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Siria, varias guerras en una

El conflicto se ha convertido en un teatro bélico de alcance internacional con múltiples facciones enfrentadas

daniel iriarte - Actualizado: Guardado en: Internacional

Lo que comenzó como un conflicto armado entre el régimen sirio y una insurgencia compuesta en su mayoría por desertores se ha convertido en un teatro bélico de alcance internacional con múltiples facciones enfrentadas, similar al del Líbano en los años 80. Parte de la dificultad para comprender lo que está pasando en Siria se deriva del hecho de que no se trata de una sola guerra, sino de varias.

En primer lugar, el conflicto parece cada vez más un escenario del conflicto entre chiíes y suníes. Tanto el presidente Bashar Al Asad como su entorno cercano son alauíes, una rama heterodoxa del chiísmo. Cuentan con el apoyo tanto de Irán como de la milicia libanesa chií de Hizbolá. Y frente a ellos, una oposición abrumadoramente suní, respaldada por las grandes potencias de esta rama del islam: Arabia Saudí, Catar y Turquía.

Tres cuartas partes de la población siria son suníes, a pesar de lo cual han permanecido apartados de un poder acaparado por los alauíes, lo que ayuda a explicar el alcance de la revuelta contra el régimen. Sin embargo, el comportamiento rabiosamente sectario de los insurgentes no solo ha alienado a otras minorías como los cristianos y los drusos, sino que ha radicalizado a alauíes y chiíes. Hizbolá ya combate abiertamente al lado de las tropas gubernamentales, y también hay constancia de voluntarios chiíes de países como Afganistán.

Rusia es la principal proveedora de armas del régimen sirioLa guerra tiene, además, una importante dimensión internacional. Damasco cuenta también con el respaldo de Rusia, la principal proveedora de armas del régimen sirio. China no está implicada directamente, pero no ve con buenos ojos la intromisión de las potencias occidentales en el conflicto, por lo que ha apoyado a Moscú a la hora de vetar todas las iniciativas de condena del régimen sirio en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La insurgencia aparece fragmentada y poco dispuesta a coordinarse para lanzar grandes ofensivas, aun en el caso de que se les suministrase armamento pesado. A los batallones de las regiones del norte les apoyan sobre todo Turquía y Catar, a pesar de la creciente islamización entre sus filas y a los cada vez más frecuentes episodios de saqueo y violaciones de derechos humanos. En cambio, EE.UU., Francia, Jordania y Arabia Saudí parecen haber optado por la estrategia del «frente sur», formando a combatientes profesionales en suelo jordano e infiltrándolos poco a poco a la espera de poder lanzar una campaña en las cercanías de Damasco.

A casi todos los observadores les preocupa la presencia de yihadistas de todo el mundo en territorio sirio. Entre los diferentes grupos destaca el Emirato de Irak y el Levante (región árabe que supuestamente engloba Siria, Israel, Líbano, Palestina y Jordania), nacido a partir de la antigua Al Qaida en Irak, y el Frente Al Nusra, que ha recibido apoyo de los primeros pero que se han resistido a fusionar ambos grupos. Ambos cuentan con algunos de los combatientes más experimentados y disciplinados, pero su campaña de islamización forzosa de la población civil despierta cada vez menos simpatías entre los opositores.

La causa kurda

Los kurdos, por su parte, mantienen una estrategia independiente. La población kurda en Siria alcanza los 4 millones, a pesar de lo cual han sido la minoría más maltratada por el régimen. Tampoco la oposición se ha mostrado muy dispuesta a abordar el problema kurdo, por lo que estos han decidido establecer su propia autonomía ‘de facto’ en el norte del país. Las milicias kurdas han preferido evitar en lo posible los enfrentamientos con las tropas gubernamentales, pero ahora combaten encarnizadamente contra los yihadistas del Frente Al Nusra, muy activo en las zonas kurdas.

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