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Erri De Luca: «La revolución no es una rabieta, comporta muertes y violencia»

El escritor italiano presenta en España su último libro, «Los peces no cierran los ojos», un hermoso testimonio vital en el que responde a las cuestiones esenciales de su existencia

Día 04/04/2012

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Los intensos ojos azules de Erri De Luca contienen el fragor de mil batallas. Sus manos, curtidas en obras de frías madrugadas, te saludan con el calor que solo albergan los cuerpos que han vivido los bombardeos de una guerra. Mientras bebe con parsimonia un vino blanco, el escritor italiano se detiene con calma y mesura en los detalles de su vida. Detalles que contiene su nuevo libro, «Los peces no cierran los ojos» (Seix Barral), hermoso testimonio vital contado a través de la lúcida mirada de un niño de diez años que pasa el verano en un pueblo costero de Nápoles.

- ¿Por qué se detiene en los ojos de un niño de diez años, que tienen de especial?

- Porque lo escribí con 60 años, justo cuando habían transcurrido 50, un jubileo. Quise recordarme cuando tenía diez años. Más que sus ojos, es la mirada. Pero no solo la mirada, los cinco sentidos y el más importante de todos el oído. Todas las historias del mundo han llegado a través de lo escuchado. Aquel niño tenía toda la experiencia del mundo y al envejecer esa experiencia se ha visto reducida, no aumentada.

- ¿Qué queda en usted de aquel pequeño que se enamoró de una niña sin nombre?

- El mismo sentimiento equivocado de justicia. Ese niño considera ahora que los errores que se cometieron no pueden ser reparados, no hay perdón que los cicatrice, ninguna condena ni ningún castigo. El niño no denuncia a sus agresores porque sabe que con su castigo no se van a curar sus heridas, sus heridas solo puede curarlas su propio cuerpo. El cuerpo sano es sabio a la hora de curar.

- ¿Cree en la justicia?

- La justicia para mí es que todos seamos iguales, la igualdad, no el castigo a los culpables. Para mí es suficiente, aunque sé que no lo es para el resto del mundo. Mi sentido de la justicia puede ser equivocado, pero me late en el corazón y no lo puedo corregir.

- ¿Es redentora la escritura?

- No. Como lector, la escritura me da compañía. El poeta más grande y el narrador más pequeño me hacen compañía.

- Entonces no sirve para cambiar el mundo.

- Cuando la palabra está prohibida, en una dictadura, cuando existe la negación del derecho a la palabra, ésta sí puede llegar a tener la capacidad de derrocar ese sistema, de luchar contra él. La palabra enciende la energía de la resistencia. Pero en la actual sociedad la escritura solo sirve para darnos compañía. Cuando estuve en Sarajevo conocí a un poeta que organizaba veladas de poesía a oscuras que se llenaban, porque era gente a la que le faltaba de todo y que solo tenía la palabra. De alguna manera, esas palabras eran el contrapeso a su desgracia. Entonces decían: los poetas hacemos el turno de noche para evitar que el corazón de la humanidad se detenga. Yo estoy de acuerdo.

- ¿Qué significado tiene para usted el oficio de escritor?

- En primer lugar, no es trabajo, es una actividad. Para mí ha sido siempre el tiempo en el que no he estado trabajando, el tiempo rescatado de la jornada laboral, siempre muy pequeño y en el fondo del día. Para mí ser escritor es una manera de hacer compañía a la gente. Me gustan los libros y las historias, no los escritores.

- ¿Con el paso del tiempo se ha vuelto más realista o más idealista?

- Más napolitano.

- Y eso que «nacer y crecer en esa ciudad agota el destino»...

- La belleza de ese golfo, fabricado a golpe de catástrofe, es maravillosa, exagerada. Es un golfo que ha ido naciendo por erupciones volcánicas, terremotos... Es la belleza que sale desde dentro de la tierra cuando explota y puede acabar lanzándonos a todos al vacío.

- Estuvo en mayo del 68 y formó parte de Lotta Continua. ¿Sigue creyendo en la revolución?

- No, siento que he formado parte de la última generación revolucionaria. En estos días, las revoluciones solo son posibles en Siria o el norte de África, pero la revolución es efecto de unas condiciones materiales que en nuestra sociedad no se dan. La revolución no es el resultado de una irritación del carácter, es algo más que una rabieta, comporta necesariamente la violencia, una pérdida gigantesca de vidas humanas.

- ¿Confía en la actual juventud como motor de cambio del sistema?

- Veo una juventud que quiere dialogar con el poder, quiere ser escuchada. Es una generación democrática y, por lo tanto, esa es la actitud que toma. Tienen fe en que la otra parte se sentará a escucharlos, pero yo no creo que eso ocurra.

- ¿Qué piensa de la clase política?

- La política es una hermosa palabra. Lo que ahora se hace no es política, es el poder económico de unos pocos y a eso se le llama oligarquía. No utilizaría una palabra noble como es política para describir lo que hacen los administradores de nuestros gobiernos, que se limitan a hacer cuentas, lo que ha convertido a la política en una rama menor de la economía. Esas cuentas que hacen los políticos las pagan los que menos tienen. Los políticos son administradores de una sociedad de acciones de la que son los principales accionistas y ya no hay ciudadanos, sino clientes. Esos clientes se miden por su poder adquisitivo. El que pueda pagar a un buen abogado se podrá permitir justicia, el que tenga una buena renta podrá llevar a sus hijos a un buen colegio y así sucesivamente.

- Entonces, ¿somos todos iguales ante la ley?

- Somos iguales a los monos y tenemos el 80% del patrimonio genético de las moscas. La justicia es una mercancía por la que hay que pagar. La justicia en abstracto, como concepto, no existe. Existen relaciones de poder, de fuerza, entre los contendientes, que son los que van a decidir el grado de justicia de ese momento concreto. La justicia es la fotografía del momento de las relaciones de poder entre dos contendientes.

- ¿Tendrán remordimientos algunos de esos políticos?

- No. De tanto en tanto, las protestas del pueblo los obligan a pensar, pero no se arrepienten. Para que te hagas una idea, suicidios en la clase política no hay.

- El protagonista del libro dice que solo cree en lo que ve escrito. ¿En qué cree usted?

- Creo en el tono de voz de la gente cuando dice las cosas.

- Voluntario en la guerra de los Balcanes, en África, obrero, escritor autodidacta... ¿Tiene la sensación de que ha perdido el tiempo?

- He hecho todo aquello que el tiempo me ha puesto por delante, no he podido escoger. Siento que, de alguna manera, he hecho lo que tenía que hacer. Fui revolucionario porque en el mundo que me tocó vivir estaba a la orden del día; fui a la guerra porque me sentía implicado en ella y soy contrario al bombardeo a las ciudades, es el mayor acto terrorista que se pueda plantear.

- ¿Y qué me dice de la relación que mantuvo con sus padres?

- Sigo pensando que se hubieran arreglado mejor si yo no hubiera estado. Temo haberles estropeado la vida.

El credo de Erri de Luca

Biografía

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