La larga guerra del siglo xx (I)

La Guerra de España

Aunque no por sus orígenes, se inscribe en la larga contienda del siglo XX a causa de los apoyos internacionales a uno y otro bando, que anticiparon la fractura que se produciría en la inmediata segunda parte del conflicto iniciado en 1914

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La Guerra de España fue, evidentemente, más fruto de un siglo de conflictos civiles, de golpes de estado e intentos revolucionarios internos, que consecuencia de la contienda europea de 1914 convertida en mundial en los años sucesivos. Entonces aún pendiente de una segunda parte que para muchos observadores habría de producirse tarde o temprano. Pero si el enfrentamiento que tuvo lugar en la península Ibérica no puede considerarse por su origen inmerso en esa larga guerra que ocupó la mayor parte del siglo XX, muy pronto las intervenciones exteriores fueron haciendo de nuestro suelo escenario sobre el que midieron sus fuerzas las distintas corrientes ideológicas que combatirían directamente entre ellas, justo cuando la guerra civil hubo concluido.

Si tanto Alemania como Italia (futuros socios en años posteriores, pero aún no entonces) respaldaron desde el primer momento de forma clara y decidida al bando nacional, las democracias occidentales darían su apoyo moral a la causa de la República, anticipando exactamente la fractura que habría de producirse en el mundo tan sólo tres años más tarde. Y la Unión Soviética, sostén imprescindible de ese mismo bando republicano, a pesar de su distanciamiento ideológico de las democracias, se convertirá también en aliado sobrevenido de éstas a lo largo de la Segunda Guerra Mundial.

Una ayuda siempre pagada

También en el plano estrictamente militar, España sirvió de banco de pruebas de material, de tácticas y de estrategias. Los armamentos con que habrían de combatirse unos y otros en la segunda contienda mundial se probaron previamente en los frentes españoles, a donde llegaron como ayuda. Una ayuda que fue pagada, unas veces a crédito y otras a débito, pero siempre, además, con sangre española, para mejor experiencia de combate de quienes de forma generosa apoyaban a cualquiera de los bandos: los puentes aéreos, como el de Stalingrado, tienen su precedente en el paso del Ejército de Africa a la península en los aviones junkers; la blitzkrieg germana no se habría llevado a cabo sin el ensayo del empleo táctico de los panzers, estrenados aquí en combate en combinación con el arma aérea… Y hablando del arma aérea, Guernica (pero no sólo Guernica) sería ensayo del horror que se descargó desde el cielo contras las poblaciones civiles en la inmediata contienda mundial.

A todo ello deben añadirse las implicaciones que esa ayuda supuso para España de cara a la Segunda Guerra Mundial: Desde la «No beligerancia», que no es lo mismo que Neutralidad, al envío de cerca de 50.000 españoles a luchar junto a la Wehrmacht en Rusia o los miles de antiguos combatientes republicanos que se alistaron volun¬tarios bajo las banderas de los países aliados.