«Piedad Desplà», de Bartolomé Bermejo. Detalle
«Piedad Desplà», de Bartolomé Bermejo. Detalle - CATEDRAL DE BARCELONA

Bartolomé Bermejo, el mejor pintor español del siglo XV, a quien seguramente no conoces

El Museo del Prado reivindica con una completa antológica, organizada con el Museo Nacional de Arte de Cataluña, a este genial artista

MadridActualizado:

La palabra antológica adquiere todo su sentido en la gran exposición dedicada a Bartolomé Bermejo, el mejor y más fascinante pintor español del siglo XV, organizada por el Prado y el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Se reúnen, hasta el 27 de enero de 2019, en la pinacoteca madrileña medio centenar de piezas, incluidas 27 de sus 28 obras conservadas. Tan solo falta una: la tabla central del «Retablo de Santa Engracia» pintado para la iglesia de San Pedro de Daroca. Es propiedad del Isabella Stewart Gardner Museum de Boston, que ha perdido esta histórica oportunidad. Sí están en la muestra las otras cinco tablas que se conservan de este retablo.

Pese a la escasa documentación que ha llegado hasta nosotros, Bartolomé de Cárdenas, alias el Bermejo, es un personaje de película. Nació en Córdoba hacia 1440-45 y murió hacia 1501, posiblemente en Barcelona. Rebelde e indómito, era judeoconverso. Sobre el origen de su sobrenombre (aparece escrito de muchas maneras: Bermejo, Bermello, Vermeio, Rubeus...) hay varias teorías. La más plausible es que el pintor tuviera el pelo rojizo. Su esposa, Gracia de Palaciano, una rica viuda, fue condenada por la Inquisición aragonesa, acusada de prácticas judaizantes.

«San Miguel triunfante sobre el demonio con Antoni Joan», de Bartolomé Bermejo. Detalle
«San Miguel triunfante sobre el demonio con Antoni Joan», de Bartolomé Bermejo. Detalle - NATIONAL GALLERY, LONDRES

Si por algo destaca este genial artista, comenta el comisario de la exposición, Joan Molina, profesor de la Universidad de Gerona, es por su ilusionismo pictórico, sus trampantojos, sus juegos visuales, que logró gracias a su virtuosismo y destreza, a su dominio de la técnica al óleo, a la originalidad de sus iconografías, a sus complejas composiciones. Fueron muchas las innovaciones de las que Bermejo hizo gala en sus cuadros, como los brillos y reflejos luminosos sobre metales, piedras preciosas o mármoles (en el «San Miguel» de la National Gallery londinense vemos las torres de Jerusalén reflejadas en el peto de su armadura) o las transparencias en gasas y tules que desvelan los genitales de Adán y Eva y hasta del mismísimo Cristo. Sorprende tal osadía, con la Inquisición pegada al cogote de los artistas.

Pero, por encima de todo, destaca su sofisticada gama cromática: una soberbia paleta de rojos, verdes, violetas y dorados. Fue tal el éxito que en algunos encargos le obligaban por contrato a usar esos colores. Su truco, aplicar lacas y transparencias, lo que aumentaba la sensación de profundidad y brillantez del color. El resultado, un impresionante espectáculo visual. Según el comisario, la pintura de Bermejo, que bebe de maestros flamencos como Van Eyck, Memling o Van der Weyden, «fascina el ojo del espectador con sus recursos técnicos e innovación iconográfica. Es mucho más que un ejercicio de pirotecnia virtuosista. Lo que hace que su obra sea fascinante y extraordinaria es su capacidad para elaborar un sorprendente lenguaje artístico personal, único e inimitable, capaz de trascender modas y épocas».

«Santo Domingo de Silos entronizado como obispo», de Bartolomé Bermejo. Detalle
«Santo Domingo de Silos entronizado como obispo», de Bartolomé Bermejo. Detalle - MUSEO DEL PRADO

Tuvo una compleja relación con sus clientes (nobles, eclesiásticos y ricos mercaderes como Lluís Desplà o Francesco della Chiesa) y socios. Bermejo fue un artista nómada que pasó por Daroca, Barcelona, Zaragoza, Valencia... Había en estas ciudades un sistema gremial que obligaba a los artistas de fuera a que tuvieran socios. En el caso de Bermejo tenían mucha menos calidad que él: Juan de Bonilla, Martín Bernat o Rodrigo y Fracisco de Osona. Había una curiosa «cláusula de excomunión» en la época por si los artistas no cumplían sus contratos. Bermejo llegó a ser excomulgado por pintar solo la tabla central del retablo de Santo Domingo de Silos. La Catedral de Zaragoza llegó a instalar una cerradura para impedir el acceso al claustro viejo donde Bermejo pintaba las puertas del retablo mayor de la Seo. ¿Lo harían para que no se descubriesen sus secretos o simplemente por seguridad?

