«Los arquitectos excepcionales no van a tener mucho futuro, acabó el estrellato»

Horas después de saber que había ganado el Pritzker, habla de su concepto de arquitectura y de cómo debe adaptarse a los tiempos de crisis

LISBOA Actualizado:

La sencillez que define su obra es el espejo de su persona. Desde muy joven aprendió que para ganar premios no hay que pensar en ellos y por eso el Pritkzer llega realmente por sorpresa.

—Recibe este premio por el carácter excepcional de su obra...

—Prefiero pensar que soy un arquitecto normal, no excepcional. Los arquitectos excepcionales no van a tener mucho futuro, acabó el estrellato. Este Pritkzer tiene algún significado: es un premio americano que dan al país más mediocre de Europa y al arquitecto más sencillo de los que estaban en su lista.

—Álvaro Siza destaca en su obra la importancia que da a la escala de sus edificios.

—La escala es lo más difícil en arquitectura porque no hay ninguna regla. Tiene algo misterioso, es el carácter del edificio. La arquitectura es contra natura pero debe parecer natural.

—Siza y Mies Van der Rohe son sus grandes influencias.

—Siza me ha influenciado como persona, con un carácter y una postura ética muy fuerte. Una forma muy interesante de resolver los problemas. Y de Mies Van der Rohe, su método de analizar la historia y proponer adaptar los edificos históricos a las situaciones actuales con las tecnologías disponibles.

—¿Qué pasos sigue cuando llega un proyecto a su estudio?

—Me lleva mucho tiempo y casi siempre realizo dos proyectos contradictorios, los voy desarrollando y hay uno que gana, que mata al otro. Normalmente el proyecto que gana es la primera idea, que es la más fresca.

—¿Cómo se debe adaptar la arquitectura a la crisis?

—Debe reencontrar la especificidad de la disciplina, que es ser un arte social. Debe usar los medios de la época, las técnicas y responder a las grandes cuestiones actuales: habitación en África, recuperación del centro histórico de las ciudades, crear hospitales... Es un laboratorio enorme para resolver los problemas.

—¿Los arquitectos a veces olvidan esa función social?

—Hay una arquitectura de consumo, más vistosa y con base en la imagen, que cansa. Y hay otra arquitectura más sobria y más perenne que responde mejor a las situaciones. Eso no impide que de vez en cuando no se haga un monumento.

—¿El Estadio de Braga es su monumento?

—Es mi obra más completa y más monumental. La que más satisfacción me ha dado al realizarla. Realicé todo, desde la intervención del paisaje hasta el diseño de los picaportes de las puertas, y en un tiempo limitado.

—De su primera obra, la Casa das Artes, ¿qué le viene ahora a la cabeza?

—La primera y la más radical, algo normal al ser joven. Con el paso del tiempo te das cuenta de que interesa que la arquitectura sea más natural y menos radical.

—¿Diseñar casas es lo que más le gusta?

—Son un laboratorio de experimentación porque tiene casi todas las situaciones: interior, exterior, intimidad, zona pública, privacidad... Una casa grande responde a muchos programas. Y es una construcción no racional, las personas están presas de las formas, de lo imaginario, piden cosas que no sirven para nada.

—¿Cómo define su obra?

—Intenta ser simple, objetiva y racional. La arquitectura debe ser racional, debe haber lógica en la construcción. Es una contradicción porque muchas veces, para aguantar dicha lógica, se debe mentir. La imaginación es algo peligroso en la arquitectura, que debe coger la tradición y usar los medios actuales para mejorar.

¿Una ciudad?

—Roma y Chicago. Venecia es excesivamente bonita, casi al nivel de la belleza absoluta y tanta belleza cansa.

—¿Dónde le gustaría trabajar?

—Más en Portugal y menos fuera, porque los circuitos de comunicación son más fáciles y la arquitectura necesita la empatía de varias instituciones.

—¿Le preocupa cómo está su país?

—Mucho, pero salimos adelante de crisis peores. La pena es que hay muy buenos arquitectos en Portugal, una nueva generación, que deben emigrar. —A nivel mundial, ¿con qué arquitectura se queda?

—Los dos países que más me interesan por su arquitectura son España y Suiza. Tienen las mejores escuelas europeas y garantizan la calidad media.