ESCALADA MILITAR EN ASIA

Kim Il-sung, el «Presidente Eterno» de Corea del Norte

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Por todo lo alto, Corea del Norte celebra este lunes el 101 aniversario del nacimiento de Kim Il-sung, fundador del país y abuelo de su actual dictador, el joven Kim Jong-un. Aunque Kim Il-sung falleció el 8 de julio de 1994 a los 82 años, sigue siendo el jefe del Estado porque la Constitución lo reconoce como «Presidente Eterno». Desde el mausoleo de Kumsusan, donde se exhibe su cuerpo embalsamado para adoctrinamiento de las masas, Kim Il-sung continúa rigiendo el destino de los norcoreanos debido al delirante culto a la personalidad que lo ha elevado a una categoría sobrehumana, casi divina.

Nacido en el seno de una familia humilde en Mangyongdae, la Colina de los Mil Escenarios, huyó a la región china de Manchuria en 1920 por la ocupación japonesa de la Península Coreana y se unió de joven a la guerrilla comunista que, apoyada por la Unión Soviética, luchaba contra el invasor. Convertida en otro museo más por la propaganda del régimen, la choza donde vino al mundo es visitada cada día por unas 5.000 personas – 20.000 en su aniversario – que desfilan tan perfectamente formadas que parecen disciplinadas compañías militares en lugar de meros visitantes.

Tras la derrota nipona en la Segunda Guerra Mundial, Stalin aupó al poder a Kim Il-sung en el norte de Corea mientras Estados Unidos amparaba un Gobierno afín en el Sur, repitiendo la misma división que ya había sufrido Alemania. Aunque Kim Il-sung intentó conquistar el Sur en 1950, la guerra acabó tres años después en tablas y en el mismo lugar donde había empezado: el Paralelo 38 que aún separa a las dos Coreas.

Desde entonces, Kim Il-sung impuso un régimen autocrático tan personalista y kafkiano que parece sacado de la novela «1984», de George Orwell. A modo de «Gran Hermano» de ojos rasgados, su retrato es omnipresente en Corea del Norte y preside todas las plazas y edificios y hasta los vagones de metro y las casas. Ni siquiera durante la «Gran Hambruna», que se cobró entre 300.000 y dos millones de vidas a mediados de los 90, las familias que no tenían nada que echarse a la boca se desprendieron de sus cuadros de Kim Il-sung, como relata con su aguda sensibilidad la periodista estadounidense Barbara Demick en su libro «Querido Líder: Vivir en Corea del Norte» (Turner, 2011).

Estatua de bronce de 30 metros

Ante la estatua de bronce de 30 metros de altura de Kim Il-sung que preside la colina de Mansudae, junto a la que se ha erigido otra de su hijo, el «Querido Líder» Kim Jong-il, los recién casados acuden para bendecir su matrimonio por la causa revolucionaria y depositar ofrendas florales.

En la plaza Kim Il-sung, escenario de multitudinarias celebraciones y desfiles militares, un retrato de juventud del «Presidente Eterno» cuelga en la sobria fachada del Ministerio de Agricultura frente a los cuadros de Marx y Lenin que destacan en la sede del contiguo Ministerio de Comercio Exterior. Justo enfrente, el Gran Palacio de Estudio del Pueblo se enorgullece de tener en sus 100.000 metros cuadrados más de 30 millones de libros, entre los que destacan las 18.000 obras que, con una extensión mínima de 150 páginas, el régimen atribuye al «Gran Líder» Kim Il-sung, quien creó la particular filosofía «juche» que caracteriza a este sistema comunista. Dicho pensamiento sitúa a «las masas populares como el motor de la revolución porque el hombre es el maestro de todo y puede hacer lo que quiera», pero luego lo deja todo en manos de sus reverenciados dirigentes.

En honor de esta filosofía se erigió en 1972 la «Torre de la Idea Juche», el monolito más alto del mundo al medir 170 metros y donde decenas de placas enviadas desde otros países, sobre todo durante los años 70 y 80, rinden homenaje al «kimilsunismo». Como hacían los antiguos emperadores, el nacimiento del «Presidente Eterno» ha marcado además un nuevo calendario en Corea del Norte, que se encuentra en el Año Juche 102.

Panteón megalómano

Junto a Lenin, Mao Zedong y Ho Chi Minh, el dirigente norcoreano forma parte del club de ilustres momificados, pero su panteón de Kumsusam excede en majestuosidad y megalomanía a los de los otros mandatarios. Declamando como plañideras consternadas, las guías del recinto explican el dolor que embargó al pueblo norcoreano al enterarse de la defunción de Kim Il-sung. Por el «Gran Líder» se guardó un luto de diez días en el que cientos de miles de personas presentaron su último homenaje a su cadáver y lloraron delante de su ataúd «hasta que sus lágrimas se fundieron con el mármol para brillar hoy como diamantes». Así lo explica, con un tono engolado que parece sacado del NO-DO, el audífono en castellano entregado a los visitantes, que pueden contemplar las 280 medallas otorgadas por 70 países, la mayoría del antiguo bloque comunista y africanos, a Kim Il-sung, quien aparece en fotografías junto a destacados personajes mundiales como Arafat, Gadaffi, Obiang y Daniel Ortega. Entre esas condecoraciones destacan dos españolas: una de la Fundación Pablo Iglesias concedida en 1977 y otra de la Asamblea de Madrid de 1992.

A continuación, se puede ver el tren con el que el «Presidente Eterno» recorrió durante su largo mandato 152.000 kilómetros en Corea del Norte y medio millón en el resto del mundo, así como el reluciente Mercedes SEL 600 V12 que le regaló su hijo. Pero, en realidad, ese Mercedes es poca cosa en comparación con los más de 200.000 presentes regalados por dirigentes de 179 países a Kim Il-sung. Junto a los más de 55.000 objetos ofrecidos a su hijo, se exhiben en 250 salas del Museo Internacional de la Amistad.

Abierto en agosto de 1978, este pomposo palacio se encuentra a 200 kilómetros de Pyongyang en el bellísimo marco natural del Monte Myohyang. En dicho paraje se ha horadado una montaña entera para, según las autoridades, proteger los obsequios de un posible bombardeo en caso de guerra, ya que en esta valiosa colección figuran piezas tan señaladas como dos vagones de tren regalados por Stalin y Mao, un maletín de piel de cocodrilo de Fidel Castro, una pitillera de oro del mariscal yugoslavo Tito, un jarrón de nácar de Arafat, un rifle de caza de Putin, un florero de cristal de Miterrand, un «kalashnikov» usado en la guerra de Angola y hasta un frutero de plata que Madelaine Albright trajo en su visita del año 2000. Por parte española hay 12 regalos, la mitad de ellos concedidos por Santiago Carrillo, como un galeón, una espada y una figura de Don Quijote y Sancho Panza.

«El mundo percibe erróneamente a Corea del Norte como un Estado comunista fallido cuando en realidad se trata de un Estado ultranacionalista en ascenso», explica a ABC Brian Myers, profesor de Estudios Internacionales en la Universidad de Dongseo, en Busan, y autor del libro «The cleanest race». A juicio de este experto en la propaganda norcoreana, «un Estado basado en lo militar no puede echarse atrás sin perder la justificación de su existencia, como le pasó a la dictadura argentina tras perder la guerra de las Malvinas. Esto hace la situación en la Península Coreana mucho más grave de lo que el mundo se imagina».