Stanley Pons y Martin Fleischmann
Stanley Pons y Martin Fleischmann - Archivo

Google intenta resucitar sin éxito la fusión fría

El experimento de cuatro años pretendía llevar a cabo la reacción nuclear a temperatura ambiente, una hazaña prácticamente descartada por la ciencia para obtener energía abundante, limpia y barata

Madrid Actualizado: Guardar
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El 23 de marzo de 1989 fue anunciado lo que parecía un extraordinario avance científico. Martin Fleischmann y Stanley Pons, dos investigadores de la Universidad de Utah en Salt Lake City, decían haber conseguido la fusión fría, la hipotética reacción nuclear a temperatura ambiente para obtener energía barata, limpia y prácticamente ilimitada. Semejante anuncio generó una gran atención mundial, pero el experimento no pudo repetirse y la comunidad científica rechazó rápidamente la propuesta. El fenómeno parecía efímero y tenía poca o ninguna base teórica. La fusión fría fue ninguneada, descalificada y prácticamente olvidada. Sus supuestos descubridores, acusados de fraude. Las autoridades de EE.UU. recomendaron no financiar estudios parecidos y la fusión fría se convirtió en un tema maldito, del que nadie quería saber nada. Los pocos que se han atrevido a resucitarlo, como los italianos Andrea Rossi y Sergio Focardi, quienes mostraron su propio reactor nuclear en 2011 con intenciones comerciales, no han recibido otra cosa que escepticismo y sospechas.

Hasta 2015, cuando Google reunió a un grupo de treinta científicos de distintos laboratorios para darle una vuelta a la idea con técnicas más modernas. ¿Y si, al fin y al cabo, había algo de verdad en el anuncio de Pons y Fleischmann? ¿Y si se nos pasó por alto un detalle crucial? Más que nunca, las evidencias del cambio climático hacían necesaria la búsqueda de una nueva fuente de energía más limpia y barata. Si la fusión fría era posible, el mundo podría ser distinto. Con ese objetivo, la compañía del buscador ha invertido en el programa 10 millones de dólares, una pequeña fracción de lo que Google invierte cada año en investigación académica.

Así que el equipo dirigido por Curtis Berlinguette, de la Universidad de British Columbia en Vancouver (Canadá), se puso manos a la obra para llevar a cabo una serie de rigurosos experimentos científicos y protocolos reproducibles para constreñir las condiciones bajo las que se podía provocar la reacción nuclear a temperatura ambiente, en la que dos núcleos atómicos se unen para formar uno mayor mientras liberan una gran cantidad de energía. Los resultados se publican por fin esta semana en la revista «Nature». Y no parecen proporcionar grandes sorpresas.

Escepticismo justificado

El grupo no pudo alcanzar las condiciones materiales especuladas como más propicias para que se produzca la fusión fría. Puede parecer el peor de los finales, pero aún así los autores no excluyen nuevos intentos más fructíferos. Según explican en «Nature», la fusión es tan compleja aún podría estar pendiente de ser encontrada. «Aunque esta posibilidad se está volviendo cada vez más remota», reconocen.

«Hasta el momento, no hemos encontrado evidencia de efectos anómalos alegados por los defensores de la fusión fría que de otra manera no puedan explicarse de manera prosaica. Sin embargo, nuestro trabajo ilumina las dificultades de producir las condiciones bajo las cuales se supone que existe la fusión fría», explica a ABC Matt Trevithick, coatuor del estudio. A su juicio, este resultado deja abierta la posibilidad de que el desmantelamiento de la fusión fría en 1989 fue quizás prematuro porque las condiciones físicas y materiales relevantes no se habían realizado (y de hecho aún no se han realizado) y se habían investigado exhaustivamente. «En caso de que el fenómeno sea real (en sí mismo una pregunta abierta), puede haber buenas razones técnicas por las cuales los defensores de la fusión fría han luchado para detectar efectos anómalos de manera confiable y reproducible. El escepticismo continuo de la fusión fría está justificado, pero sostenemos que se requiere una investigación adicional de las condiciones relevantes antes de que se pueda descartar por completo el fenómeno», añade.

Resultados confiables

La pregunta lógica ahora es si vale la pena continuar con una investigación que parece abocada al fracaso. Los científicos apuntan que, al menos, durante sus años de estudio, han generado «nuevos conocimientos sobre materiales y herramientas experimentales que podrían beneficiar otros campos de investigación». Por ejemplo, han ideado calorímetros que operan con seguridad en condiciones extremas para medir la energía térmica, lo que podría mejorar la precisión de varios experimentos futuros.

Independientemente de los beneficios derivados, los autores creen que todavía hay valor en la investigación de los sistemas supuestamente compatibles con la fusión fría, incluso si esta nunca se materializa. «Nuestra sociedad necesita con urgencia un avance en la energía limpia. Encontrar avances implica riesgos y creemos que la revisión de la fusión fría es un riesgo que vale la pena asumir», concluyen.

Por su parte, «Nature» explica en un editorial que el programa ha sido conducido con rigor y sus resultados son confiables, al tiempo que no proporciona soporte para grupos marginales que continúan insistiendo en que la fusión fría existe y expone de nuevo el asunto al escrutinio científico. Aunque el fenómeno sea aún muy lejano, el estudio ayudará a que deje de ser un tabú.