Entrevista

Nur Masalha: «Que el judaísmo se lleva en la sangre es otro mito sionista»

Se cumplen 69 años de la Nakba palestina y el 50 aniversario de la Guerra de los Seis días

Entrevista al historiador palestino y profesor en la Escuela de Estudios Africanos y Orientales de la Universidad de Londres

Foto de 2006 en la que una niña palestina pasa junto a un mural que recuerda el Nakba, o Día de la Catástrofe, en el campo de refugiados de Balata, cercano a la ciudad cisjordana de Naplus
Foto de 2006 en la que una niña palestina pasa junto a un mural que recuerda el Nakba, o Día de la Catástrofe, en el campo de refugiados de Balata, cercano a la ciudad cisjordana de Naplus - EFE

Año especial, año trágico. Para los palestinos, en 2017 se cumple un siglo de la declaración de Balfour en la que el Gobierno británico decidió apoyar la creación de un hogar judío en Palestina, cincuenta años del aniversario de la Guerra de los Seis Días en la que Israel configuró un nuevo Oriente Medio y 70 años de cuando la ONU propuso la partición de Palestina. Un año más tarde se creó el Estado de Israel, una catástrofe (Nakba) para el pueblo palestino. Según la Oficina de la ONU para los refugiados (Acnur), aproximadamente una tercera parte de la población refugiada del mundo es de Palestina, con más de 5 millones de refugiados.

Los palestinos conmemoran cada año la «Nakba», sinónimo de éxodo de cientos de miles de personas han sido expulsados o que huyeron en 1948. El 15 de mayo los palestinos «celebraron» ese fatídico día. Una semana más tarde, el presidente de Estados Unidos aterrizará en la zona para una visita de tan solo 28 horas, en las que se reunirá con su homólogo palestino, Mahmud Abbas, en el palacio presidencial de Muqata de la ciudad cisjordana de Belén.

—¿Una solución a corto plazo es posible?

—Es muy improbable. Tenemos a un nuevo inquilino en la Casa Blanca totalmente imprevisible. Nadie sabrá qué hará Donald Trump mañana y parece que la agenda doméstica es mucho más importante para él. Por primera vez, un país como Estados Unidos está gestionado por una familia de negocios. Y Trump no entiende el conflicto —responde Nur Masalha, historiador palestino y profesor en la Escuela de Estudios Africanos y Orientales (SOAS) de la Universidad de Londres.

La política y la simbología van de la mano. «Belén es un gueto. Las ciudades palestinas están cercadas por muros que las separan de asentamientos de colonos procedentes de Nueva York. Trump quiere levantar un muro con México pero en Palestina los muros están en todas partes. Son símbolos de la estrategia sionista de "más tierra y menos árabes"», denuncia Masalha, de visita en la Casa Árabe de Madrid para hablar de la fundación del movimiento sionista y la expulsión de los palestinos en la primera parte del siglo XX.

¿Historiador en Londres o activista palestino?

Soy historiador, pero también activista por los Derechos Humanos, así que tengo una visión moral de las cosas. No se puede ser completamente neutral en un tema. Pero mientras que los políticos hacen propaganda -dicen lo que la gente quiere escuchar- y la prensa se ve a menudo contagiada por sus vicios, los historiadores vamos a los hechos, a la verdad. Los historiadores tienen que probar las cosas para decirlas. Hace cien años, en la Declaración de Balfour, los británicos prometieron un país a los palestinos, un pueblo que luego fue colonizado por un movimiento colonialista que venía de Europa. En la tierra de Palestina vivían árabes, en un 90%, y judíos que en parte también hablaban la misma lengua. Lo que estoy sugiriendo es que para entender el conflicto se debe partir esde el pasado para entender el presente y de ahí hacia el futuro, que es lo que hace un historiador; un político empieza en el presente para ir al pasado. Palestina era un país pacífico, donde vivían árabes, judíos y cristianos juntos. ¿Por qué después de cien años tenemos este conflicto? ¿Por qué los palestinos han sufrido tal exterminación? Si la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) reconoció a Israel hace 25 años, ¿por qué Israel no reconoce a Palestina como un Estado soberano?

