Portada del disco dorado de una de las sondas. Contiene instrucciones para reproducirlo y la posición del Sistema Solar (abajo, a la izquierda), en relación con 14 púlsares
Portada del disco dorado de una de las sondas. Contiene instrucciones para reproducirlo y la posición del Sistema Solar (abajo, a la izquierda), en relación con 14 púlsares - JPL/NASA

Los «40 principales» que viajan rumbo a los alienígenas

Las sondas Voyager, que siguen viajando hacia las profundidades del espacio, transportan una dilatada selección musical

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Corría el año 1977. Jimmy Carter (1924) ostentaba la presidencia de los Estados Unidos, una película –La Guerra de las Galaxia- triunfaba en la cartelera y Los Ramones publicaban su «Leave Home». Mientras tanto los científicos de la NASA aspiraban a lanzar al espacio uno de los proyectos más ambiciosos de todos los tiempos: las sondas Voyager.

Después de cuarenta años de funcionamiento, pocas son las máquinas que siguen funcionado, especialmente si no han tenido mantenimiento ni recambio de piezas. Si a eso le sumamos que la Voyager 1 se encuentra a más de 21.000 millones de kilómetros, ya tenemos la excepción que confirma la regla.

Gracias a las Voyager 1 y 2 hemos descubierto la existencia de los primeros volcanes activos más allá de la Tierra –en la luna Ío del planeta Júpiter-, la presencia de una atmósfera muy similar a la nuestra dentro del sistema solar –en la luna Titán de Saturno- y una luna helada –Miranda de Urano-, entre otros grandes descubrimientos.

Para que podamos comprender la magnitud de este hito astronómico, en este momento la Voyager 2 se desplaza a una velocidad superior a los 55.000 kilómetros a la hora y se encuentra a una distancia superior a 114 veces la distancia entre el Sol y la Tierra. Unas cifras que producen vértigo.

Una botella en el océano cósmico

Es poco probable que alguien contemple a las Voyager en el tiempo que les queda de existencia, pero pensando en que seres inteligentes habiten en la inmensidad del espacio y las encontraran, el científico Carl Sagan (1934-1996) incluyó a bordo de la sonda un regalo.

El obsequio es un disco fonográfico de oro –los «Sonidos de la Tierra»-, del tamaño de los antiguos vinilos y que funciona a 16 2/3 revoluciones. Si un ser dotado de una inteligencia superior lo encontrase estaría ante un tesoro arqueológico. Por este motivo Sagan se vio en la obligación de introducir unas sencillas instrucciones para su reproducción.

En la futurible circunstancia de que un ET lo encuentre algún día, podrá contemplar con cara de asombro 118 fotografías y sonidos de la Tierra, un mensaje en inglés de la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas, saludos en 55 idiomas y música.

El disco comienza con: «Envío saludos en nombre de todas las personas de nuestro planeta», grabado por Kurt Wadlheim (1918-2007), por aquel entonces secretario general de las Naciones Unidas. Las palabras elegidas para dar la bienvenida en castellano fueron: «hola y saludos a todos».

Los 40 principales para extraterrestres

En cuanto a la música, ¿qué canciones habría incluido usted? ¿Música pop? ¿Quizás un poco de música clásica? ¿Cantautores? Carl Sagan y su equipo se decantaron por incluir ritmos representativos de diferentes culturas, jazz, rock y música culta.

En esta selección para alienígenas figura, entre otros, un blues de Louis Armstrong, un son jarocho mexicano, un canto iniciático pigmeo, «Johhny B Goode» de Chuck Berry, flautistas de Melanesia, el aria de la Reina de la Noche de Mozart, un concierto de Bach, la Quinta Sinfonía de Betthoven…

Se intentó incluir la canción «Here Comes the Sun» de los Beatles, un título muy apropiado para la ocasión. Sin embargo, y a pesar de que los cuatro miembros del grupo no pusieron ningún tipo de objeción, no pudo formar parte de la selección porque los de Liverpool no disponían de los derechos de autor.

M. Jara
- M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.