Zona excavada en Recópolis
Zona excavada en Recópolis - ABC

En la antigua ciudad visigoda de Recópolis se rezó a Alá

Prospecciones geomagnéticas revelan multitud de edificios y calles enterradas y la existencia de una gran edificación orientada hacia la Meca que podría ser la mezquita más antigua de Europa

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Nadie había vivido allí antes y nadie volvería a habitar aquel paraje a partir del siglo IX, pero durante más de 300 años en esas tierras sobre un cerro junto al Tajo, al sureste de la actual Guadalajara, se levantó una ciudad única. El rey visigodo Leovigildo la fundó hacia el año 578 con el nombre de su hijo Recaredo tras someter a los nobles godos más díscolos y vencer a cántabros, astures o vascones. Recópolis era un emblema del reino visigodo que había logrado reunificar, una exaltación del poder que había concentrado en sus manos.

Leovigildo no embelleció una ciudad ya existente, dotándola de nuevas obras y dándole su nombre, como acostumbraban a hacer los emperadores bizantinos. Erigió una urbe nueva, en un lugar donde no había nada, equidistante de Complutum (la actual Alcalá de Henares), Ercávica (Cañaveruelas, Cuenca) y Segóbriga (Saelices, Cuenca). En aquellos tiempos turbulentos en toda Europa, en los que las ciudades romanas habían entrado en un proceso de transformación y crisis, el Estado visigodo fue capaz de levantar desde cero una urbe amurallada, que llegó a ser capital de Celtiberia y alcanzó los 3.000 habitantes. El caso de Recópolis es tan excepcional que hoy su yacimiento «está considerado como uno de los más trascendentes de la Edad Media europea al ser la única ciudad de nueva planta construida por iniciativa estatal en los inicios de la Alta Edad Media en todo el ámbito europeo y mediterráneo», afirma Lauro Olmo Enciso, catedrático de Arqueología de la Universidad de Alcalá de Henares y director de las excavaciones en Recópolis desde 1992.

Apenas se ha excavado un 8% del yacimiento, pero el primer mapeo geomagnético de esta ciudad visigoda ha revelado que bajo la gran extensión aún sin excavar se esconden multitud de calles y edificios en un denso tejido urbano, así como un suburbio extramuros y los restos de una mezquita, posiblemente la más antigua de la Península. Los resultados de esta investigación llevada a cabo por Olmo Enciso, junto a los expertos Michael McCormick, Joachim Henning, Knut Rassmann y Eyub Fikrit Eyub, con el respaldo de las universidades de Harvard, Franckurt y Alcalá de Henares, han sido recientemente publicados en la prestigiosa revista Antiquity.

El mapeo geomagnético de Recópolis
El mapeo geomagnético de Recópolis - Antiquity

«Hemos podido constatar que Recópolis no solo fue una importante ciudad en época visigoda, sino también un centro importante en el primer siglo tras la entrada de los árabes en la Península» en el año 711 d.C., subraya Olmo Enciso, a quien no ha sorprendido el descubrimiento de una mezquita en una planicie cercana a la muralla. «Sabíamos que había habido una época primitiva islámica» en la ciudad porque ya durante las excavaciones habían ido encontrando «nuevos materiales, nuevas cerámicas típicas del mundo árabe, con funcionalides distintas, y nuevas reparticiones del espacio en las viviendas que nos llevaban a pensar que algo había ido cambiando», explica.

El estudio geomagnético revela que esta edificación rectangular tiene una orientación hacia La Meca y una estructura que guarda una serie de similitudes con las primitivas mezquitas omeyas del Próximo Oriente. «Podría ser una de las más antiguas de Europa», indica con prudencia el arqueólogo que emplaza a esperar a que las futuras excavaciones arrojen más luz.

La mezquita se encuentra a unos 300 metros del conjunto palatino situado en la parte más alta de la ciudad, que englobaba los palacios reales, las zonas residenciales de la aristocracia y toda la estructura administrativa y de gobierno de esta importante urbe que fue un centro fiscal y económico de primer orden en época visigoda e incluso tenía ceca para acuñar moneda.

Restos en Recópolis
Restos en Recópolis - ABC

Allí también se situaba una gran iglesia palatina que, según Olmo, debió de seguir en activo tras la derrota visigoda y la llegada de los árabes a la ciudad. «En Guadalajara, Cuenca y Albacete se asientan bereberes, que se van a islamizar en la Península y que conviven con la población local», indica el catedrático de Arqueología, interesado en poder estudiar aquella transición, con elementos de dos modelos de sociedad que convivieron en Recópolis antes del abandono de la ciudad entre los años 820 y 830 d.C.

«Es un fenómeno que ocurrió en toda la Península. El modelo social que se consolidó con éxito generó un nuevo paisaje urbano y motivó el abandono de antiguas ciudades y la fundación de otras nuevas», explica Olmo, citando como ejemplos a Guadalajara, Madrid o Albacete. Uno de los cronistas árabes que dieron noticia de la existencia de Recópolis, Al Razi, escribió que con sus piedras se construyó la nueva ciudad de Zorita, a apenas un kilómetro de distancia. Aún hoy se pueden ver columnas y capiteles de época visigoda en esta localidad donde actualmente apenas residen medio centenar de habitantes, pero que fue una importante medina en época omeya.

Moneda de Leovigildo
Moneda de Leovigildo - ABC

Recópolis cayó en el olvido, hasta que el historiador Juan Catalina García López la localizó a finales del siglo XIX y el arqueólogo Juan Cabré comenzó las excavaciones en 1944. Desde entonces se ha descubierto el gran complejo palacial, el de mayores dimensiones hasta el momento conocido en Europa occidental de este periodo, se ha hallado un tesorillo de monedas de oro, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional, se ha excavado el interior de la iglesia palatina, así como zonas de viviendas y áreas comerciales y artesanas, con talleres de producción de vidrio y de orfebrería.

Sin embargo, a juicio de Olmo, «la excepcionalidad de Recópolis ha sido un freno» durante mucho tiempo para que sus hallazgos se internacionalizaran porque éstos «no entraban dentro de los cánones» y «no se entendían esas características únicas» de la ciudad. Afortunadamente, con el avance de la ciencia y las nuevas tecnologías, la urbe que Leovigildo erigió en honor a su hijo Recaredo siguiendo los ideales urbanísticos de la época se va conociendo mejor. Los arqueólogos, que volverán a excavar en septiembre gracias a las subvenciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, cuentan ahora con un mapa preciso de lo que yace bajo sus pies.