La interfaz deuronal permite detectar cuándo el cerebro no está enfocado para que su compañero le supla en tareas cognitivas complicadas
La interfaz deuronal permite detectar cuándo el cerebro no está enfocado para que su compañero le supla en tareas cognitivas complicadas - Fotolia

Logran comunicar dos cerebros humanos por «telepatía»

Las mentes se conectaron para repartirse las tareas en función del cansancio mental de los individuos

MadridActualizado:

La telepatía aún suena a ciencia ficción o a poderes de súperheroes, pero esta forma de comunicación podría estar mucho más cerca de lo que pensamos. Y para cualquiera. Un equipo internacional de científicos, del que también ha formado parte un investigador del Centro de Tecnología Biomédica (CTB) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), ha dado un paso más allá en el objetivo de conectar dos cerebros directamente: han creado una interfaz neuronal a modo de «casco» con electrodos que transmite información de una persona a otra, sin siquiera estar en la misma habitación.

En concreto han logrado crear una interfaz cerebro-cerebro que calcula los estados cerebrales de cada participante y distribuye una carga cognitiva entre todos los miembros del grupo que realiza una tarea en común. La interfaz permite, a partir del análisis de la actividad cerebral, compartir la carga de trabajo entre todos los participantes en función de su rendimiento cognitivo en cada momento. Es decir, la interfaz «notaba» cuando el cerebro de la otra persona estaba cansada, enviándole los problemas menos complejos, y repartía la carga con el cerebro del otro compañero cuando notaba que éste estaba totalmente concentrado, enviándole problemas difíciles.

«Las personas conectadas no pueden escuchar los pensamientos de sus compañeros como tal», explica para ABC Alexander Pisarchik, investigador del CTB de la UPM participante en el proyecto internacional, que ha sido publicado en la revista «Frontiers in Neuroscience». «Pero los resultados que hemos obtenido pueden ser un punto de partida para el desarrollo de sistemas para la comunicación neural entre las personas, que permitan “sentir” las condiciones del otro y hacer que la interacción sea más eficiente».

40 minutos viendo imágenes con muy poco descanso

El equipo, formado por investigadores de España, Rusia y Alemania, llevó a cabo un experimento en el que dos personas resolvieron un problema de forma conjunta y «en condiciones de alta carga cognitiva». Es decir, la complejidad del ejercicio requería de estar muy concentrado para resolverlo. En concreto, debían clasificar unas imágenes que aparecían en la pantalla. Las series tenían diferentes grados de ambigüedad, lo que suponía un reto. Miraban estos diagramas durante 40 minutos y se realizaban pausas entre las series de 5 a 7 segundos, por lo que el experimento precisaba de un alto nivel de contración.

Ilustración de la interacción entre dos cerebros
Ilustración de la interacción entre dos cerebros - UPM

En una primera etapa, los sujetos resolvieron el problema de forma individual. «El análisis de las señales del electroencefalograma mostró que la red neuronal del cerebro no puede procesar continuamente la información sensorial y, al mismo tiempo, mantener un alto nivel de concentración», afirman en un comunicado desde la UPM. «Hay períodos de fatiga cognitiva, caracterizados por una disminución en la atención, y períodos de recuperación, después de los cuales la concentración aumenta nuevamente».

Juego complete de estímulos visuales: (a) cubos de Necker con alto grado de ambigüedad, las tareas de alta complejidad y (b) cubos con de bajo grado de ambigüedad, las tareas de baja complejidad
Juego complete de estímulos visuales: (a) cubos de Necker con alto grado de ambigüedad, las tareas de alta complejidad y (b) cubos con de bajo grado de ambigüedad, las tareas de baja complejidad - UPM

Después se les conectaba con la interfaz neuronal y se repartió el trabajo según su grado cognición: las más sencillas para los más cansados. «El sujeto, que se encuentra en un estado de fatiga cognitiva, recibió imágenes con poca ambigüedad. La clasificación de tales imágenes requería menos esfuerzo, lo que le permitió recuperarse más rápido. En este momento, su compañero, que demostró un mayor nivel de concentración, recibió imágenes con gran ambigüedad, es decir, tomó la mayor parte de la carga cognitiva», explican desde la UPM. Es decir, fueron más eficaces cuando estuvieron conectados y se repartieron el trabajo en función de su concentración.

Cerebro-máquina contra cerebro-cerebro

Las neurointerfaces de cerebro a máquina u ordenador son relativamente comunes: las prótesis del futuro cercano que se comunican con el cerebro del paciente y realizan el movimiento solo con que éste lo piense o las sillas de ruedas inteligentes que responden al pensamiento. Sin embargo, las interfaces entre mentes son más escasas.

«Todavía hay muy pocas interfaces cerebro-cerebro. La primera se realizó en ratas en 2013 por los investigadores de la Universidad de Duke (EE. UU.) junto con el Instituto de Neurociencia de Natal (Brasil). La interfaz permitió una transferencia de información en tiempo real de la actividad neural sensomotora entre los cerebros de dos ratas», explica Pisarchik. En este caso, una de las ratas se usó como «codificador», quien con microestimulación intracortical envío telepáticamente a la otra rata, que funcionaba como «decodificador», que eligiera entre dos opciones que se le presentaban. Las dos ratas actuaron de la misma manera.

Las primeras pruebas en humanos se llevaron a cabo en 2014, por investigadores de la Universidad de Washington. La misma que el año pasado consiguió conectar el cerebro de tres participantes, dos emisores y un receptor, que se combinaron para jugar una especie de «tetris» en el que el receptor no veía toda la pantalla de juego y decidía según las dos decisiones enviadas por los otros voluntarios del experimento.

«Los estudios anteriores proporcionan una evidencia experimental de la transmisión de información entre cerebros, pero tienen dos limitación principales. La primera consiste en que el remitente no genera las órdenes de control por sí mismo, sino que utiliza un sistema adicional que produce estímulos visuales o auditivos. Este enfoque requiere de una configuración adicional para la presentación de los estímulos y se requiere un tiempo para producir una orden de control. La segunda es que las interfaces anteriores requieren una estimulación invasiva o semi-invasiva como la estimulación magnética transcraneal. Nuestra interfaz no tiene estas limitaciones», afirma el investigador.

Las aplicaciones de la telepatía

Con todo lo dicho entonces, ¿será posible que conectemos nuestros cerebros y enviarnos telepáticamente mensajes? En opinión de Pisarchik sí, y en poco tiempo. «La telepatía en general es un futuro cercano en el campo de comunicaciones», afirma el investigador al respecto. «Con pocos electrodos apretados contra la cabeza con una cinta, con gafas y audífonos, las personas se van a comunicar usando sus pensamientos sin necesidad de mover un dedo o su lengua. Las señales cerebrales se transmitirán a través de sus móviles a un servidor central, donde se decodificarán y se transformarán en los estímulos correspondientes (imágenes, videos, textos, etc.)», sentencia.

Pero si hablamos de las aplicaciones de esta interfaz en concreto, Pisarchik explica que podría ser muy útil para aumentar el rendimiento y la productividad del trabajo en equipo, como en los trabajadores de oficina, operadores de vuelos o de plantas nucleares. «La distribución de las tareas entre los miembros del equipo según sus estados mentales no solo mejora el rendimiento, sino también aumenta la seguridad, lo que puede salvar muchas vidas». Como se suele decir, «el futuro ya está aquí».