La mítica entrevista de ABC a Santiago Bernabéu tras su segunda Champions
Santiago Bernabeú, en una imagen de archivo - EFE
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La mítica entrevista de ABC a Santiago Bernabéu tras su segunda Champions

En 1957, Menéndez Chacón se reunió con el presidente del Real Madrid un mes después de la victoria de su equipo en la Copa de Europa

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Incluso en el fútbol todo tiene un comienzo y, para poder luchar por la décima Copa de Europa el próximo sábado ante el Atlético, el Real Madrid ha tenido que ganar otras nueve antes. De todas ellas, la primera llegó en 1956 y la segunda en la temporada siguiente. Precisamente en ese año –en julio de 1957- el periodista de «Blanco y Negro» (ABC) Menéndez Chacón entrevistó al mítico presidente madridista Santiago Bernabéu tras la vitoria de su equipo en la Champions ante la Fiorentina. En ella, el máximo dirigente blanco puso luz sobre los entresijos de la competición europea y su vida personal.

Corrían en 1957 buenos tiempos para el Real Madrid. Y es que, además de la buena temporada que estaban realizando sus jugadores en el campeonato local (el cual terminaron ganando por delante del Sevilla y del Barcelona), el equipo se había consolidado a nivel europeo tras haber ganado hacía un año la primera edición de la recién creada Copa de Clubes Campeones Europeos –la futura Liga de Campeones-. Curiosamente, y a pesar de su nombre, en principio la selección de equipos no se llevó a cabo por méritos (es decir, por haber sido el mejor conjunto de cada país) sino por exclusiva invitación.

Entre las estrellas blancas, destacaban Di Stéfano y GentoLa Copa de Clubes Campeones Europeos comenzó bien para los blancos que, en primer lugar, eliminaron al Rapid de Viena. Posteriormente, y sin mayores dificultades, lograron alzarse también con la victoria en los cuartos de final ante el Nice francés por un resultado global (en dos partidos) de 6 a 2. En las semifinales les esperaba el poderoso Manchester United que, por suerte, también cayó a pesar de que luchó en el césped hasta la extenuación. El pase a la final estaba ya en el bolsillo.

Para el partido definitivo, el Real Madrid contaba –según la crónica narrada por ABC- con dos estrellas: Alfredo Di Stéfano (apodado «La Saeta rubia») y un jovencísimo Paco Gento que apenas sumaba 23 años. Junto a estos dos delanteros, en el equipo se alineaban también Juan Alonso haciendo las veces de portero; Lesmes II, Torres y Marquitos como defensas; Zárraga, Kopa y Muñoz en el centro del campo y, finalmente, Rial y Mateos, quienes acompañaban a las dos «celebritys» ya comentadas en la punta de ataque.

El 30 de mayo de 1957, comenzó la final ante la Fiorentina. El escenario fue el estadio Santiago Bernabéu, bautizado así en honor del entonces presidente. Tal y como afirma la crónica del periodista de ABC Lorenzo López Sancho, el encuentro comenzó con ocasiones para ambos equipos hasta que, poco a poco, se fue imponiendo el juego de las estrellas blancas. También ayudó a mantener imbatida la puerta del equipo italiano –al menos en el primer tiempo- su arquero, Sarti. Éste, quien, en palabras del enviado especial español, tuvo «una actuación felina».

Sin embargo, en el segundo tiempo el partido tomó color español cuando se produjo un penalti a favor de los merengues. Así narró la jugada Sancho: «Y cuando el juego estaba indeciso (…) una jugada discutible decidió el encuentro (…). Un prodigioso pase de Kopa, que había recibido la pelota de Mateos, traspasó la barrera formada por Scarampuchi, Magnini y Orzan, y dejó el balón a los pies de Mateos, quizá levemente adelantado a sus adversarios. El linier levantó tímidamente la bandera, pero el (árbitro) no intervino. Ya estaba solo Mateos camino de la red, cuando, como un recurso desesperado, le derribaron. Penalti», Di Stéfano trasformó la pena máxima y, seis minutos después, Gento hizo el segundo. El partido era de los blancos.

