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'Un buen chico': de la memoria a la catarsis

La nueva novela del escritor Javier Gutiérrez Rubio se publica este jueves, 16 de febrero

Día 15/02/2012 - 10.54h
'Un buen chico': de la memoria a la catarsis
El escritor Javier Gutiérrez Rubio. / Archivo

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Ante la avalancha de novedades editoriales de los últimos años y el nacimiento y muerte de editoriales minúsculas, pequeñas, medianas, grandes y babilónicas, parece cada vez más difícil establecer un criterio de elección. Son demasiados los buenos autores que padecen una escasa repercusión mediática. Otras, sin embargo, tienen la suerte de 'fichar'por alguna de esas editoriales potentes que ha sabido reinventarse y ofrecer la difusión que merecen sus prometedores novelistas.

Javier Gutiérrez Rubio es uno de esos casos. Publica mañana, jueves 16 de febrero, 'Un buen chico', de la mano de Mondadori. Se trata de su primer trabajo con una editorial sin pasar antes por el filtro previo de los concursos literarios que muchos autores noveles consideran un trampolín. Sin embargo, el propio autor aclara: "Pasé ocho años sin escribir después de terminar mi primera novela, estaba desmoralizado por no haber conseguido publicarla, a pesar de mi sincera convicción de que era buena. En realidad, ahora me parece increíble que solo la enviara a unas cuantas grandes editoriales y que me desalentara tan rápido cuando esas grandes editoriales me contestaron que no la iban a publicar. Cinco años después de terminar la novela, decidí imprimirla, meterla en un sobre y enviarla a un lugar donde nadie me conocía y gané. Tal vez sin ese pequeño reconocimiento, no habría podido volver a escribir". De sus anteriores trabajos, premiados en dos concursos, afirma: "A pesar de la buena fe de los ayuntamientos que organizan concursos literarios, el hecho es que carecen de repercusión alguna. Para hacernos una idea entre los dos premios de novela que he ganado no suman ni veinte líneas en medios escritos y sólo existe una reseña en Internet".

La primera impresión tras la lectura de 'Un buen chico' es la sensación de KO. Uno solo acierta a pensar que está conmocionado. Eso no siempre es bueno, pero J. Gutiérrez se justifica: "Entiendo que la novela pueda resultar algo perturbadora. Todos los elementos narrativos (ritmo, voz, estructura) y el propio argumento logran generar esa sensación de impacto. Pero nunca fue un objetivo premeditado ni se trata de un broche final que yo buscara. Sencillamente es el resultado de la lógica emocional de los personajes, que desde el principio de la novela van buscando la resolución de un conflicto que llevan años negando y ocultando a sí mismos y a los demás".

La novela arranca con el encuentro fortuito en mitad de Malasaña de Polo, el protagonista, y una antigua amiga a la que hace años que no ve. "La mayoría de los personajes viven obsesionados con el pasado, aunque no tengan una conciencia demasiado clara de ello", aclara Javier. La novela arranca in media res en la trama argumental. Lo que sucedió en el pasado provoca el desenlace final y la fuerte carga emocional de la historia narrativa, no deja tregua al lector en el tiempo real de la lectura.

El autor usa la segunda persona para la narración en 'Un buen chico', lo que le identifica directamente con el protagonista. J. Gutiérrez explica "curiosamente, esta es mi historia menos autobiográfica y, sin embargo, sigue siendo una novela muy personal. Es la voz y es la segunda persona. Esa voz tan intimista, tan mía, tan nacida de mi conciencia, hace que los hechos narrados adquieran una gran verosimilitud, incluso para sentirte un poco expuesto personalmente. Creo que es otra forma de la narrativa del yo. En cierto modo, me pregunto hasta qué punto en la cabeza del lector yo mismo como autor soy intercambiable con el protagonista de la novela".

Los 90, década recurrente en la breve trayectoria narrativa de Javier Gutierrez, se convierten en la referencia del pasado que embebe el devenir de los personajes implicados en la trama argumental. Las referencias musicales de la época, la descripción del barrio de Malasaña en pleno auge del grunge, tras la resaca de los 80 y la ambivalencia para el desarrollo de los dos tiempos narrativos (pasado y presente) podrían convertir 'Un buen chico' en una novela de su tiempo. Pero la carga emocional de la historia trasciende lo circunstancial.

Hablando de generaciones y décadas, Javier tiene una opinión muy clara sobre el panorama literario actual: "Veo un interés en el público por las nuevas voces literarias que no veía desde los primeros años noventa. Yo diría que ha influido la aparición de editoriales independientes con nuevas propuestas como Periférica o Alpha Decay y la renovación generacional de los editores de los grandes grupos aunque creo que el factor decisivo es otro. Más que responder al ciclo estándar de maduración y agotamiento de unas determinadas propuestas narrativas, pienso que está relacionado con la pirámide de población. Son necesarios unos veinte años para que la demanda de una nueva narrativa tenga suficiente peso demográfico y por tanto económico como para hacer viables líneas editoriales más rupturistas. Ahora veo esa demanda en una nueva generación de lectores, mejor dicho en dos generaciones: los de treinta y tantos y los de veinte y pocos".

Prometedor

A pesar de su corta trayectoria, Javier Gutierrez ya se ha convertido en un novelista prometedor. Él mismo reconoce etapas en su bagaje narrativo: "Desde que acabé de escribir 'Lección de vuelo' hasta ahora, han transcurrido más de diez años. Aquello era un diario novelado y lírico, muy autobiográfico y una estructura lineal. Ya en mi segunda novela, ‘Esto no es una pipa’, había trabajado con estructuras narrativas complejas, en ese caso en forma de puzzle. También había comenzado a mezclar elementos claramente autobiográficos con otros de ficción pura. Un buen chico va un paso más allá en esa línea: un argumento enteramente de ficción aunque narrado con la honestidad de un relato autobiográfico”.

Algunos rasgos comunes, en efecto, identifican un estilo similar en las tres novelas: escenarios circunstanciales underground, alardes melómanos, identificación del yo narrador con el yo actor, discurso narrativo progresivo con alteraciones temporales, e, incluso, personajes recurrentes en las obras, como en el caso de ‘Claudia’. "El personaje de Claudia", matiza, "de 'Un buen chico' es muy diferente del que aparecía en ‘Lección de vuelo’ y, sin embargo, en ambos representan la misma idea: el fracaso del primer amor. Esa relación donde uno piensa, por última vez, que el amor es para siempre. Claudia personifica, en ambas novelas, la pérdida de una inocencia sentimental que desarrollamos en la primera adolescencia y que se podría resumir como que el amor es unidireccionalmente positivo. Pues no, el amor rige dos sentidos, el placer y el dolor. La idea de que los sentimientos son un juego de suma cero, que a tanto placer le seguirá un dolor proporcionalmente intenso, eso es lo que representan los personajes llamados Claudia en ambas novelas y por eso me pareció bien ponerles el mismo nombre".

Pero 'Un buen chico' no es, precisamente, una historia de amor, aunque pueda parecerlo por la portada del libro, si no todo lo contrario. El libro contará con una edición italiana que desde el principio se interesó por la publicación en su idioma. Quizás, estén buscando incorporar a su panorama literario un antídoto contra el efecto Moccia.

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