Navidades negras: ¿Como evitar la depresión en estas fechas?
No todo el mundo se siente feliz en estas fechas - a.f.vergara

Navidades negras: ¿Como evitar la depresión en estas fechas?

La cisis, el paro, problemas económicos o familiares pueden hacer que la Navidad no sea una época para muchas celebraciones

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Existen varias razones por las que la Navidad y Año nuevo son una época poco deseada para algunos, además de temida y evitada.

Según especialistas de la salud mental, la depresión en esta temporada del año ocurre por no saber como expresar afecto, lo que conlleva a querer demostrarlo haciendo gastos innecesarios que en muchas ocasiones acarrean más problemas, sobre todo ante problemas económicos, o bien porque las personas se crean altas expectativas en lo que se les va a regalar y al no cumplirse se sienten tristes y decepcionadas.

En algunos casos puede ser porque las personas tuvieron en su infancia malas experiencias antes y/o durante las fiestas, así que se encuentran predispuestos a pasarla mal, según nos cuenta la psicóloga alba Hernáiz Vega.

Otra razón es que los recuerdos de navidades y años nuevos anteriores se apoderan de nuestra mente, recuerdos que fueron muy dolorosos para nosotros: una enfermedad, el rompimiento de relaciones amorosas o amistosas, la lejanía de un ser querido, cambios de localidad, o también la pérdida de un puesto de trabajo.

El hecho de revivir esos recuerdos hace que volvamos a experimentar las mismas emociones que sufrimos en su momento, provocando que en algunos casos sobrevengan las depresiones.

En especial durante Navidad y Año Nuevo que recordamos con más anhelo a los seres queridos que en su momento estuvieron con nosotros, su ausencia se nota más, y por consiguiente el vacío que se sentimos es mucho mayor.

Para otros quizás son fechas que nostálgicamente los remontan a otras pasadas en las que no tenían grandes problemas y en cambio ahora se sienten tan abrumados y decepcionados.

La gente que se deprime en la temporada navideña y que coincide con el fin de año, se pone a evaluar los logros y fracasos del año fijándose solamente en aquello que no pudieron lograr.

Se cree también que otro factor que contribuye a la depresión decembrina es un desorden estacional conocido como SAD (Desorden Afectivo de Temporada), éste lo sufren algunas personas cuando experimentan una reducción en la exposición a la luz del día, asi que los días cortos de invierno contribuyen a que la persona se sienta desanimada.

¿Qué hacer para no deprimirse en Navidad?

Cambia tus expectativas: No esperes a la Navidad y el Año Nuevo para ser feliz, simplemente recibe estas fechas sin esperar grandes acontecimientos, vívelas como unas fiestas más.

No pienses que la navidad y el Año Nuevo son la solución a tus problemas emocionales y sean estas fechas las que llenen los vacíos afectivos que hay en tu interior. Si crees que tu vida no tiene sentido dale un cambio, tienes todo un año y los que vendrán para lograrlo.

Aumenta tu capacidad para ilusionarte y date la oportunidad de sentirte contento, es trabajo sólo tuyo.

Si nuestro estado de ánimo anda por los suelos, es momento de revisar nuestro interior para lograr deshacernos de ese pasado que nos atormenta. Con este ejercicio podremos además conocer aquellas conductas que nos limitan y que nos impiden cambiar el rumbo de nuestra vida. No permitas que los pensamientos derrotistas y negativos aparezcan, sustitúyelos por los de carácter positivo.

Evita el agotarte mentalmente con las compras, la comida, los regalos, las visitas e intenta relajarte y disfrutar del momento. Puedes ayudarte haciendo una lista de lo que tienes que hacer, establece prioridades y delega responsabilidadades.

Durante estas fechas la gente deprimida lo esconde ya sea alejándose, poniéndose a la defensiva o llevando todo al extremo, sobrepasan límites en la comida y la bebida sintiéndose peor luego, disfruta sin excesos.

Si no consigues el objetivo y la depresión continúa semanas después de las navidades, debes consultar a un médico, o a un psicólogo.

Sobrevivir a la Navidad

Como todo en esta vida, la Navidad tiene sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas. Fiestas de empresa, compromisos familiares, tradiciones, comilonas, regalos, recuerdos…pueden hacer que adoremos esta época del año o que estemos contando los días para que se acabe.

De nuevo, y como en cualquier crisis que se precie, hay que procurar sacar lo máximo de cada situación, vamos, que aunque no puedas elegir las circunstancias que te toca vivir siempre puedes elegir como vas a vivirlas.

¿se trata de depresión o simplemente de tristeza?

Cuando hablamos de depresión nos referimos, en rasgos generales, a un estado de ánimo caracterizado por la tristeza, la anhedonia (incapacidad para sentir placer) y la abulia (falta de energía), que se mantiene durante un periodo mínimo de dos semanas.

Un alto porcentaje de las personas que padecen depresión también manifiestan síntomas somáticos, es decir, frecuentes dolores de cabeza o musculares, mareos, malestar gástrico…todo ello se ve agravado si concurren con síntomas ansiosos, como la taquicardia o la sensación de opresión en el pecho.

Según el doctor Luis Caballero, médico psiquiatra del Hospital Universitario Puerta de Hierro, la «presencia conjunta de ansiedad, depresión y síntomas somáticos es casi más la norma que la excepción».