A los pocos días, tras la respectiva celebración, Menéndez Chacón se reunió con un exultante Santiago Bernabéu –presidente del Real Madrid desde 1943 y antiguo jugador merengue- con el que mantuvo una extensa entrevista que a continuación se reproduce:

«

El Real Madrid ha vuelto a proclamarse campeón de Europa, después de un partido memorable. Para conocer las vicisitudes que fue preciso afrontar antes de llegar a la meta de la triunfal jornada que esta tarde hemos vivido, nada mejor que enhebrar el diálogo, recién terminado el partido, con don Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, que es quien por gracia del juego de su equipo ha llegado a adquirir más dilatada experiencia en esta clase de lances.

La espera en el pequeño y acogedor cuarto de estar, en el domicilio del presidente, es breve, pero suficiente para cotillear unos instantes en el atrabiliario contenido de una vitrina, en la que yacen los objetos más dispares, relacionados todos con la historia del club blanco y de su presidente. Allí se guarda una hermosa carraca con la inscripción "Recuerdo de Manchester", y junto a ella, un capote de torero en miniatura, que lleva incluido en sus bordados el escudo del Real Madrid. A la derecha, algo que no tiene relación con el fútbol y que, a nuestro juicio, simboliza la llaneza, que es cualidad distintiva del dueño de la casa: un galón de cabo, recuerdo de la modesta graduación alcanzada por el señor Bernabéu en el Ejército, y el emblema del Cuerpo de Ejército marroquí, al que perteneció.

Hay también una banda de raso, con un dibujo alegórico firmado por Sancha, artista tan vinculado a la primera época de BLANCO y NEGRO. Es el primer trofeo futbolístico que alcanzó Bernabéu, jugador. Allí se puede ver, también, una diminuta piqueta, que lleva en su astil la inscripción "Viva el trabajo, 1944". Y una pitillera con las firmas de todos los directivos del Athlétic de Bilbao; una caja de tabaco, regalo de los acomodadores del estadio que lleva su nombre, y muñecos, muchos muñecos vestidos de futbolistas, con el uniforme blanco del Madrid, naturalmente; banderines, condecoraciones, entre las que figura la Medalla de Oro de Madrid; la reproducción de la Copa de Europa, que el club quiso ofrecer a Bernabéu como vicepresidente del Comité del torneo, y que él aceptó por su escaso valor intrínseco; una medalla de oro y platino, con el busto del presidente, costeada por los socios del Madrid mediante una suscripción con aportación única de diez céntimos; banderines, placas conmemorativas, etc.

La entrada de don Santiago interrumpe el examen. Llega radiante. No creemos que nadie, ni entre los mismos jugadores, sienta los triunfos y las adversidades del Madrid como él. No en balde, el Madrid que hoy conocemos; el Madrid de los resonantes triunfos internacionales; el Madrid del gran estadio; el Madrid de la futura ciudad deportiva, es obra casi personal de Bernabéu. Desde luego, él rechaza la afirmación que acabamos de hacer, y considera, por el contrario, que el club es ya una empresa excesivamente importante para su representación. En este punto de la conversación, Bernabéu nos hace pensar en un padre que dijese, refiriéndose a su hijo: "Este chico es demasiado alto y demasiado guapo para ser hijo mío."

En el Madrid desde los 15 años, Bernabéu tiene en su carnet de socio el número 8Bernabéu pertenece al Madrid desde que tenía quince años de edad. Hemos renunciado a averiguar cuántos años hace, para no arrancarle la confesión de los que tiene ahora. Su carnet de socio lleva el número 8. Como jugador, perteneció al club durante dieciséis temporadas. Su puesto era el de interior derecho, aunque cuando estuvo en la Gimnástica, antes de adscribirse, ya de por vida, al bando madridista, recuerda muy divertido que le hacían jugar de portero ¡porque tenía una gorra inglesa muy bonita!...

