La Guardia Nacional venezolana vigila la entrada de un supermercado de Caracas
La Guardia Nacional venezolana vigila la entrada de un supermercado de Caracas - reuters

En Venezuela solo quedan productos básicos para cuarenta días

Nicolás Maduro prometió exportar alimentos a los países árabes cuando el país importa el 70 por ciento de todos los productos que consume

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En las colas de los supermercados y farmacias  de Venezuela se respira indignación. Lo último que han descubierto estos pacientes venezolanos es que hay que mostrar el carnet de identidad y, en función de cuáles sean los últimos números de su cédula, podrán entrar al establecimiento una vez a la semana para comprar dos productos por persona. Racionamiento al mejor estilo cubano, y sin necesidad de libreta.

A los venezolanos nos les ha gustado nada que su presidente, Nicolás Maduro, cuyapopularidad ha caído en barrena hasta un precario 22%, haya hecho una larga gira de diez días por Rusia, China y países árabes con una comitiva de 70 personas, incluida su numerosa familia, en la que han gastado más de tres millones de dólares, mientras el país vive en la penuria y el presupuesto nacional hace aguas.

Pero lo peor es que el mandatario ha regresado con las manos vacías. El auxilio financiero que esperaba obtener de Rusia y China para paliar la crisis ha sido un espejismo, pues los proyectos de inversión por valor de 17.000 millones de dólares que les ofrecieron los chinos son para su aplicación a medio y largo plazo, y no servirán para cubrir el dramático déficit de divisas. Estas son las condiciones en las que vive un país al borde del colapso.

Importa casi todo lo que consume

Maduro anunció en Qatar a los emires y príncipes herederos que Venezuela «exportará alimentos a los países árabes». ¿Qué alimentos? Venezuela sufre el peor desabastecimiento histórico en 50 años. Según el presidente de la patronal Fedecámaras, Jorge Roig, al país sólo le quedan «40 días de abastecimiento de productos básicos». El representante de los empresarios sostiene que, aunque Maduro decidiera dar un giro a su modelo económico y aplicar medidas como eliminar los controles que ahogan las finanzas del país, «aunque hiciera las cosas bien, en tres meses no habrá estantes llenos». Venezuela importa hoy el 70% de su consumo. Hace 16 años años, antes de la era chavista, se importaba el 30%.

El desabastecimiento actual abarca a un 60% de los productos, según cifras oficiales, y se agrava por las «compras nerviosas» de los consumidores. «Esas compras nerviosas hacen que ninguna economía del mundo pueda reaccionar porque estás comprando más de lo que necesitas y la oferta no está preparada», dice Roig.

Imprimir billetes sin respaldo económico

La producción venezolana está postrada, prácticamente paralizada. Durante su gira, que algunos políticos la compararon como «el viaje de su despedida», los ministros de Maduro convocaron a los industriales del país para pedirles que aceleraren la producción interna. Pero los industriales se quejaron de que desde noviembre no les liquidan las divisas para importar materia prima y así no hay manera de cumplir con la producción. Maduro ha postergado indefinidamente dos medidas claves para reactivar la economía nacional –dejar de subvencionar los precios de la gasolina y acabar con los controles del cambio de divisas– por temor a un estallido. Pero el malestar social está a punto de ebullición sin ni siquiera haber aplicado la subida del precio de la gasolina o haber desmontado el control de cambio. Su indecisión ha empeorado la situación y ha debilitado su margen de maniobra. Las arcas se han vaciado y el precio del petróleo ha caído un 60%.

Las reservas internacionales de divisas se redujeron en más de 1.250 millones de dólares en lo que va de enero. Las calificadoras de riesgo han bajado la categoría a menos C, colocando a Venezuela a punto de un colapso financiero y del impago de su deuda. Por ahora la salida de Maduro ha sido la de imprimir billetes sin ningún respaldo económico.

Crispación política

Maduro ha acusado a la oposición venezolana de gestar un supuesto «cronograma de violencia», que en su opinión «responde a agendas ocultas». Asegura que se han descubierto graves irregularidades en varios comercios que responderían a una supuesta «insurrección burguesa». El mandatario declaró que «la oposición ha intentado crear una emboscada económica contra el pueblo y aprovechar la ocasión para hacer un llamamiento alocado y desesperado a no respetar la Constitución para pasar de la guerra económica al golpe económico». Quien más leña echa al fuego es el exmilitar Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, quien en su programa de radio «Con el mazo dando» arremete contra las empresarios y amenaza con expropiarlos (confiscarlos más bien) si no aumentan la producción nacional.

Financiación de proyectos fantasma

Para el diputado de Un Nuevo Tiempo, Elías Mata, miembro de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, el caos económico «es el legado terrible del manejo irresponsable que el gobierno nacional tuvo de los inmensos recursos petroleros que llegaron a nuestro país». Para el diputado esta irresponsabilidad está vinculada a la implantación de un «modelo comunista obsoleto, anacrónico, que denominan Socialismo del siglo XXI, un fracaso catastrófico para el pueblo venezolano».

Entre los seis «grandes pecados económicos» que cometió el Gobierno y que han llevado al pueblo venezolano a «una crisis de proporciones colosales», Mata menciona el de la corrupción. Especialmente el del Fondo de Desarrollo, Fonden, con más de 120.000 millones de dólares que fueron «dilapidados sin control, pasto para la corrupción que se ha tragado una pequeña elite gubernamental, que se hizo rica con dinero público». Desde el Fonden se «financiaron» miles de proyectos fantasma en todo el país, «elefantes blancos que no pasaron de ser una maqueta», obras inconclusas con vistosas vallas.

La corrupción se ha tragado la riqueza de la bonanza petrolera. Los mismos chavistas, según el portal de Aporrea.com, aseguran que más de 270.000 millones de dólares se han evaporado en manos corruptas.