Convoy israelí en la frontera con Siria
Convoy israelí en la frontera con Siria - REUTERS
50 años de la Guerra de los Seis Días

1967, el año que Israel vislumbró un imperio sionista

El Gobierno israelí ha desclasificado documentos y grabaciones censuradas por el aniversario de la batalla

MadridActualizado:

La independencia de los países de Oriente Próximo marcaría un antes y un después en la Historia. El mapa establecido por las Naciones Unidas dio pie a los conflictos que más de medio siglo después siguen vigentes. El planteamiento de las fronteras favorables hacia Israel de la institución internacional ocasionó que la antigua tierra de Palestina, que había estado bajo el colonialismo británico, y antes otomano, acabara en poder de los judíos en casi un 55% de su totalidad bajo el nuevo Estado de Israel en 1947.

Tal vez el 50 aniversario de un enfrentamiento bélico que posicionó a Israel en el mapa como un gran estratega mundial haya llevado al Gobierno de Netanyahu a desclasificar documentos y grabaciones ocultos de la Guerra de los Seis Días, dos semanas antes de que el acontecimiento cumpla medio siglo. El pueblo de Israel pasó del miedo a plantearse la idea de convertirse en un imperio sionista en tan solo dos días de este 1967, tras observar que estaban resultando victoriosos contra tres países. Para los palestinos supuso otro periodo de su «Nakba», expulsión o marcha que se inició en 1948, pero que con la ocupación durante la Guerra de los Seis Días vivió su especial apogeo.

Algunas de las conversaciones que publicó el diario hebreo «Haaretz», sobre dichos documentos, airearon las intenciones de Israel de aprovechar el conflicto para hacer una «purga» de árabes y expulsarlos de Jerusalén este. De alguna manera, haber derrotado a las tropas egipcias de Nasser les hizo plantearse que podían ir mucho más allá. Al igual que también sopesaron la idea de proseguir la batalla hasta Beirut para conquistar el Líbano.

El documental «Voces Censuradas» ya adelantó dos años antes algunas grabaciones días después de la batalla que realizaron los escritores israelíes Amos Oz y el fallecido Avraham Shapira, donde

Los árabes habían tenido experiencias similares a las nuestras en la Segunda Guerra MundialSoldado israelí en 1967

algunos de los soldados se abrieron sobre lo que esa victoria supuso para ellos. «Vi a los refugiados árabes saliendo de Jericó y me identifiqué con ellos, con aquellos padres llevando en brazos a sus hijos. Los árabes habían tenido experiencias similares a las nuestras en la Segunda Guerra Mundial. Me vi haciendo algo no muy distinto a lo que nos hicieron los nazis», confesó un soldado.

Algunos de estos militares confiesan que de alguna manera decidieron participar en la guerra para aportar algo más a su país. «Las guerras que experimenté desde niño pertenecían a los héroes. La gente tomó riesgos en temibles batallas, una vida en la Diáspora para construir el país». Pero esta contribución se truncó de alguna manera en su interior cuando vieron en primera persona lo que realmente era participar en una guerra. «De repente me di cuenta de lo idiota que era, ¿por qué quiero ir a la guerra?», confesó un militar.

La ocupación de los territorios asignados por la ONU para los palestinos en Gaza, Jerusalén este y Cisjordania fueron ocupados por los judíos en esta batalla. Las historias de estos soldados que vivieron la conquista de Jerusalén tienen sentimientos encontrados, «eran soldados contra civiles. Cogimos prisioneros», increpó un militar confundido. Mientras que la ocupación o liberación era un asunto que para muchos de los que lo vivieron estaba claro, «para mí no era una ciudad liberada, era una ciudad ocupada», comentó un soldado, «la expresión territorios liberados me asusta, yo no creo que la tierra pueda hablar, llorar o exigir. Creo en las personas, no en la tierra», añadió otro. En cualquier caso, el propósito de entrar a Jerusalén no fue tanto evitar que entrara el enemigo, pues el objetivo eran los palestinos: «Teníamos órdenes de echar a la gente».

El sentido de que las fuerzas árabes se posicionaran cerca de las fronteras o que Israel no esperara que atacaran ante los otros lo interpreta Amos Oz: «Creo que en realidad tenemos miedo los unos de los otros». Un temor que, según el escritor, durante el documental casi medio siglo después, todavía se manifiesta entre los dos pueblos de Israel.