La conversación se desvía muchas veces hacia lo ocurrido por la tarde en el campo, y nos cuesta trabajo volver a encarrilarla por los derroteros de esta "interviú", que pretende recoger, más que la anécdota de la final, el desarrollo de la competición y la vinculación de nuestro interlocutor al club blanco.

-¿Cuál ha sido el momento cumbre en la vida del Real Madrid?

-El que vivimos ahora, sin duda alguna. Acabamos de ser campeones de Europa, dos veces seguidas. Hemos visto consolidada la obra del campo. Porque -agrega- levantar una cosa así es relativamente fácil; lo difícil es sostenerla y consolidarla.

-¿No será una mancha en este momento cumbre el adverso resultado de Barcelona en la eliminatoria de Copa?

-Estos son accidentes típicos del fútbol a los que no se debe atribuir gran trascendencia. Nosotros superamos hace años ese tanteo, precisamente ante el Barcelona, y el Barcelona no dejó por eso de ser un gran club. Le digo a usted más: en este momento en que el equipo acaba de coronarse por segunda vez campeón de Europa, el mejor homenaje que podríamos ofrecer a la afición española sería que otro club nacional nos venciese.

Evidentemente, tiene razón Bernabéu. Los triunfos de los equipos nacionales sobre el que por ahora ha conquistado el máximo prestigio en el extranjero, repercuten, sin duda, en el prestigio de nuestro fútbol.

-¿La más importante ocasión del Madrid, en tiempos anteriores, cuando usted era jugador?

-El año 1917, cuando nos proclamamos campeones, resolviendo la primacía que desde muchos años antes ostentaban Cataluña, Vizcaya y Guipúzcoa. El Madrid conquistó en propiedad la primera Copa del Rey, proclamándose campeón durante los años 1905 a 1908, y no pudo volver a ganarla hasta 1917. Aquel triunfo fue trascendental para la vida del club. Por cierto que yo no pude jugar la final, porque estaba lesionado de resultas de uno de los partidos jugados aquí con el Barcelona. Y ya ve usted lo que son las cosas: a raíz de tan señalado triunfo, fuimos derrotados aquí, en un torneo regional, por el antiguo Racing.

-Volviendo a la competición europea, ¿quiere usted decirme dónde ha jugado el Madrid más a gusto?

-A gusto hemos jugado en todas partes; pero el partido en que culminó esa labor de acercamiento, tan difícil, que el fútbol está realizando, fue la final del año pasado. Nosotros, que participábamos en el 50 por 100 de la taquilla, accedimos a jugar en el Parque de los Príncipes, ante cuarenta mil espectadores, en vez de hacerlo en Colombes, donde se habrían acomodado sesenta mil. Aceptamos también jugar de noche, aunque el equipo no estaba acostumbrado todavía. El público francés, que había empezado viendo ganar a los suyos por dos tantos a cero, y terminó viéndoles perder por cuatro a tres, se rindió al gran juego y al espíritu de que el equipo hizo gala en la segunda parte, para superar el adverso resultado, y al final nos hizo objeto de una despedida, que no se habría superado en ningún campo español.

-Refiriéndonos al torneo de este año. ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción que le ha deparado en su transcurso?

-Dos: el triunfo final, naturalmente, y que nos tocara eliminarnos con el Manchester. Ya recordará usted que al iniciarse la competición, los más calificados entendidos de Europa le daban por seguro campeón. Así, pues, a la satisfacción de haber obtenido el título, se une la de haber sido nosotros, precisamente, quienes eliminamos al gran club inglés.

-¿Le habría gustado que otro club español, además del Madrid, hubiese podido participar el año próximo en el torneo?

-Desde, luego. La presencia de otro club español da más interés aquí a la competición. Lo único lamentable, en caso de figurar dos equipos españoles, sería que les correspondiese eliminarse entre sí.

-¿Vio usted en algún momento en peligro el porvenir del Madrid en la Copa de Europa?

