Diego Doncel

Joan Margarit, un espacio para el encuentro

Este poeta vive la paradoja terrible de amar profundamente la vida y saber que está condenado a perderla, y que de todo ello quedarán las brasas de unas palabras que alguien leerá en el metro o en sillón de su casa para comprender mejor esta turbadora y apasionante maquinaria del vivir

Diego Doncel
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Joan Margarit (1938) es uno de los poetas más emocionantes de la lengua catalana. Ha logrado hacer del poema ese espacio donde se encuentran los sentimientos del lector con los sentimientos del yo que habla. Sus poemas son, por ello, no solo un retrato de sí mismo, sino un espacio donde la vida vuelve a mostrar toda su fragilidad y toda su grandeza. Aquí dialogamos con una hija perdida, con el paso del tiempo, nos reconocemos en su pasión por el amor, en sus melancolías y en su dimensión moral. Es difícil encontrar un libro escrito en cualquiera de las lenguas de España más estremecedor que «Joana» (2002), un mapa del dolor y del afecto que dedicó a los últimos ochos meses de la vida de su hija. Margarit somete constantemente su poesía a un ejercicio de limpieza: intenta desprenderla de todo retoricismo, de toda grandilocuencia y prefiere que se exprese en su inmensa vulnerabilidad. Su obra última, sobre todo en «Se pierde la señal» y en «Un asombroso invierno», ambas en Visor, expresa de forma lúcida y conmovedora su diálogo con la memoria, con la vejez, su forma ética de vivir. Porque ese hombre llamado Joan Margarit vive la paradoja terrible de amar profundamente la vida y saber que está condenado a perderla, y que de todo ello quedarán las brasas de unas palabras que alguien leerá en el metro o en sillón de su casa para comprender mejor esta turbadora y apasionante maquinaria del vivir. Esa es su dimensión moral porque sabe que cada vez que una experiencia necesite una palabra, allí estará él.

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