Claudia Cardinale: «Nunca he caído en las trampas de los hombres»
Claudia Cardinale, uno de los últimos mitos del cine italiano - abc

Claudia Cardinale: «Nunca he caído en las trampas de los hombres»

La protagonista de «El Gatopardo» charla con ABC sobre su vida y su carrera. Desde su rechazo a Marlon Brando como su relación con los mejores directores

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El primer contacto de la joven Claudia con el mundo del glamour cinematográfico fue más bien casual. Corría el año 1957 cuando, en su Túnez natal, ganó un concurso de belleza que se celebraba en la embajada italiana. El premio incluía un viaje a la Mostra de Venecia, y allí su voluptuosidad y su desparpajo llamaron la atención de la industria del cine. Cuando se trasladó a Roma con su familia ni siquiera sabía hablar italiano, pero desde entonces, maestros como Federico Fellini,Luchino Visconti o Sergio Leone se fueron rindiendo ante sus encantos. En septiembre del año pasado estuvo en el Festival de San Sebastián, donde presentó «El artista y la modelo», de Fernando Trueba. Acaba de cumplir 75 años. En una entrevista con ABC aborda su carrera en el cine, sus amores y sus ambiciones desde niña. Y toda la entrevista estuvo salpicada por sus sonoras carcajadas.

-Uno de sus rasgos característicos es la risa, casi explosiva...

-Me gusta mucho reír. Mi madre me decía que no se me ven las arrugas porque me río mucho…

-¿Qué pensó su familia cuando comenzó a trabajar como actriz?

-Cuando empecé, estaba en el colegio. Me vino a buscar Jacques Baratier, el gran director francés. Decían que era una salvaje, que no sabía ni hablar. Pero me fui a rodar «Goha» al desierto con Omar Sharif. «La chica con la maleta» fue otra de mis primeras películas. Cuando acabé, el director me regaló un cuadro precioso del siglo XVII.

-¿Y no le dieron ningún consejo en casa?

-Que hay que ser muy fuerte por dentro, que si no pierdes tu identidad. De pequeña me decían que era como un chico porque siempre me peleaba con los niños. En las películas siempre he hecho todas las escenas con efectos especiales. Todo. Incluso los trapecios, estoy un poco loca.

-Sus biografías dicen que usted no tenía muy claro lo de querer trabajar en esto...

-Aunque lo he negado durante mucho tiempo, soy actriz. Me pasaba como con los hombres. Cuando les dices que no, te persiguen con más insistencia. Pues es lo mismo que ocurre con los directores. Te ofrecen más papeles cuando les dices que no.

-¿Cómo se ha enfrentado a la persecución de los hombres?

-Nunca he caído en las trampas de los hombres. Incluso rechacé a Marlon Brando. Nunca he mezclado mi vida privada con el trabajo. Cuando empecé a trabajar en Estados Unidos llamó a la puerta de mi habitación de hotel. Hizo todo un numerito para seducirme y como vio que yo no reaccionaba, se marchó; pero antes de cerrar la puerta me dijo que era una testaruda. La verdad es que me quedé con las ganas…

-¿Es Brando el actor más guapo que ha conocido?

-He visto a muchos hombres guapos, pero Brando era… ¡Y Alain Delon era fantástico! En nuestras escenas juntos, Visconti nos decía cuando nos besábamos que quería vernos la lengua. Alain Delon siempre dice que podríamos haber sido pareja, que podríamos haber sido míticos.

-No hay que olvidar a Burt Lancaster...

-Fantástico. Aquel vals de «El Gatopardo»... Cuando me dijeron que iba a hacer el papel del príncipe no me lo creía. Yo conocía a Burt Lancaster como un cowboy, y no sabía cómo sería aquel «príncipe cowboy». Fue formidable.

-¿Y cómo afronta la transformación de su belleza con el paso del tiempo?

-Acepto el tiempo que pasa. Nunca me he hecho un lifting, hay que aceptarlo. No me gusta quitarme de encima el tiempo que tengo.

No solo ha sido la musa de los directores europeos más prestigiosos (encarnó a la Claudia del «8 1/2» de Fellini o a la Molly de «Fitzcarraldo»), sino que también aceptó trabajar en Hollywood para algunas producciones de gran envergadura, como «Hasta que llegó su hora», «Los profesionales» o «El maravilloso mundo del circo», en la que compartió pantalla con John Wayne y Rita Hayworth. Estuvo casada entre 1966 y 1975 con el productor Franco Cristaldi. Desde el divorcio, comparte una relación con el director Pasquale Squitieri. Tiene dos hijos, Patrizio y Claudia.

-¿Qué ha aprendido de los directores míticos con los que ha trabajado?

-He trabajado con Visconti, con Fellini, con Mastroianni… He trabajado con grandes directores que han sido mis maestros. ¡Pero eran opuestos! Trabajar con Visconti era como hacer teatro, todo estaba planeado antes de rodar. Con Fellini no había diálogos, solo había improvisación. He tenido el privilegio de tener una relación extraordinaria con Visconti. Hice cuatro películas con él y realizamos juntos su último viaje, para ver el último concierto de Marlene Dietrich en Londres.

-¿Se ha dejado dirigir por ellos con facilidad?

-No, no es que me deje manipular… Es que lo importante para un actor es poder convertirse en el personaje delante de la cámara, convertirse en el otro. Ser lo que el director quiera que seas. He hecho películas en las que empezaba con el personaje a los 35 años y acababa a los 85. Para mí es muy importante el director, es el maestro del plató. No pido consejos. No, es el director quien decide, no yo.

-Hablemos de sus «rivales» en la gran pantalla. Por ejemplo, de Sofía Loren…

-Ella empezó en esto antes que yo. Hace un tiempo vi a Sofía en París y le di un abrazo, nos llevamos bien. La rivalidad tradicional de Claudia Cardinale fue con Brigitte Bardot, por ejemplo en «Las petroleras», la película que rodamos en España.

-Su último trabajo en España ha sido «El artista y la modelo», con Trueba. ¿Qué le atrajo del guión?

-Me gustó mucho el guión y me reuní con Trueba en París. Nos llevamos bien… Me gusta mucho el blanco y negro, porque es más romántico. No lo sé, me gusta de siempre. Y mi personaje es una mujer que ama muchísimo a su marido [Jean Rochefort], y que le encuentra una modelo por amor [Aída Folch].

-Dice Rochefort que se retira del cine… ¡pero usted sigue y sigue!

-Tengo cuatro proyectos. A mí me gusta trabajar, y me gusta viajar. Cuando era pequeña quería ser exploradora, viajar por el mundo entero, y lo he logrado, porque he rodado en América del Sur, en Rusia…

-En la película pesa mucho el recuerdo de la guerra. ¿Cómo recuerda aquellos tiempos bélicos de su infancia?

-Cuando están en casa, los personajes prefieren no hablar de la guerra. Es una cosa tan terrible… que prefieren vivir en su mundo particular. El rodaje me hizo pensar en cuando era pequeña, durante la Segunda Guerra Mundial. Un día estaba jugando en la playa con mi hermana, que era un bebé. Un soldado americano me abrazó y se puso a llorar, porque había dejado a su hija en casa.

-¿Qué le gusta de España?

-Lo más bonito para mí es el recibimiento que tengo en España. Siempre me dicen: «¡Guapa, guapa, guapa!» También he trabajado en Argentina, pero allí los hombres eran terribles. ¡Cuando iba a fumarme un cigarrillo se acercaban cuatro para encenderlo!