-Lo vi hundido en un pozo de ochenta metros de profundidad, al terminar el primer tiempo de nuestro partido en Viena. Nos ganaba el Rapid por tres tantos a cero; teníamos, prácticamente, nueve hombres sobre el campo, y mientras los austríacos se crecían por momentos, el Madrid se hundía fatalmente, en el desánimo y el pesimismo. En la segunda parte, nuestros jugadores supieron apelar a ese espíritu que les ha dado fama en los campos extranjeros, y ya sabe usted lo que pasó: no sólo no pudieron volver los austríacos a marcar, sino que los nuestros lograron un tanto que suponía el empate de la eliminatoria.

-¿Cuál es a su juicio, el equipo más fuerte que se ha enfrentado al Madrid en este torneo?

La respuesta es tan breve como fulminante: -El Manchester.

Después, el señor Bernabéu, a quien todo el mundo conoce como un gran optimista, nos confiesa sus pequeñas supersticiones:

-Precisamente allí, en Manchester, uno de los seguidores del equipo, me obsequió, poco antes de comenzar el partido, con un puro. "Fúmeselo -me dijo-, que le traerá suerte" Me lo guardé en el bolsillo, pero poco después pensé: "Este hombre tenía cara de decir la verdad", y encendí el cigarro. A duras penas podía sostener la colilla, quemándome los dedos, cuando el Manchester marcó su primer tanto. Yo veía que el cigarro se terminaba, y los ingleses atacaban cada vez más... Y llegó el empate.

-¿Hubo algo que le hiciese temer la "jettatura" -hablemos en términos italianos- para este partido fínal?

-Le confieso que sí: la visita que me hizo usted antes del encuentro para concertar esta entrevista.

-Celebro no haber sido "gafe".

-Descuide. Si hubiésemos perdido esta tarde, no le habría echado a usted la culpa.

-Tengo entendido que es usted aficionado á los toros.

-Pues tiene usted entendido bien. Soy aficionado de verdad. No como un amigo mío, que me acompañó a presenciar un apartado, y cuando salíamos de la plaza, me dice: "Había un toro blanco y negro muy bonito." Eso es una blasfemia. Se refería a un berrendo.

-Además del fútbol y los toros, ¿tiene usted alguna otra afición?

-Me gusta todo: la buena música, el buen teatro, la buena pintura...

Bernabéu es, ante todo, un hombre humano, y como humano se interesa por cuanto concierne al hombre o proviene de él.

«Es halagador que se nos considere como uno de los mejores equipos del mundo»-Volvamos, si le parece, a la Copa de Europa: ¿Qué beneficio le representa al Madrid su doble brillante campaña en este torneo?

-Permítame que responda a su pregunta con otra pregunta: ¿A cuántos "clubs les interesaría participar en esa competición?

-Yo he venido a preguntar; pero, por una vez accederé a la inversión de los papeles: creo que les interesaría a todos.

-Pues usted mismo se ha dado respuesta.

-Para terminar, señor Bernabéu, no le voy a preguntar nada más, sino que le dejo en libertad para que usted agregue lo que le parezca.

-Pues, simplemente, que en el futuro trataremos de mantenernos en la línea alcanzada, y de hacer honor a quienes, tanto aquí como en el extranjero, nos han distinguido con su confianza. Es muy halagador que en otros países se nos considere como uno de los mejores equipos del mundo. Días pasados, un experto francés se refería a Di Stéfano diciendo: "El mejor jugador del mundo, en el mejor club de Europa" Afirmaciones como ésta se han pronunciado por ahí reiteradamente. Quiero agregar también que para el año próximo trataremos por todos los medios de reforzar el equipo.

-Pero, ¿es que el equipo necesita refuerzos?

-El interés de este torneo crece de día en día, y todos los grandes clubs del extranjero tratan de elevar su nivel. No vamos a ser nosotros menos.

Por lo pronto, don Santiago Bernabéu se dedica a prender idiomas. Nadie tome esto como una broma. Cuando nos despedimos de él aguarda en la habitación contigua el profesor que viene a darle clase de alemán. Definido el hombre, si es que hemos conseguido definirle, queda definido el club.