Los cadáveres de Mussolini, Clara Petacci y otros jefes fascistas, expuestos públicamente en Milán el 27 de abril de 1945
Los cadáveres de Mussolini, Clara Petacci y otros jefes fascistas, expuestos públicamente en Milán el 27 de abril de 1945
la larga guerra del siglo XX. segunda guerra mundial (XXXVIII)

Tras ser detenido y fusilado, Mussolini fue colgado en una gasolinera de Milán

Acompañado de su amante y camuflado como un soldado alemán, pretendía refugiarse en la Valtellina o huir a la cercana Suiza

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La progresiva presión aliada so­bre la Línea Gótica presagiaba un próximo derrumbe de la re­sistencia alemana en Italia y Musso­lini, desde las orillas del lago de Gar­da, era muy consciente de ello. Su Re­pública Social Italiana, con capital en Saló, tenía los días contados y, proba­blemente, la única alternativa viable parecía la constitución de un último reducto fascista en Valtellina.

El Du­ce jugaba por momentos con la idea de hacer de Milán un nuevo Stalingrado. Para ello imaginaba poder contar con la colaboración de otros grupos fas­cistas, así como la posibilidad de lle­gar a un acuerdo con los aliados occi­dentales para sumarse a la que juzga­ba inminente lucha contra el comunis­mo que amenazaba a Europa. Pero, al margen de las fantasías, Valtellina pa­recía el lugar idóneo para ofrecer una resistencia a ultranza que hiciese a los aliados proclives a una negociación. Si todo iba mal, siempre podría pasar a la cercana y neutral Suiza.

La huida

La desconfianza de los ale­manes y la clara intención de éstos de abandonar Italia empeoraban aún más la situación del Duce. El 16 de abril tuvo lugar la última reunión del Consejo de Ministros en Saló, en la que Mussolini le comunicó a su gabinete que se dirigiría a Milán. En caso de necesidad, se trasladaría a Valtellina y allí intentaría ofrecer una resistencia temporal para poder negociar su rendición a las autorida­des aliadas.

En Milán, tras varios intentos de contactar con americanos y británicos a través de intermediarios, entre ellos una alta figura eclesiástica, en la tarde del 25 de abril Mussolini, varios jerar­cas fascistas y su amante, Claretta Pe­tacci, salieron en varios vehículos en dirección al lago de Como. La colum­na, acompañada de una escolta alema­na, tras detenerse en varias ocasiones, se dirigió, a lo largo de la carretera que bordea el lago, hacia el norte, camino de Valtellina y la frontera suiza, sor­teando grupos de partisanos que apro­vechaban el desgobierno reinante en la región.

Más tarde, a la caravana se le unió una columna de la artillería anti­aérea alemana compuesta por unos 30 camiones y 170 hombres. A pesar del inesperado «refuerzo», la situación de los fascistas era más que incierta, pues las poblaciones del lago estaban llenas de partisanos de distintas facciones y el caos era total. En cualquier mo­mento, la carretera podía ser cortada y, con ello, toda esperanza de alcanzar Valtellina.

Fusilamiento

En la tarde del día 27, la columna se detuvo ante una barricada en las afueras de Dongo. Los alema­nes negociaron su paso hacia el norte y el comandante alemán le ofreció a Mussolini la posibilidad de huir con ellos utilizando un capote alemán para pasar desapercibido, a lo que el Duce accedió. Varios jerarcas fas­cistas quisieron escapar pero fueron abatidos o apresados. Los partisanos comenzaron entonces a inspeccionar los camiones y pronto descubrieron a Mussolini, que fue detenido, mientras los alemanes continuaban su camino.

Los partisanos trasladaron al Duce y su amante en coche hacia el sur, deteniéndose poco después de Bonzanigo en la diminuta localidad de Giulino de Mazzegra. Mussolini y Claretta fueron llevados hasta una ta­pia y fusilados, en cumplimiento de una discutible sentencia de muerte dictada por el autotitulado Comitato di Liberazione Nazionale Alta Italia. Otros quince jerarcas fascistas fue­ron fusilados también en Dogo. Los cuerpos serían expuestos en la plaza Loreto de Milán. Inicialmente fueron tirados sobre el asfalto, donde la turba se ensañó con los cadáveres, hasta que fueron colgados por los pies en la mar­quesina de una gasolinera de la plaza. En ese lugar habían sido ejecutados quince partisanos un año antes.