Juan Pablo Fusi: «Se ha resquebrajado la plena unidad soberanista de Cataluña»

Ingresa hoy en la Real Academia de la Historia, donde ocupará la plaza que dejó vacante el que fuera director de la institución Gonzalo Anes

MadridActualizado:

La trayectoria de Juan Pablo Fusi (San Sebastián, 1945) le ha llevado a lograr un doctorado en la Universidad de Oxford, obtener tres cátedras en universidades españolas, dirigir la Biblioteca Nacional, ganar el premio Espejo en 1976 y gozar de un inesperado éxito comercial con su «Historia mínima de España» (Turner, 2012), entre una larga lista de reconocimientos. Pero hasta ahora no le había conducido hasta un sillón en la Real Academia de la Historia. Hoy, este experto en la historia de España contemporánea ingresa en la Academia de la mano de un discurso que analiza los espacios de libertad que «un grupo de esforzados intelectuales» conquistó en pleno franquismo.

–Se ha especializado en historias mínimas. ¿Necesita el mundo síntesis más que nunca?

–Quiero creer que lo mío es precisión. Frente a la divulgación, ofrezco precisión. Para mí es un esfuerzo extenuante escribir obras así. Es mucho más difícil hacer una brevísima síntesis que una obra monográfica y extensa. No pretendo hacerme especialista en este formato, pero este tipo de libros responden a una demanda de la sociedad.

–Ingresar en la Academia es un premio a toda una trayectoria. ¿Era una meta profesional?

–Lo entiendo como un reconocimiento generacional. A una generación desarrollada a la sombra de la democracia. Mi generación de contemporaneístas, nacida alrededor de los años cuarenta, ya está en la Academia, incluso hay varios de una generación posterior. En términos orteguianos, considero que mi generación es mi propia circunstancia y, en tanto, sin entender mi generación no me entiendo yo.

–La Academia todavía es recordada por los ecos de la polémica del Diccionario Biográfico. Usted participó en la comisión encargada de revisar algunas entradas en calidad de experto del siglo XX.

–Intervine en la rectificación y en el análisis de muchísimas voces que habían provocado polémica. Hicimos un informe y entregamos un acta, pero no sé qué fue de eso. La voluntad de la actual dirección era incorporar o rehacer las voces que había que rectificar.

–Su discurso de ingreso aborda los «Espacios de Libertad» conquistados por la cultura española en los años finales del franquismo.  

–Es un intento de estructurar lo que fue la existencia, entre los años 1939 y 1976, de un ámbito de pensamiento y de creación artística para la construcción de España como sociedad moderna. Unos espacios de libertad que algunos intelectuales y artistas supieron conquistar. Todo ello compuso un pensamiento que, retomando el diálogo con la cultura anterior a 1939, fue bastante sustantivo en la recuperación de la democracia en España.

–¿Quiénes ocuparon esos espacios de libertad?

–Editoriales independientes, ciertos círculos privados de labor intelectual, como puede ser el caso de la Sociedad de Estudios y Publicaciones; algunos premios literarios; algunas cátedras universitarias, como la de Tierno Galván en Salamanca o la de José Luis López Aranguren en Madrid; y ciertos grupos de producción estética. Esos fueron los ámbitos donde se movieron lo que Julián Marías designa como unos cuantos «grupos de intelectuales esforzados».

–¿De qué forma el pensamiento de estos intelectuales estuvo presente en la Transición?

–Julián Marías escribió muchísimos artículos, casi todos en ABC, sobre la Transición, la España real y la situación política. Por su parte, Aranguren escribió en «El País», desde 1976, una serie de artículos con una visión muy crítica de lo que estaba ocurriendo y, siempre, como conciencia moral de la sociedad. A ambos se les leyó mucho en ese momento. No representaban la cultura de la Transición, pero sí eran la herencia de la etapa anterior. Fueron dos personalidades que contribuyeron a la recuperación del pensamiento crítico y la libertad en España.

–Asistimos a una tendencia política de renegar de los logros de la Transición. ¿Qué se puede destacar de esa herencia intelectual?

–Espero que la idea de España como preocupación, de Julián Marías, y la democracia como moral, de Aranguren, sea una especie de programa permanente. Cualquiera que sea el equilibrio de partidos, la estructura política o las políticas sectoriales concretas, estas dos ideas de carácter enunciativo deben estar siempre presentes.

–Su generación, afirma, ha estado preocupada por la idea de la democracia en España. ¿Es el nacionalismo una amenaza a la democracia?

–Es un problema en la medida de que el nacionalismo desafía al orden constitucional y al estado autonómico. Ese desafío impide y obstaculiza la estabilidad del orden político.

–¿Sería posible que hubiera en España unos nacionalismos que no fueran excluyentes?

–En lo que podemos ver respecto a su territorio son relativamente abiertos. Los nacionalistas vascos o catalanes no son xenófobos excluyentes, más bien son divisivos. Dividen a su propia sociedad y plantean un desafío al estado.

–¿Cómo ve la situación política en Cataluña?

–Parece que el momento álgido del desafío ya ha pasado. Se ha resquebrajado la plena unidad soberanista de Cataluña. No obstante, encarar el problema requiere sensibilidad con la realidad nacionalista de las regiones, defender el orden constitucional y tener cierta voluntad de integración.

–Otra de sus grandes preocupaciones recientes es el futuro del proyecto europeo.

–Me preocupa la Unión Europea por su debilidad moral y política. Tiene muy poca capacidad de respuesta activa y convincente frente a los problemas que están surgiendo. Es un gigante económico y, no un enano, sino un enfermo político. Por otro lado, el proyecto europeo, tal y como se planteó originalmente, sigue siendo una necesidad histórica. Europa debe ser un verdadero actor en el panorama mundial.