Dos científicos españoles a pie de obra, lejos del laboratorio,realizan un estudio en ambos polos para observar la evolución del deshielo y del cambio climático
Dos científicos españoles a pie de obra, lejos del laboratorio,realizan un estudio en ambos polos para observar la evolución del deshielo y del cambio climático - abc

España, entre los 10 países del mundo con mayor producción científica

El buen dato contrasta con la falta de empuje para lograr patentes y productos

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La ciencia española lleva cuatro años hablando de recortes,fuga de cerebros y empleo precario. Sin embargo, vive uno de sus mejores momentos en cuanto a generación de conocimiento. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, presentó a España en la Cumbre Iberoamericana de México como “la décima potencia mundial en producción científica”. No fue un dato elegido al albur, probablemente era uno de los mejores indicadores científicos con los que presumir fuera de nuestras fronteras.

La producción científica se mide por el número de trabajos de investigación que nuestros científicos publican en revistas científicas. Es decir, las ideas e investigaciones innovadoras o sobresalientes que tras pasar el filtro de un comité científico se deciden publicar, con un marchamo de calidad, para conocimiento del resto de la comunidad científica. Ahí nos situamos en la décima posición.Hace seis años estuvimos en la octava posición, pero bajamos por la entrada de India, un país emergente que ha entrado con fuerza en este selecto club de diez países.

La semana pasada la revista “Nature”, una de las “biblias” de la ciencia, situaba a España en la octava posición por el número de investigaciones que merecen un hueco en algunas de las 60 mejores publicaciones científicas del mundo. Es decir, que si estamos entre los diez países que más publican a nivel general, nos situamos en mejor posición cuando se mira a las publicaciones de mayor prestigio internacional, en revistas como la citada “Nature”, “Science”, “Cell” o “New England Journal of Medicine”.

¿Bastan estos datos para sentirnos satisfechos por nuestra ciencia? “Claramente no. Nuestra situación no es envidiable pero tampoco es un desastre”, opina Carmen Vela, secretaria de Estado de Investigación. “Los datos que ofreció el presidente son reales y los suministran agencias internacionales. Es cierto que a la ciencia española le faltan muchas cosas. No han sido años fáciles. Los presupuestos en ciencia han caído entre 2009 y 2013, aunque han repuntado en 2014. Debemos sentirnos orgullosos de contar con investigaciones que tienen impacto mundial, científicos excelentes y centros que son referentes internacionales. Tenemos una gran infraestructura y ahora nos queda hacer el mismo ejercicio en innovación”, apunta.

Innovación, asignatura pendiente

Rajoy también aludió en México a la innovación, la gran asignatura pendiente de empresas e investigadores. Habló de dar un impulso para que las ideas que surjan en un laboratorio puedan terminar en el mercado en forma de producto o servicio y generar riqueza. Recordó cómo tradicionalmente la práctica habitual ha hecho que los científicos investigaran y sacaran a la luz sus resultados publicando sus hallazgos mientras que las empresas privadas se encargaban de innovar y patentar. Pero en el proceso intermedio morían la mayor parte de las ideas y se desincentivaba la investigación.

Si en Europa las empresas son responsables del 66% de la I+D+i, de media, y en países como Japón o Corea del Sur es del 80%, en España no llega al 52%. Por sectores, en nuestro país las compañías farmacéuticas son las más innovadoras, pero como empresas se sitúan a la cabeza el Banco de Santander y Telefónica.

El Gobierno pretende impulsar la innovación con una nueva estrategia que acabe con el salto entre la investigación y la innovación. “Esta iniciativa favorecerá la movilidad de ideas, entre el mundo académico y las empresas. Ese flujo de información en ambas direcciones permitirá orientar a nuestros investigadores a resolver problemas reales de la sociedad”, apunta Carmen Vela.

Tras unos años “muy duros”, la secretaria de Estado empieza a ser “razonablemente optimista” con el futuro de nuestra ciencia: “El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha pasado de estar en una situación económica muy grave a una posición estable, España es el tercer país que más ayudas está captando de programas europeos tan importantes como el Horizonte 2020, -nunca antes habíamos tenido ese retorno- y tenemos buenas noticias de empleo: el próximo año habrá contratos para 2.559 investigadores y técnicos de apoyo. Son contrataciones que no son precarias. Creo, que algún mérito tendrá la secretaría de Estado en estos resultados... Aunque sin duda debemos reconocer el esfuerzo que ha hecho la comunidad científica”.

Calidad mejor que cantidad

Carlos Andradas, presidente de la Confederación Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) pone el acento en los matices que se esconden detrás de todos estos buenos datos. No duda de los resultados en producción científica - “sin duda es un motivo de orgullo y una señal de que los científicos han cumplido con su trabajo con un presupuesto sensiblemente inferior al de los otros países que aparecen en ese cuadro de honor”-, y añade numerosos “peros”: “Probablemente las publicaciones que hoy ven la luz se realizaron hace un par de años y debemos tener en cuenta que no solo importa la cantidad sino la calidad y en el impacto que tienen nuestras investigaciones estamos sensiblemente por debajo de la media europea”.

Andradas coincide con el Gobierno en la preocupante ausencia de una ciencia más aplicada y la carencia de un tejido industrial y productivo de alta tecnología que demande y tire de la investigación. Sin embargo, desde su punto de vista, la solución a este problema no está en la nueva estrategia de investigación e innovación. “Juntar dos documentos en uno solo no resuelve el problema de la separación entre ciencia e innovación. Sigue sin haber una apuesta de nuestro tejido productivo por la innovación”.

¿Debería el científico asumir parte de esa responsabilidad? Desde la Cosce, no se tiene mucha fe en los investigadores que funcionan como hombres-orquesta. “No se puede pedir al científico que además de hacer ciencia sea emprendedor, monte empresas y comercialice sus resultados. Cada uno debe hacer aquello para lo que está capacitado: el investigador investigar, el tecnólogo transferir y el empresario producir y comercializar”.

La alternativa entonces es confiar en la iniciativa privada que con la crisis ha olvidado su capítulo en I+D+i, probablemente por la recesión. La inversión privada en I+D ha disminuido del mismo modo que lo ha hecho la inversión total. El INE publicaba el mes pasado que en el año 2013 la inversión en I+D había caído de nuevo situándose en el 1,24% del PIB.