Ildefonso Falcones: «Como mejor se relata una época es a partir de la gente sencilla»
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Ildefonso Falcones: «Como mejor se relata una época es a partir de la gente sencilla»

El autor de la aclamada «La Catedral del Mar» inaugura este lunes el Foro Cultural de ABC Córdoba en una conversación con José Calvo y con su tercera novela, «La reina descalza», todavía caliente en las librerías

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Su primera obra, con siete millones de ejemplares vendidos, lo catapultó a la fama. Este lunes hablará en Córdoba de un género que le permite sumergirse en las ciudades y en las épocas.

-Se lee la historia como una sucesión de grandes hazañas, de reyes, hombres poderosos. Las suyas están escritas en torno a la gente sencilla.

-Sí. Primero es lo que me gusta, porque yo creo que a partir de la gente sencilla es cuando más se puede relatar sobre una época determinada. Si hablamos de reyes, es muy difícil hablar de la tienda de ropavejeros, o de los bailes de los asturianos. Creo que es a través de esta gente común y vulgar, como podemos ser nosotros, como se aprende y como puedes profundizar, desarrollar cómo era la vida. De la otra manera también, no me cabe ninguna duda, pero a mí me gusta más. Y además, es donde puedes utilizar más imaginación. Si tú hablas de Napoléon Bonaparte, todo el mundo sabe lo que le pasó, podrás ficcionar hasta cierto punto. De esta manera puedes desarrollar más la imaginación.

-«La Reina Descalza» aborda una suerte de mestizaje y diálogo entre distintas culturas. ¿Es un tema que le interesa particularmente?

-No excesivamente. A efectos de desarrollar lo que quería, que era el nacimiento del flamenco, porque efectivamente fue así. El flamenco fue la fusión de esas culturas musicales, principalmente de la música negra y la música gitana. Pero no tengo un interés especial.

-Cuando presentó en Córdoba «La mano de Fátima», hace cinco años, dijo que la intención era hacer una novela en la época actual, y que la editorial le había pedido que fuese histórica. «La reina descalza» también lo es. ¿Sigue conservando el deseo de hacerlo?

-Pues no. Lo que la editorial me va pidiendo es que siga escribiendo novela histórica, y yo me encuentro cómodo escribiendo novela histórica. No sólo cómodo, sino que hay un mercado de lectores de novela histórica. Generalmente, el lector de novela en un momento determinado lee novela histórica. En principio no me planteo escribir novela actual.

-En la novela son importantes las ciudades, los escenarios en que se desarrollan. En sus novelas son Barcelona en «La Catedral del Mar», Córdoba en «La mano de Fátima» y Sevilla en «La Reina descalza». ¿Con cuál de las tres se queda?

-Personalmente, Barcelona, qué duda cabe. Allí es donde vivo, donde he nacido y donde me he criado. Pero después, lo bonito de escribir este tipo de novelas, y más que escribirlas, de estudiarlas, de buscar, de mover, de pasearlas y de visitarlas, es conocer las ciudades a fondo. Y en cada una de ellas encuentras algo. Córdoba, cuando te remontas a la época califal es magnífica. Madrid también, en el siglo XVIII y XIX es maravillosa, y Sevilla igual. En cada una de ellas se encuentran elementos que son apasionantes.

-En este tipo de novelas, además de contar la época a la que se remontan, también son la historia de sus personajes y de lo que les pasa. Cuando busca un tema, ¿es primero la época, primero la epopeya de los personajes o van las dos cosas juntas?

-No, creo que es primero la época, pero como todo mecanismo intuitivo a veces es complejo. Pero yo creo que primero es la elección de la época, porque después en las tramas ficticias y la elección de los personajes existen infinitas posibilidades. Cuando encuentras la época, cuando encuentras aquellos acontecimientos históricos que pueden ser interesantes para narrar, y cuando ya estás conforme con dónde y cuándo se va a desarrollar la novela, pues a partir de ahí puedes encontrar una trama y desarrollar muchas tramas. Primero es la época y luego, a partir de ahí, la ficción.

-Con hechos que es probable que se dieran en la época.

-En todas las novelas, los hechos son hechos históricos, así como los personajes y lo que le sucede a los personajes, muchos son de ficción y otros son reales. Gran parte de los hechos, desde luego, son históricos.

-Hay quien dice que se puede aprender historia con la novela histórica, ahora que está en un momento de gran auge. ¿Cómo lo ve usted?

-No, se pueden aprender, creo yo, momentos históricos muy determinados y situaciones muy concretas. La historia es mucho más general, si alguien quiere aprenderla tiene que recurrir a estudios históricos, a compendios, que muestran una visión más genérica y general, y a partir de ahí, si quieres profundizar en lo que interese, puede hacerlo. Pero una novela histórica, suponiendo que esté bien afianzada históricamente, bien documentada, lo único que va a hacer será incidir en determinados hechos concretos. «La mano de Fátima», que trata temas de Córdoba, trata un tema puntual como es la expulsión de los moriscos, pero en ello pasaron infinidad de cosas que no aparecen en esa novela. En cuanto a esos hechos concretos, sí, pero es una historia muy muy parcial.

-¿Cómo cambió «La Catedral del Mar» su forma de escribir?

-Poco, he seguido escribiendo igual, no sé hacerlo de otra manera. Hombre, hay quien dice si he mejorado y he evolucionado. Supongo que sí, como todo en la vida, a medida que lo vas haciendo vas perfeccionando o desmejorando. Pero es inconsciente, sigo exactamente igual.

-La expulsión de los judíos y primeros de los moriscos, ¿era como un borrón en la historia?

-La de los musulmanes, o moriscos, era un borrón menos conocido. Así como la expulsión de los judíos es conocida a nivel popular, la expulsión de los moriscos era tremendamente desconocida. Gran parte de la población española, incluso de la musulmana, ignoraba por completo que se habían producido esos hechos: que en un momento determinado los españoles habían expulsado de su territorio a una comunidad española. También hay que recordar eso, que llevaban ochocientos años viviendo en España, se sentían españoles y eran españoles

-¿Ha servido para que haya más interés en estos españoles, tan integrados en sus ciudades?

-Volvemos a lo que se comentaba antes, ha servido para enseñar eso al que lo ignoraba, que era una gran proporción de gente. Ha servido para darse cuenta de lo que sucedió en los siglos XVI y XVII con la comunidad musulmana.

-Al escribir novela histórica, ¿es necesario un gran esfuerzo para cambiar la forma de pensar para averigurar cómo piensan sus personajes, que son de otra época?

-Hay que intentarlo, pero que lo consigas o no es otro problema. Hoy en día, por una enfermedad de nuestro hijo nos agobiaríamos, y cualquier enfermedad intentaríamos solventarla de la manera que sea y con todos los recursos. En aquella época tenían otro concepto y tenían muchos hijos. No quiero decir que no los quisieran, Dios me libre, pero la mortalidad infantil era tal que la consideración que hoy tenemos es totalmente diferente. Por eso hay que tratar de enfocar las cosas con lo que probablemente fuera su visión. Se asumía que «equis» hijos se iban a morir.