Yo siempre digo: «No me juzgues por mi activismo, júzgame por mi trabajo». Los historiadores publicamos libros y artículos donde vamos a por los hechos y la verdad, pero también tratamos de ser activos políticamente y de luchar por los Derechos Humanos. Se puede ser profesor y también activista, no es contradictorio.

Nur Masalha
Nur Masalha- Cortesía de Casa Árabe

Buena parte de su trabajo de los últimos 30 años ha consistido en desentrañar lo que usted llama los mitos del Sionismo. ¿Cuáles son?

El primer mito es el de una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra cuando Palestina era una tierra con gente. Es ridículo. Lo que hoy es España también era una tierra del Mediterráneo, ¿te la imaginas vacía? Es ridículo. Aparte del sur, que es desierto, el resto era un país fértil, un país populoso. Este primer mito iba dirigido a los occidentales para justificar que no se tomaba la tierra de nadie, sino que era una tierra vacía. El segundo mito se desarrolla en torno a Sión como la madre de los pueblos, es decir, la madre del judaísmo. El sionismo es un movimiento político y el judaísmo es un una religión con un gran recorrido detrás. El sionismo está basado en el imperialismo. El judaísmo vivió en Oriente Medio durante muchos siglos, en muchos países, y el sionismo llevó a esta tierra a muchísimos rusos y europeos. Han insistido en que aquellos judíos que poblaban esta región hace siglos son los mismos judíos que llegan a Israel ahora; una raza convergente. Hay que recordar que muchos judíos se convirtieron al islam o al cristianismo, como al final de la Reconquista en España. El judaísmo no va en la sangre, no va en el ADN, va en la fe. El sionismo bebe de una idea germánica del siglo XIX de la raza. Los judíos de Israel provienen de muchas etnias con una misma fe.

El judaísmo es una gran religión de paz, no una ideología militante, y donde la ética tiene un papel central. El sionismo considera el poder como un elemento muy importante, haciendo del Ejército israelí uno de los más potentes de Oriente medio o como el afán de Shimon Peres en convertir Israel en una potencia nuclear. Es muy diferente la ética del poder. El sionismo explota el judaísmo. Este es el mito de que son la misma cosa. La religión está siendo explotada como el Daesh lo hace del islam, los fundamentalismos explotan la religión para justificar la opresión y la colonización.

Una de las organizaciones que desde hace años se afana en ofrecer su versión al mundo de este conflicto moderno es el centro interdisciplinar de Herzliya, a pocos kilómetros de Tel Aviv, y donde se forma buena parte de la diplomacia y el establishment israelí. Pero al que no son invitados historiadores críticos con el sionismo. ¿Cómo ve estas iniciativas israelíes de acercamiento al problema para investigadores y analistas?

Solo tiene que pararse a pensar en el nombre de Herzliya, que viene de Theodor Herzl, el europeo que creó el sionismo político. La gente no se hace esas preguntas cuando va allí a dar conferencias. Esa es una ciudad moderna creada en tierra árabe y que alberga uno de los principales think tanks israelíes. En Herzliya no se dan cuenta de las consecuencias de campos refugiados de 70 años, de los millones de refugiados y de reemplazar a un exiliado con otro exiliado. La realidad de Herzliya es la realidad de los asentamientos. Una situación de apartheid, de inequidad. Los palestinos no tienen derechos en Israel, no tienen igualdad. Herzliya está conectado a la agenda de seguridad del establishment, a la que se suscriben académicos y exoficiales afines. En este centro, privado, nunca han invitado a Ilan Pappé ni a ningún otro de los «nuevos historiadores». Pero en Israel hay muchas visiones, hay que remarcarlo. No se puede ver Israel como una sola cosa. Hablo hebreo y veo que allí se promueve un pensamiento estratégico y de seguridad y una macro narrativa pero no se habla con gente normal. La política está enfocada a las élites y un extranjero interesado en el conflicto necesita hablar con el poder, sí, pero también con gente normal.

