Una estrella fugaz captada en Australia - ADOBE PHOTOSTOCK | Vídeo: Guía para ver las Perseidas (ABC Multimedia)

¿Qué son las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo?

La lluvia de estrellas está causada por la entrada en la atmósfera de los restos de un cometa

¿Podrás ver las Perseidas en tu provincia?

MADRIDActualizado:

Esta madrugada, a partir de la medianoche, podrás disfrutar de la lluvia de estrellas de las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo. Si abandonas la contaminación lumínica de las ciudades podrás ver cómo el cielo es recorrido por estrellas fugaces de colores verdosos, que surgen aquí y allá cada varios segundos o minutos. Gracias a que la Luna está ausente y que su reflejo no iluminará el cielo, este año será bueno para ver las Perseidas. Se prevé que las noches del 11 al 12 y del 12 al 13 se alcance la máxima actividad de estrellas fugaces. Por eso te recomendamos que salgas al campo y que te tiendas sobre una manta para poder mirar el cielo con tranquilidad. (Aquí te ofrecemos una pequeña guía para hacerlo).

Pero, ¿qué con las Perseidas? Para empezar es una «lluvia de estrellas» que no es una lluvia de estrellas: algo así sería indicio de un cataclismo galáctico. Las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo son fundamentalmente granos de polvo, del tamaño de granos de arena, que entran en la atmósfera a velocidades extremadamente altas, de 10 a 50 kilómetros por segundo. Tal es así, que la fricción del gas de la atmósfera las calienta, las desintegra y las hace brillar. Esto ocurre a una altura de entre 80 y 100 kilómetros, cerca de la línea Karmán, que es el límite a partir del cual la atmósfera se hace más densa. Por tanto, aunque las estelas parezcan pequeñas, en realidad pueden alcanzar grandes longitudes.

Cada año, alrededor del 12 de agosto, la Tierra atraviesa un campo de residuos dejado por un cometa, como si fuera una estela de polvo dejada por un coche en un camino. Por ese motivo, cada año las Perseidas ocurren en la misma época.

El cometa errante

El cometa que originó este campo de residuos es el Swift Tuttle, un objeto compuesto de polvo, hielo (de agua, monóxido de carbono y dióxido de carbono) que gira en torno al Sol en una amplia órbita, que tarda en recorrer 133 años. Este objeto, mucho más grande que una montaña y que llega a los 24 kilómetros de diámetro, pasó por las cercanías del Sol en 1992, y no volverá a hacerlo en 2126. Por mucho que su enorme tamaño imponga, si pudiéramos «amansarlo» y depositarlo sobre el océano veríamos que este cuerpo flota, a causa de su baja densidad.

Pues bien, cada vez que lo hace, y que se acerca al llamado perihelio, el calor y la radiación solares no solo hacen que de él nazca una cola de decenas de miles de kilómetros de largo, tan características de los cometas. Además, el calor sublima el hielo (lo transforma en gas), produciendo géiseres y estallidos en la superficie del cometa. Por este motivo, en el entorno se genera una nube de partículas de polvo, agua y hielo que permanece en la retagaurdia del cometa, tiempo después de este pase por un lugar.

De hecho, se puede decir que los cometas dejan detrás de sí un anillo muy sutil de restos que se van acumulando cada vez que recorren las cercanías del Sol, a lo largo de su órbita. Por eso, el año 2126 y sucesivos deberían ser mejores para ver Perseidas, puesto que el Swift Tuttle «recargará» su nube de polvo.

La Tierra, una escoba inexorable

Como el Sistema Solar es un reloj muy complejo, en el que cada uno de sus cuerpos tiene una órbita distinta, a veces la gravedad de los planetas influye en la concentración o localización de estos campos de restos cometarios. Por eso, la gravedad de Júpiter y Saturno a veces puede sumar sus efectos y generar Perseidas especialmente intensas, en los llamados «estallidos de actividad». Otras veces, sin embargo, sus gravedades no se coordinan y la actividad de la lluvia de estrellas es más rutinaria.

Pase lo que pase, lo cierto es que la Tierra actúa como una escoba inexorable y puntual, que barre con su gravedad el campo de polvo del Swift Tuttle. Su atmósfera trabaja como un parabrisas, y va desintegrando las partículas del cometa con las que se topa. Cada una de estas partículas entra con distinto ángulo y velocidad, y por eso no hay dos Perseidas iguales. Algunas son más grandes y generan pequeñas bolas de luz, a las que se llaman bólidos, o bien sencillamente son más largas.

Todas ellas tienen algo en común. Su zona de entrada en el cielo está en una región próxima a la constelación de Perseo (este fin de semana amanecerá por el noreste, y siempre se puede encontrar cerca de Andrómeda y Casiopea). Por eso, estas estelas luminosas apuntan en dirección a esa constelación, y por a estas estrellas fugaces se las llama Perseidas.

La proximidad del máximo de la lluvia de meteoros al 10 de agosto, día de San Lorenzo, un mártir que tuvo un muy mal final en una parrilla, hace que las Perseidas sean conocidas también como Lágrimas de San Lorenzo. Sería más correcto decir que son las lágrimas de un cometa solitario.