Las antenas del SKA Pathfinder australiano de CSIRO con la Vía Láctea por encima - Alex Cherney / CSIRO

Veinte señales de radio rápidas llegan del otro lado del Universo

Investigadores detectan un número récord de estos estallidos superenergéticos que duran milisegundos y cuya procedencia todavía es un misterio

MadridActualizado:

Los Fast Radio Bursts (estallidos rápidos de radio, o FRBs), suponen un misterio para los astrónomos, tanto que incluso se ha especulado con la fantástica posibilidad de que sean emitidos por una civilización avanzada. Lo cierto es que la procedencia de estos brevísimos pulsos de radio, que apenas duran unos milisegundos, es todavía desconocida. Eso sí, la fuente debe de ser muy poderosa, ya que la energía de cada uno de ellos es equivalente a la cantidad liberada por el Sol en unos 80 años. De momento, tan solo existe un posible candidato que repite sus señales (¡unas 200 veces!), un magnetar en una galaxia enana a 3.000 millones de años luz de la Tierra, según publicaba en enero en la revista «Nature» un equipo holandés. El resto se pierde en la inmensidad del Universo.

El radiotelescopio SKA Pathfinder (ASKAP) de CSIRO observa ráfagas de radio rápidas en el «modo ojo de mosca». Cada antena apunta en una dirección ligeramente diferente, dando la máxima cobertura del cielo
El radiotelescopio SKA Pathfinder (ASKAP) de CSIRO observa ráfagas de radio rápidas en el «modo ojo de mosca». Cada antena apunta en una dirección ligeramente diferente, dando la máxima cobertura del cielo- OzGrav, Universidad de Tecnología de Swinburne

Ahora, en la misma revista científica, otro grupo de investigadores australianos pretende arrojar algo más de luz sobre estas ráfagas superpotentes llegadas de no se sabe dónde. Con la ayuda de la red de radiotelescopios SKA Pathfinder, en Australia Occidental, los científicos han interceptado veinte de estas señales, casi el doble del número detectado en todo el mundo desde que se descubrieron en 2007. Como explica a ABC Ryan Shannon, de la Universidad de Swinburne en Melbourne y coautor del estudio, «ninguna de las fuentes se ha repetido, a pesar de la increíble cantidad de tiempo (12.000 horas) que hemos pasado siguiéndolas».

Algunas de ellas se encuentran entre las más cercanas y brillantes detectadas. «Las más cercanas han recorrido 100.000 millones de años luz. Puede parecer un largo viaje, pero no lo es comparado con otras señales rápidas», explica Keith Bannister, ingeniero de la Organización de Investigación Científica e Industrial del Commonwealth (CSRIO) y también coautor de la investigación. En cuanto a su brillo, «durante más o menos un milisegundo, son más brillantes que casi todo lo que se puede ver con un radiotelescopio (excepto el Sol y un puñado de otras fuentes)», añade. Su fuerza es abrumadora: «¡Si un FRB sucediera en la ubicación del Sol, cocinaría unas palomitas de maíz en el planeta Mercurio como si estuvieran en el microondas!

De dentro de una galaxia

El telescopio utilizado por los científicos tiene un enorme campo de visión de 30º cuadrados, 100 veces más grande que la Luna llena. Al utilizar las antenas parabólicas del telescopio de manera amplia, cada una apuntando a una parte diferente del cielo, observaron 240º cuadrados a la vez, aproximadamente mil veces el área de la Luna llena.

De esta forma, los investigadores han demostrado que las ráfagas provienen «del otro lado del Universo en lugar de nuestro propio vecindario galáctico». En concreto, parecen originarse «en la mitad» del Cosmos», pero todavía no saben qué las causa o el lugar exacto de dónde provienen. «Probablemente llegan de algo dentro de una galaxia, pero no tenemos ni idea de qué es. Por el momento, tenemos más ideas que ráfagas», admite Bannister en un correo electrónico.

El siguiente desafío del equipo será identificar las ubicaciones de las explosiones en el cielo. «Podremos localizar las ráfagas a más de una milésima de grado -afirma Shannon-, lo que es aproximadamente el ancho de un cabello humano visto a diez metros de distancia, y lo suficientemente bueno como para unir cada ráfaga a una galaxia en particular». Como llegan de tan lejos, estas explosiones también pueden resultar muy útiles para estudiar el Universo, en particular para estudiar la materia perdida que se esconde entre las galaxias.

Civilizaciones avanzadas

Los FRBs son tan extraños que para explicarlos se han propuesto las más diversas explicaciones, como la presencia de agujeros negros, estrellas de neutrones e incluso civilizaciones extraterrestres. Por alucinante que parezca, Breakthrough Listen (Escucha avanzada), la iniciativa impulsada por el multimillonario ruso Yuri Milner para buscar señales de vida inteligente en el Universo, tiene a estas ráfagas entre sus objetivos. «En el pasado, la gente ha utilizado ese tipo de teorías para explicar diferentes objetos, como los púlsares, pero cuando el conocimiento ha avanzado han resultado ser fenómenos naturales. Creo que este es el caso aquí. Pero como somos científicos, mantenemos la mente abierta», explica Bannister.