Minoría árabe en Israel

El día de las elecciones israelíes Benyamin Netanyahu colgó un vídeo en Facebook en el que afirmaba: «Los votantes árabes están acudiendo en masa a las urnas. Organizaciones de izquierdas les transportan en autobuses». Ganó con claridad contra lo que parecía una victoria del centro-izquierda. Pese a pedir perdón, ese comentario ofendió a la castigada minoría árabe, el 20% de la población israelí. Así y todo, Netanyahu ha invertido más en ellos...

Es cierto, pero está invirtiendo en gente que las minorías que lo apoyan. Si hablas con los israelíes árabes destacan las desigualdades frente a los judíos. Netanyahu está invirtiendo en quienes son leales a él. Por ejemplo, hay muy muy pocas profesoras árabes en las universidades israelíes (se estima que solo el 11% de los estudiantes de estudios superiores y el 2% de los profesores en las universidades israelíes son árabes).

La guerra en Siria ha desplazado de la agenda la cuestión palestina.

No es cómodo hablar de cosas terribles sobre la Nakba. El Holocausto simboliza un fuerte sentimiento de culpa para los europeos, por lo que resulta muy díficil hablar de lo que los israelíes estan haciendo a los palestinos. Ahí se ve esa culpa. Ahora bien, los israelíes tienen poderosos lobbies en Londres: en los medios, en los Gobiernos, en las academias... Por el contrario, el sionismo lo tiene mucho más cpmplicado para influir en la vida académica que en la vida política: la Universidad es un mundo muy diverso donde no hay blancos y negros, sino mucho debate, al menos en Reino Unido. El optimismo de las Primaveras Árabes ha desaparecido y la terrible guerra en Siria no está ayudando a los palestinos. Netanyahu está explotando esto para imponer su agenda en un momento en que Europa ha sufrido muchas crisis: la de refugiados, la económica o la del Brexit. Así, no extraña que la cuestión palestina se haya apartado del foco, aunque al menos en Reino Unido no se ha ido del todo y en la UE se aprobó el etiquetado de productos provenientes de los asentamientos. Pero no debemos olvidar la preocupación de las nuevas generaciones y de las universidades por este conflicto y los Derechos Humanos.

Un palestino lanza una piedra a tropas israelíes durante los disturbios por las celebraciones del día del Nakba en la ciudad cisjordana de Ramala (Palestina) hoy, 15 de mayo de 2017.
Un palestino lanza una piedra a tropas israelíes durante los disturbios por las celebraciones del día del Nakba en la ciudad cisjordana de Ramala (Palestina) hoy, 15 de mayo de 2017.- EFE

Luego está el caso de los refugiados palestinos...

La situación de los refugiados palestinos en Siria era aceptable hasta el estallido de la guerra civil, en la que han sufrido la misma suerte que ellos. Los islamistas trataron de invadir el campo de Yarmouk para utilizarlo según sus intereses. En Líbano sufren una mayor discriminación y en Jordania están un poco mejor. Los refugiados de Gaza están muy mal, pero allí están mal casi todos, sean o no refugiados. Los refugiados palestinos sufren muchísimo. No se resolverá la cuestión palestina sin buscar una solución para los refugiados.

En su desdiabolización el Frente Nacional ha tratado de desplazar su antisemitismo original con más islamofobia al calor de los últimos atentados en Francia.

Aunque se diga que la extrema derecha no para de subir, yo creo lo contrario, que no para de fallar: mira Austria, Holanda y ahora Francia
Es un fenómeno interesante. El antisemitismo y la islamofobia se sirven del mismo racismo, de la misma forma de pensar. Le Pen padre fue antisemita y ahora la hija es islamófoba. Ambas corrientes son malas porque provienen del mismo racismo e idéntica forma de pensar. Por suerte, Francia ha optado por otra vía. La derecha francesa ha votado a Macron y su coalición de centro-derecha. Aunque se diga que la extrema derecha no para de subir, yo creo lo contrario, que no para de fallar: mira Austria, Holanda y ahora Francia. En Europa está fracasando este racismo que trata de que un grupo se imponga sobre otro. En España no hay una ultraderecha fuerte y eso es una gran noticia. Tampoco en Reino Unido.

