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El salto al vacío de Boko Haram

La milicia islamista nigeriana, que nació en 2002 como sociedad estudiantil, se ha cobrado solo en lo que va de año la vida de al menos 482 personas. Casi más que en todo 2011

Día 05/05/2012 - 06.37h

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Quizá en recuerdo de su pasado estudiantil, en la ensangrentada carta de presentación de la milicia islamista nigeriana de Boko Haram, los números siempre van por delante. Solo en lo que va de año, la lucha armada de este grupo terrorista se ha cobrado la vida de al menos 482 personas, la mayoría de ellas, al norte del país. Un evidente salto cuantitativo si ponemos estas cifras en relación a 2011, donde la cruzada por la extensión de la sharia (ley islámica) de la guerrilla dejó cerca de 550 víctimas.

En la región, a nadie pilla por sorpresa. Desde su fundación hace apenas una década, Boko Haram -«la educación occidental es pecado», en el dialecto hausa y también conocido como Al Sunna wal Jamma, o «seguidores de las enseñanzas de Mahoma» en árabe- se ha convertido en fiel reflejo del fallido experimento demográfico del país africano: más de 167 millones de personas repartidos casi a partes iguales entre cristianos, sur, y musulmanes, norte.

Así, en 2002, ante la crisis económica que asolaba el país, cerca de 200 estudiantes universitarios de clase alta decidieron establecerse, junto al líder religioso (ya fallecido) Mohammed Yusuf, en un campamento cercano a la frontera con Níger.

El nombre de esta comuna -Afganistán- es cierto que dejaba pocas dudas sobre las intenciones del grupo: establecer un Gobierno islamista en la región. Pero, ¿cómo una simple asociación estudiantil ha degenerado en uno de los grupos terroristas más temidos del continente? Como reconoce a ABC el imán Hussein Zakaria, uno de los principales líderes religiosos locales, «sin el apoyo de buena parte del Gobierno nigeriano, su desarrollo habría sido imposible».

Apoyo «evidente»

Para Zakaria, el séquito político alrededor de Kashim Shettima, gobernador de la región de Borno, resulta clave para entender este sostén: «Ya en enero, uno de los principales sospechosos de la masacre de Madalla [al menos 44 personas perdieron la vida en un ataque contra una iglesia cristiana el día de Navidad] fue detenido en la propia residencia del gobernador. Solo unos días después, el reo escapaba del control policial. El apoyo de Borno es evidente», denuncia el líder religioso.

Sin embargo, no es la primera acusación que recae sobre las autoridades políticas de esta región. El pasado año, el general Jeremiah Useni, presidente del Arewa Consultative Forum (una organización formada por líderes del norte del país), acusaba a Ali Modu Sheriff, exgobernador local, de ser la mano negra detrás del explosivo crecimiento de la milicia.

«En 2002, Boko Haram tan solo era una sociedad estudiantil. Sin embargo, durante su campaña electoral, Ali Modu Sheriff subvencionó y proporcionó armas al grupo para que se convirtieran en camorristas de su candidatura. Simplemente, se le fue de las manos», reconoce el general. Desde entonces, la diplomacia del «Tomahawk» se ha convertido en la seña de identidad de estos talibanes africanos.

Nuevos aliados

Ahora, acaso, con nuevos aliados. Recientemente, el portavoz de Boko Haram reconocía la lealtad espiritual que esta milicia profesa a la red terrorista de Al Qaida (tan solo unos días después de pronunciar estas palabras, Abu Qaqa -seudónimo bajo el que caminan todos los representantes públicos del grupo-, era capturado por las autoridades nigerianas).

Precisamente, para paliar esta presunta amenaza global, el presidente de la vecina Chad, Idriss Deby, exigía esta semana la creación urgente de una fuerza armada conjunta que incluya tanto a Chad, como a Camerún, Níger, Nigeria y la República Centroafricana. «La maldición de estos terroristas se cierne también sobre nuestra región», recordaba el mandatario chadiano.

Sin embargo, y al margen de (presuntas) nuevas alianzas, la furia de Boko Haram continúa sin entender de credo. Pese a que el imaginario colectivo identifica a estos rebeldes como anticristianos, las muescas de su criminal biografía cuentan con más víctimas musulmanas que de ninguna otra religión. No en vano, a comienzos de enero, el grupo amenazaba de muerte al Sultán de Sokoto, Alhaji Muhammad Sa’ad Abubakar, considerado el líder espiritual del islam en Nigeria. De igual modo, el premio Nobel de literatura Wole Soyinka (declarado humanista seglar) asegura haber recibido numerosas intimidaciones por parte del grupo.

De empuñar libros a amenazar a literatos. El pasado estudiantil de Boko Haram hace ya tiempo que quedó atrás.

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