Las personas que padecen depresión suelen acudir en un primer término a los servicios médicos de Atención Primaria. Cuando cuando los analgésicos no cumplen su función, el médico, ante la imposibilidad de dar con un diagnóstico claro, ha de investigar y averiguar el origen de la verdadera patología, la depresión.

De hecho, en España hay entre 1,2 y 1,5 millones de personas que padecen un trastorno depresivo, aunque se estima que un 35% de los casos no se llega a diagnosticar.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la depresión es la cuarta causa de discapacidad en el mundo.

Momentos de duelo

El duelo puede definirse como la experiencia de una persona tras una pérdida o como el proceso de adaptación a esa pérdida. De esta forma, es un proceso psicológico normal que nos permite asumir una nueva realidad, en la cual nuestro ser querido ya no está.

Según la psicóloga Alba Hernáiz Vega, las manifestaciones son parecidas a una depresión, pero no es lo mismo. En ambos casos pueden encontrarse síntomas clásicos como trastornos del sueño, del apetito e intensa tristeza. Sin embargo, en el duelo no se da la pérdida de autoestima característica de la depresión clínica. Las manifestaciones más características del duelo normal son:

- Sentimientos de tristeza, enfado, culpa y autorreproche, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, shock, anhelo, alivio o insensibilidad, entre otras.

- Sensaciones físicas como vacío en el estómago, opresión en el pecho o en la garganta, hipersensibilidad al ruido, sensación de despersonalización, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía o sequedad de boca.

- Cogniciones o patrones de pensamiento que son normales en las primeras fases del duelo, pero que si persisten pueden desencadenar sentimientos que desemboquen en una depresión o problemas de ansiedad.

- Estados de confusión, distracción, incredulidad, preocupación, sentido de presencia, experiencias ilusorias pasajeras e incluso alucinaciones.

- Conductas que desemboquen en trastornos del sueño, trastornos alimentarios, hiperactividad desasosegada, aislamiento social, llorar en exceso, soñar con el fallecido, buscar y llamar en voz alta, visitar lugares relacionados, llevar consigo objetos o atesorar pertenencias, o por el contrario, evitar recordatorios del fallecido, lo cuál en estas fechas suele ser complicado y la ausencia se hace especialmente notable.

Aunque la depresión no es lo mismo que el duelo, suele ir asociada a éste. Así, nos aclara Alba Hernáiz, «algunas personas desarrollan episodios depresivos mayores después de una pérdida».

Por lo tanto, para que este proceso normal por el que todos pasamos ante una pérdida no se complique y desencadene un duelo patológico, crónico, no resuelto o enmascarado, es importante recibir asesoramiento psicológico. Los principales objetivos terapéuticos son:

-Aumentar la realidad de la pérdida.

-Identificar, experimentar, aceptar y expresar los sentimientos y emociones.

-Superar los diferentes obstáculos y reajustarse después de la pérdida.

-Recordar a la persona fallecida y sentirse cómodo al seguir viviendo.

Asimismo, el término duelo no se refiere exclusivamente a un fallecimiento, ya que puede aplicarse a otros tipos de pérdidas, como una enfermedad, una ruptura sentimental, estar en situación de desempleo, encontrarse o tener a un ser querido en el extranjero, etc.

En estas fechas, nos cuenta la psicóloga Alba Hernáiz Vega, «es recomendable tener en cuenta que el dolor y los recuerdos nos acompañarán, por lo que intentar ocultarlo, evitarlo o huir no hará que desaparezcan». Por ello es importante construir una nueva manera de celebrar la Navidad. Reunir a la familia para hablar y tomar en conjunto las decisiones correspondientes, acordar un pequeño homenaje o acto simbólico para recordar a la persona ausente, incluir a los niños por pequeños que sean y arroparse en la familia, pueden ser formas de afrontar eficazmente el dolor.

«No puedo, no me apetece»

Todos en algún momento de nuestra vida nos sorprendemos diciéndonos a nosotros mismos frases del tipo «No puedo» o «No me apetece».

Estas frases son clásicos mecanismos automáticos que utilizamos para engañarnos a nosotros mismos y llevarnos sin darnos cuenta a la inercia, a la tristeza, a la apatía e incluso a la abulia. Son la forma perfecta de entrar en un bucle del cual, posteriormente, no sabemos ni salir ni cómo hemos entrado.

Cabe tener en cuenta que el uso de estas frases de manera puntual no conlleva ningún riesgo, ya que nos permiten tomar aire o darnos un respiro sin sentirnos mal. El problema surge cuando las utilizamos de manera indiscriminada o se convierten en pensamientos automáticos, los cuales irrumpen con tanta que ni si quiera somos capaces de plantearnos si son reales o no, lo que nos deja sin recursos y opciones para salir del bucle en el que nos encontramos o transformar la situación que vivimos.

Para desarticular estos pensamientos es importante tomar conciencia de cuándo nos asaltan. Lo segundo, es preguntarnos qué función cumplen o qué ventajas no están aportando (si es que hay alguna). Respecto a la frase «Esto no sirve para nada», no podemos esperar que las cosas cambien si nosotros seguimos haciendo lo mismo de siempre.