Theresa May habla a veces como un populista del UKIP...

Sí, May ha importado la idea del Brexit cuando ella había votado por continuar en la UE. Ahora quiere incrementar la velocidad de la salida al tiempo que habla con el idioma de la clase obrera en temas sociales. El Brexit fue votado por una pequeña minoría y ahora está tratando de consolidarse y ganar votos.

¿Cree que ahora hay más racismo en Reino Unido?

La campaña del Brexit explotó la xenofobia, el miedo y odio a lo extranjero, con eso de que quitaban los trabajos a los británicos. Y no es verdad. Todo lo contrario. La economía se ha servido de los extranjeros para seguir subiendo. De hecho, Reino Unido ha recibido más de los extranjeros de lo que les ha dado. Hay incidentes, pero son pocos. La situación no es como en Francia donde Marine Le Pen ha llegado muy muy lejos. Esto no ha pasado nunca en Reino Unido, una sociedad multicultural, respetuosa y basada en una sólida democracia.

Hamás ha cambiado recientemente su hoja de ruta en la que ha tomado distancia con respecto a la Hermandad Musulmana. En Egipto, este movimiento es visto como un intento de construir lazos con Al Sisi.

Hamás necesita un acercamiento a Egipto porque es la única vía de entrada de ayuda en Gaza: medicamentos, salir a estudiar, comercio... Egipto es la única vía. Hamás no tenía otra elección. Una decisión realista para acercarse a Egipto, que no es un buen régimen, no es democrático, pero los palestinos no tienen opción por el cerco de Israel. Hamás no debería estar envuelto en el conflicto egipcio y con esto trata de alejarse aún más de los islamistas y de esos grupos extremistas violentos que usan el islam y que han jurado algunos lealtad a Daesh. La gente en Gaza está desesperada; sufren malnutrición... Para seguir gobernando Gaza, Hamás solo puede tener una relación normal con Egipto.

¿Ha apoyado Hamás a los grupos yihadistas del Sinaí? ¿Esa situación crítica en Gaza que usted describe puede hacer que la población abrace el radicalismo de Daesh?

Daesh no puede desarrollarse en Palestina simplemente porque el wahabismo no ha logrado instalarse allí
No, no creo que haya apoyado a esos grupos. Tradicionalmente ha estado cerca de los Hermanos Musulmanes cuando ha estado en el poder. Tienen vínculos históricos. Creo que Hamas está siendo pragmático. Por otro lado, el apoyo a Daesh en Gaza es muy muy muy pequeño. No hay pruebas de lo contrario. Los que apoyan a Hamás no lo hacen por extremismo islámico, sino por su nacionalismo. El islam es moderado en Palestina, es una de las razones por las que Hamás no sigue un islam extremista, es conservador sí, pero no extremista y violento como Daesh, pese a la propaganda israelí. El islam palestino es moderado en su mayoría y Hamás lo sabe. Daesh no puede desarrollarse allí simplemente porque el wahabismo no está instalado en Palestina.

¿Ve usted en la Autoridad Palestina un organismo corrupto y cómplice de la represión a los palestinos en Cisjordania que usted mismo denuncia?

Creo que la Autoridad Palestina (AP) está entre las dos cosas. Por un lado ha confiado muchísimo en la ayuda extranjera, europea y americana, pero también ha cometido fallos estratégicos por aceptar autonomía y no independencia. Ese es el gran error de OLP, no exigir la solución de dos estados sino la autonomía, y este error le persigue. Los israelíes han hecho lo que han querido en Cisjordania. La AP no ha querido ser cómplice, pero su debilidad le ha llevado a no poder hacer nada sin el permiso israelí. No culpo a la AP ahora, pero en Oslo no negociar la solución de dos estados, subordinándose como una pequeña autonomía supuso un grave error. Palestina no es un país libre, es un país ocupado. Las ciudades operan como una municipalidad. Es una situación muy triste.

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