Las tensiones entre árabes y judíos que un día vivieron en condiciones más fraternales llevaron a una tensa población a generar un Apartheid a lo sudafricano, que consistió en escalas sociales donde los árabes no podían acceder a una serie de trabajos y que las escuelas se dividieran. La falta de voluntad de sentarse a una mesa de negociaciones y la falta de defensa del pueblo palestino llevó a una recién formada institución de países hablantes de la lengua árabe, los inicios de la Liga Árabe encabezada por el líder egipcio, Gamal Abdel Nasser, a fundar la Organización por la Liberación Palestina (OLP) a mediados de los años 60.

El Gobierno egipcio comenzó a frustrarse ante la falta de atención a sus demandas sobre la retirada de las tropas de interposición de la ONU en la península del Sinaí, que habían conquistado los israelíes junto a los británicos y los franceses hasta que Naciones Unidas se posicionó en el terreno. Nasser decidió armar a los palestinos de Gaza, firmar un pacto con Siria, Jordania e Irak, y bloquear los buques de los judíos que pasaban por el estrecho de Ákaba, situado entre Egipto y Arabia Saudí.

Seis días y dos frentes: árabes y judíos

Soldados isralíes
Soldados isralíes- REUTERS

Temiendo un ataque, el Estado judío lanzó una ofensiva el 5 de junio de 1967 con casi todos sus aviones dirigidos a las 19 bases aéreas egipcias más importantes a través de una ruta que carecía de radares. Al mediodía, la mayor parte de los efectivo aéreos de Egipto estaban destruidos. Los israelíes eran «dueños» del cielo. Mientras que en tierra, los tanques protagonizaron la batalla en la península del Sinaí, aunque con la ayuda de la aviación. La aviación israelí atacó también la base iraquí, que hubiera sido la última esperanza de tener un despliegue aéreo del bando árabe.

Siria se desplegó por el norte de Israel, momento en que Jordania se estaba viendo cercada por el enemigo. Israel logró reabrir el estrecho de Áraba que pasa a través de la península del Sinaí, el cual no había podido navegar porque Egipto no se lo permitía. La ocupación hebrea llegó hasta el canal de Suez. Mientras que los aliados, Jordania y Siria aguantaron algo más. En Jerusalén la batalla ocurrió casa por casa, hasta su total ocupación.

Pero los israelíes avanzaban rápidos, hasta que el rey jordano no pudo más y pidió un armisticio, que no se cumplió porque los judíos llegaron hasta el río Jordán. Jordania se retiró de la batalla. Los hebreos quisieron avanzar tan rápidos que atacaron por error un barco estadounidense «Liberty» en el que murieron 34 personas y 173 resultaron heridas. Se planteó una tregua entre ambos bandos que Egipto aceptó pero Siria negó, por lo que la batalla se dirigió solo contra las tropas de Hafez Al Asad.

La voluntad de los sirios se vio coaccionada por falsos informes de los egipcios sobre una posible aplastante victoria que les motivó a entrar en guerra. Cuando los hebreos completaron su misión en Egipto, se centraron en los asirios de los Altos del Golán. Siria se percató de que Egipto le había engañado y durante la noche del 9 de junio los israelíes destruyeron desde el aire dos terceras partes de sus batallones, por lo que la tercera parte decidió retirarse de la zona para dirigirse a bombardear a los civiles del Valle de Jule. Sin embargo, los hebreos tenían informaciones privilegiada sobre las fortificaciones militares sirias recopiladas por el Mossad, agencia de inteligencia israelí. Los sirios no pudieron detenerles y perdieron la batalla.

Israel tenía el camino libre para llegar a Damasco, pero la presión recibida por parte de las autoridades del Consejo de Seguridad de la ONU les hizo aceptar el alto el fuego y retroceder. Solo seis días duró la batalla en la que Israel ganó y triplicó su tamaño.

Las transformaciones de la Guerra de los Seis Días para la geopolítica de Oriente Próximo no se previeron, incluyendo el auspicio de un futuro incierto como refugiados. Sin embargo, el conflicto sí benefició al movimiento armado palestino. Con la ocupación israelí de los territorios de Gaza y Cisjordania, las milicias pudieron presentarse como portavoces de los derechos palestinos de los territorios ocupados.