Muere Eugenio Trías, un filósofo que quiso llevar el pensamiento más allá del límite
Eugenio Trías - ignacio gil

Muere Eugenio Trías, un filósofo que quiso llevar el pensamiento más allá del límite

El autor de «La edad del espíritu» tenía 70 años y ha muerto en Barcelona a consecuencia de un cáncer de pulmón

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Ha muerto el filósofo Eugenio Trías, uno de los más destacados pensadores españoles del siglo, después de luchar largamente contra un cáncer. La cultura española pierde con él uno de sus grandes referentes, una de sus mentes más preclaras. Trías es autor de una obra esencial, ambiciosa, que abrió caminos inéditos al pensamiento español contemporáneo. Si hay una palabra en la que su obra se cimenta es la de «límite» por su afán de convencernos de que el pensamiento puede llevarnos más allá de sus fronteras.

Hoy, que Eugenio Trías las ha cruzado definitivamente, conviene recordar que la «razón fronteriza» de su obra muestra una decidida vocación de diálogo con las sombras que le circundan, aunque parezcan irracionales: con el espíritu, con los territorios inexplorados de la trascendencia; con la estética, el arte y lo sagrado... Todas ellas realidades y retos fundamentales para un autor como él, porque integran una parte de la naturaleza del ser humano abandonada por la filosofía desde Nietzsche.

Nacido en Barcelona en 1942, estudió en la Universidad de la Ciudad Condal y después en Pamplona, Madrid, Bonn y Colonia. Enseñó en varios países, pero su carrera docente se centró en las Universidades Central y Autónoma de Barcelona, y desde 1992, en la Pompeu Fabra, donde ha sido catedrático de Historia de las Ideas.

Apasionado de la música...

Tal vez una de las realidades humanas a las que dedicó más atención y esfuerzo durante la última década, marcada por el cáncer de pulmón que finalmente le ha vencido, fue la música. De hecho, para Trías, la gran tradición que parte de Parménides y Aristóteles había logrado convertir a la palabra en el espacio de la reflexión filosófica, pero obviando la «foné», el poder musical que la acompaña. A la música dedicó obras como «El canto de las sirenas» (2007) y «La imaginación sonora» (2010), ampliamente difundidas y premiadas.

Pero sus temas centrales los fue tejiendo en un conjunto de obras que marcan el camino de su filosofía desde sus inicios en «La filosofía y su sombra» (1969) y forman una suerte de trilogía: «La lógica del límite» (1991), «La edad del espíritu» (1994, tal vez su obra más imponente) y «La razón fronteriza» (1999). Aunque para conocer exactamente la fuerza y complejidad de su pensamiento es recomendable acudir a los dos volúmenes de «Creaciones filosóficoas» (2009)

Más que un tema, o un regreso al gran discurso, la «filosofía del límite» es una perspectiva feraz desde la que analizar el mundo y al hombre. Consecuentemente, sus escritos nos demandan también una consecuencia ética. Hombre de su tiempo, el filósofo ejerció un generoso ejemplo desde la frágil cátedra de papel que es el periodismo, como bien recordarán todos los lectores de ABC por sus hermosas, profundas, reveladores y cívicas Terceras que, desde ahora, echaremos en falta.

... y del cine

Tampoco el cine escapó a la luminosa mirada de su pensamiento: en «Lo bello y lo siniestro» (Premio Nacional de Ensayo de 1993), elabora y critica una estética del mundo moderno a través de la filmografía de Alfred Hitchcock.

Entre los galardones recibidos en su larga carrera destaca merecidamente el Premio Internacional Friedrich Nietzsche, un verdadero «Nobel» de Filosofía, que recibió en 1995 y se concede al conjunto de la obra de un pensador. Es el único filósofo español que lo ha obtenido. Además de este y el Nacional, ganó en 2009 el premio Mariano de Cavia, por una de sus Terceras, titulada «El gran viaje».

Eugenio Trías tenía muy claro que «si no aprende a dialogar con sus sombras, la razón perecerá, ya no puede conquistarlas», y para ello debemos utilizar, según decía «los símbolos, porque son tentáculos de nuestra inteligencia para investigar el misterio, allende el límite, porque unen razón y emoción. Y la razón puede ilustrar nuestro espíritu y nuestra religiosidad».

Una visión integradora siempre un punto inquietante, como nuestras propias tinieblas. Una vez le pregunté cómo explicaba que la música (la de Bach, que tanto amaba) hubiera sonado inútilmente en Auschwitz, sin conmover a los verdugos, y respondió: «Las cosas más valiosas son objeto de la mayor perturbación. Existe el «diabolus in musica», un acorde de tritono inventado en la Edad Media, que suena cacofónico y chirriante, y que los grandes compositores utilizan porque expresa esa naturaleza demoniaca que integramos». De ahí la consecuencia ética de sus estudios de estética.