«Tríptico de la virgen de Montserrat», de Bartolomé Bermejo y taller de los Osona
«Tríptico de la virgen de Montserrat», de Bartolomé Bermejo y taller de los Osona - CATEDRAL DE ACQUI TERME (ITALIA)

La «Piedad Desplà», su obra cumbre

A la misma hora que tenía lugar el funeral de Montserrat Caballé en Barcelona (acudieron la Reina Doña Sofía, el presidente del Gobierno, el ministro de Cultura...) se presentaba en Madrid la antológica dedicada a Bartolomé Bermejo, organizada al alimón por el Prado y el MNAC. Dos pinacotecas que, como destacan sus directores, Miguel Falomir y Pepe Serra, respectivamente, mantienen una estrecha relación y colaboran desde hace años. El MNAC ha vaciado literalmente su Sala Bermejo y la «Piedad Desplà», obra cumbre de Bermejo y su última pintura conocida, se ha descolgado por vez primera de la catedral de Barcelona para viajar al Prado, donde luce espléndida tras su restauración. Ni siquiera se prestó al MNAC en 2003, cuando celebró una exposición centrada en el artista. Al lado del impresionante cuadro vemos su reflectografía. El dibujo subyacente que hizo a pincel desvela que el artista «hizo incisiones sobre la preparación blanca antes de aplicar el color», que esta composición compleja es rica en detalles y que Bermejo hizo pocas correcciones.

Ni rastro en las relaciones culturales entre Cataluña y el resto de España de esa guerra que trata de vender el independentismo catalán. Esta joya fue encargada por el barcelonés Lluís Desplà, eclesiástico de gran cultura, que aparece retratado a la derecha de la tabla. A la izquierda, un San Jerónimo que evoca el carácter humanista de Desplà. Al fondo, un paisaje expresionista, con un precioso amanecer en Jerusalén y diluvio incluido, en el que despliega un increíble catálogo con más de 70 especies de plantas e insectos. En el marco hay una inscripción con datos del artista y el comitente del cuadro, que fue pintado en 1490. Es la obra que cierra la exposición. La abre otra joya de Bermejo, «San Miguel triunfante sobre el demonio con el donante Antoni Joan», cedido por la National Gallery de Londres.

«Descenso de Cristo al Limbo», de Bartolomé Bermejo. Detalle
«Descenso de Cristo al Limbo», de Bartolomé Bermejo. Detalle - MUSEO NACIONAL DE ARTE DE CATALUÑA

Entre los préstamos más destacados que cuelgan en el Prado sobre paredes color bermejo, además de los dos anteriores, «Santo Domingo de Silos entronizado como obispo», única obra de Bermejo que atesora el Museo del Prado, y el «Tríptico de la Virgen de Montserrat», de la catedral de Acqui Terme (el maestro hizo solo la tabla central). La composición es muy original: sienta a la Virgen sobre una sierra y en el paisaje del fondo se aprecian barcos de mercancías, en alusión a su comitente, un mercader italiano.

«Arresto de santa Engracia», de Bartolomé Bermejo. Detalle
«Arresto de santa Engracia», de Bartolomé Bermejo. Detalle - MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO

Pese a haber sido toda una estrella en el siglo XV, Bermejo cayó en el olvido un siglo después. Sus pinturas acabaron arrumbadas en sacristías y desvanes. Otras se destruyeron o se perdieron. No se recuperó hasta principios del siglo XX, gracias a nombres como el historiador valenciano Elías Tormo, que hizo su primera monografía en 1926; Judith Berg y Eric Young. A modo de divertido epílogo, y para mostrar el éxito que tuvo en vida Bartolomé Bermejo, la exposición exhibe copias y falsificaciones de trabajos suyos. El II marqués de Viana encargó varias copias. Quería construir una «galería Bermejo» en su palacio cordobés. Se exhibe un «San Miguel» realizado por Edmond Dyer. A su lado, dos falsificaciones («San Miguel» y «San Sebastián»), realizadas en las primeras décadas del siglo XX y que fueron donadas en 1947 al Petit Palais de París. La muestra, que cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el apoyo de la Fundación Banco Sabadell, viajará en 2019 al MNAC de Barcelona y la National Gallery de Londres reunirá tres de sus obras maestras.