estudiando catorce años. Se muestra absolutamente convencido de haber dado con la interpretación exacta, con la intención de Picasso al pintar el «Guernica» (piensa que ha habido miedo por parte de los críticos e historiadores de dar el salto final y él sí lo ha dado). Interpretación que ha plasmado en un libro, con prólogo de Vicente Verdú, que publica la galería de arte de su hijo, Rodrigo Juarranz, y que distribuye Marcial Pons. Ha hecho una tirada de 1.000 ejemplares. Su precio: 33 euros.

Picasso, pintando el «Guernica», retratado por Dora Maar
Picasso, pintando el «Guernica», retratado por Dora Maar - ABC

Un trampantojo

El primer misil que lanza es que el cuadro no es antibelista, ni tiene nada que ver con el bombardeo de Guernica, idea que, curiosamente, daba por buena hasta el propio artista, creador de la obra, que de eso debe saber algo. «Es un trampantojo que enmascara la realidad», advierte tajantemente, sin atisbo de duda, Juarranz. «Todo su trabajo es autobiográfico. ¡Cómo no iba a ser autobiográfico su cuadro más importante!». Le advertimos que no es incompatible, que puede haberse basado en hechos de su vida, pero plasmar finalmente el bombardeo de la ciudad vasca. Asegura que no es cierto y trata de desmontarlo en el libro. Niega que sea una interpretación más de las muchas que se han hecho: «Me parece más coherente que cualquier otra», dice sin tapujos.

Egoísta, apolítico, oportunista

No sale muy bien parado Picasso en su estudio. Advierte que la República utilizó de forma propagandística el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937, con Picasso al frente, y que resulta muy extraño que el artista más importante presente en él creara un cuadro sobre su vida: «Quería presentarse como un artista del Renacimiento, superior a Velázquez y a Goya». Lo retrata como un hombre apolítico, al que no le importó nada el bombardeo de Guernica ni lo que estaba pasando políticamente en España («tan solo su nombramiento como director del Prado, que aceptó inmediatamente», dice Juarranz). Teoría contraria a la idea extendida de su fuerte compromiso con las libertades civiles en su país natal. Además, hizo obras abiertamente políticas, como «Sueño y mentira de Franco» y «Masacre en Corea» y estuvo afiliado al Partido Comunista Francés.

Un egoísta que sólo pensaba en sí mismo, un lince, un oportunista, añade, que aprovechó un suceso ocurrido en su estudio, y que narró Juan Larrea, para dar la vuelta a la Historia. Un día, dice, pasaron por su estudio en la Rue des Grands-Augustins de París sus amigos Paul Éluard, Christian Zervos y el propio Larrea. Uno de ellos exclamó al ver el cuadro que estaba pintando: «¡Guernica!». Advierte Juarranz que debió pensar entonces Picasso: «Si me dicen que esto es Guernica, lo llamaré Guernica. Halló el plinto perfecto para elevar la obra de categoría y multiplicar su ascendencia y visibilidad en toda Europa, convirtiéndolo en un símbolo contra la barbarie fascista de la guerra española». Cree que el propio Picasso contribuyó a la confusión: nunca respondía cuando se le preguntaba por el significado de la guerra.

Asegura el autor de este llamativo estudio sobre el «Guernica» que no se puede estudiar el cuadro por sí solo, sin tener en cuenta sus bocetos y grabados y sus poscriptos. Le sorprende que, después de los primeros bocetos (días 1 y 2 de mayo de 1937), tardara una semana en hacer los siguientes: «Dicen que cuando hubo una manifestación de protesta en París por el bombardeo de Guernica se puso a pintar con furia. No fue así. De hecho, no estaba ese día en París».

Las figuras del cuadro

Figura tras figura, ve en todas ellas a alguien relacionado con su vida. Así, el toro, que a veces se ha asociado al fascismo o a España, sería un autorretrato de Picasso. Y lanza Juarranz el segundo misil: el pintor quería convertir el «Guernica» en «el tercer gran cuadro de la pintura española, junto con "Las Meninas" de Velázquez y "La familia de Carlos IV", de Goya». Advierte que sitúa el toro en el cuadro en una posición similar a la de Velázquez en «Las Meninas» y Goya en «La Familia de Carlos IV». Recuerda que la propia Jacqueline, su última esposa, lo presentaba como «el rey de España». Dice Juarranz, por tanto, que el «Guernica» es otro retrato de la Familia Real, la del propio Picasso. Y que de ahí su interés por que la obra acabara en el Prado. Ahí es nada.

Sobre la figura del caballo, que pinta «con forma fálica y lengua afilada», asegura que se trata de su esposa, la bailarina rusa Olga Khokhlova, de la que se estaba divorciando. En el trabajo de Picasso, advierte, la relación toro-caballo va deteriorándose hasta llegar a escenas de una gran violencia. La figura de la mujer con el niño muerto en brazos serían, en su opinión, su joven amante, Marie-Thérèse Walter, y su hija Maya. En un dibujo de 1937 de una cabeza de mujer dice ver claramente a Marie-Thérèse Walter, con una M en la frente y que ha perdido el pelo por una enfermedad.

Para José María Juarranz de la Fuente, la mujer de la lámpara, que generalmente se asocia con la República o con algunas de sus mujeres o amantes, se trata de la madre del pintor, María. «Nadie hasta ahora ha dado esta interpretación. Yo me atrevo», advierte. Compara el retrato que le hizo a su madre en Francia en 1923 con esa mujer del «Guernica»: el pelo, la oreja rasgada, el perfil y el velo... Y aquí ve el autor plasmado en el cuadro un suceso que ocurrió en la infancia de Picasso: el terremoto de Málaga, cuando el padre le dice a la madre que se ponga el velo y busquen un lugar seguro. Esa figura se suele asociar a la «Dama oferente», un bronce del que hizo dos ejemplares, que pagó de su bolsillo. Uno está en el Reina Sofía, muy cerca del «Guernica» y el otro junto a la tumba del artista en el castillo de Vauvenargues. Según Juarranz, cuesta creer que Jacqueline lo aceptara si fuera la imagen de una de sus amantes. Y añade que normalmente retrata a las mujeres desnudas con sus atributos sexuales bien definidos y no en este caso.

La figura del guerrero muerto es claramente, para él, Carles Casagemas, amigo de Picasso, que padecía una depresión, fue abandonado por su amante, Germaine, y acabó pegándose un tiro. La sangre de la figura del guerrero sería, pues, la sangre en la sien de Casagemas. Va más allá y ve en la espada rota en la mano del guerrero el puñal con el que trató de suicidarse Casagemas: «Era impotente y la espada rota simboliza la impotencia».

El «Guernica», dice el catedrático, «sintetiza tres momentos clave en la vida de Picasso: el terremoto de Málaga en 1884, cuando tenía tres años; la muerte de Casagemas y su conflicto personal en los años 30, con el divorcio de su primera esposa. Y también sintetiza tres momentos clave de su producción artística: la época azul, el cubismo y el surrealismo». «Si non è vero, è ben trovato», concluye José María Juarranz de la Fuente en presencia de los periodistas, que no dábamos crédito.