Un viaje a las entrañas de Frank Lloyd Wright

Se cumplen 150 años del nacimiento del arquitecto estadounidense y el MoMA lo celebra buceando en su monumental archivo, que revela una figura audaz, ambiciosa y contradictoria.

Actualizado:

Frank Lloyd Wright fue más que moderno. El arquitecto más famoso de la historia de EE.UU. fue agente de la modernidad, protagonista directo de su desembarco. Nació en 1867 en una zona rural de Wisconsin en pleno siglo XIX, con los mosquetones de la Guerra de Secesión todavía calientes; y alleció casi 92 años después, en 1959, con satélites alrededor de la Tierra, astronautas a punto de lanzarse al espacio y con el expresionismo abstracto de Pollock y De Kooning casi pasado de moda. Su longevidad, su fecundidad creativa y su ambición le permitieron crear estilos nuevos, experimentar conceptos de urbanismo, imaginar proyectos utópicos y dejar joyas del imaginario popular como la «Casa de la Cascada» o el museo Guggenheim de Nueva York.

La semana pasada se cumplieron 150 años de su nacimiento y el Museo de Arte Moderno ( MoMA) de Nueva York lo celebra con la inauguración esta semana de una gran exposición que abre nuevas perspectivas sobre el arquitecto y diseñador. La muestra tatúa las paredes de las galerías del tercer piso del museo neoyorquino con planos, esbozos, fotografías, vídeos, diseños y modelos en los que perderse durante horas. Los cerca de 400 objetos expuestos son solo la punta del iceberg del monumental Archivo Frank Lloyd Wright, que el MoMA y la Universidad de Columbia adquirieron en 2012 de la Fundación Frank Lloyd Wright. El título de la exposición, ’150 años de Frank Lloyd Wright: desempacando su archivo’, hace referencia al trabajo colosal de trasladar 55.000 dibujos, 300.000 páginas de correspondencia y documentos, 125.000 fotografías, 2.700 manuscritos y centenares de modelos, películas, restos de edificios y otros materiales.

Es la primera muestra que el MoMA monta sobre Wright tras la adquisición del archivo. Su comisario, Barry Bergdoll -que divide su tiempo entre los pasillos del museo y los de la facultad de arquitectura de Columbia-, invitó a una docena de expertos a bucear en el archivo y buscar nuevas perspectivas a la enorme creación de Wright. El resultado es una muestra con una columna central que repasa de forma cronológica proyectos clave de su obra, como el Unity Temple (1905-08), la Casa de la Cascada (1934-37), el edificio de oficinas Johnson Wax (1936-39) y el Marin County Civic Center (1957-70). De esa galería surgen otras doce pequeñas estancias en las que se exploran contextos específicos de la ‘arquitectura orgánica’ de Wright, su uso de nuevas tecnologías y materiales o sus teorías novedosas sobre ordenación urbana y políticas sociales vinculadas al urbanismo. Algunas se centran en grandes proyectos ahora desaparecidos, como el Hotel Imperial de Tokyo, uno de sus obras más ambiciosas. Otra, a sus experimentos para integrar a la arquitectura en la naturaleza. Más allá, sus diseños de «granjas unifamiliares», dentro de su obsesión por permitir a los ciudadanos una vida en sintonía física y espiritual con su entorno. Otros son proyectos poco conocidos hasta ahora, como las escuelas que ideó para estudiantes negros del Sur de EE.UU. o sus diseños para integrar el coche en el entorno urbano sin deteriorar la experiencia humana de la ciudad. Algunas establecen un diálogo sobre la amplitud de miras de Wright, que ideó desde pequeñas casas prefabricadas hasta gigantescas megaestructuras dominadas por la forma circular para Pittsburg, Bagdad o Madison (Wisconsin). También hay sorpresas, como descubrir que el arquitecto consideró la sede del museo Guggenheim, con su famosa espiral, en color rosa, naranja y rojo «cherokee», muy diferente al límpido blanco que luce ahora (en su origen fue beige, pero el poderoso urbanista Robert Moses lo cambió al actual).

«Cada generación tiene nuevas preguntas sobre cómo entender a Frank Lloyd Wright, y en el archivo por supuesto hemos encontrado revelaciones», explicó Bergdoll la semana pasada. La muestra retrata un arquitecto en continuo experimento, hambriento de desafíos, vitalista, comprometido y polémico. También muy popular entre el público general, mucho más que entre sus colegas. «Los arquitectos siempre le han respetado, pero no existe el romance que tiene con el resto del mundo», reconoció Bergdoll. Quizá esta exposición y nuevos enfoques del estudio del archivo contribuyan a cambiar esa perspectiva. «Hay elementos en su obra muy contemporáneos, como su fijación por la naturaleza», aseguró Bergdoll. «Espero que los arquitectos reconozcan cómo se enfrentó a desafíos que les afectan en la actualidad».