Don Felipe junto a Doña Letizia y las Infantas Leonor y Sofía, pasean por Mallorca
Don Felipe junto a Doña Letizia y las Infantas Leonor y Sofía, pasean por Mallorca - roque martínez

Abdicación del Rey Juan CarlosLa otra cara de Felipe VI

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6 de junio de 2011. Palacio de la Zarzuela. El Príncipe de Asturias recibe en audiencia a un numeroso grupo. Del salón se ve salir a una joven en busca de un abanico. Al poco tiempo, vuelve a salir la misma joven, que regresa con un vaso de agua. Instantes después, la puerta del salón vuelve a abrirse y sale Don Felipe llevando a un hombre desvanecido. Esa mañana hay muy pocos periodistas en Palacio, pero dos fotógrafos, que aguardan en el vestíbulo, ven la sorprendente imagen. El Príncipe les da a entender con el gesto serio y una mirada helada que no es momento de fotos. En ese instante llegan también a Palacio los invitados de la siguiente audiencia, que se quedan sorprendidos con la insólita escena. Don Felipe lleva al hombre desvanecido hasta una sala más tranquila, avisa a los sanitarios para que le atiendan de lo que finalmente fue una leve indisposición y regresa a atender al resto del grupo.

Efecto seductor

Esta es una de las anécdotas que mejor retratan el lado desconocido del futuro Rey de España, el Monarca mejor formado del mundo, pero que también «sabe coserse un botón» si tiene una emergencia o preparar una aceptable tortilla de patata, como hacía en sus años de academias militares o de estudiante en Georgetown. Y cuando le invitan a una casa sin servicio doméstico, Don Felipe ayuda a quitar la mesa como los demás o se pone a preparar los gin-tonics.

Quienes le conocen desde que era niño dicen que siempre ha sido así, que «nunca se ha dado importancia por ser quien es». Y eso, junto con su «saber escuchar» y sus opiniones acertadas, hace que a corta distancia ejerza un efecto seductor en sus interlocutores, ya sean los hombres más poderosos de la Tierra o los más humildes. Pero cuando alguien le intenta marcar el paso —manipularle es imposible—, Don Felipe responde con una firmeza casi cortante que no admite dudas.

Quien más ha influido en él es el Rey, que le ha transmitido el ADN de la Dinastía (el amor a España por encima de todo) con un mandamiento actualizado: «Defiende a ultranza tu neutralidad, sin ceder nunca a las presiones». Ni de la derecha ni de la izquierda. De él también ha aprendido a romper el hielo

y, a falta de campechanía, logró desarrollar un encanto que todos le reconocen. A su madre le debe sus modales y su educación, pero a quien se parece de verdad, en el físico y en el carácter, es a su abuelo Pablo, el padre de la Reina, que fue un hombre ejemplar y un gran Rey de Grecia.

Su esposa, Doña Letizia, también ha influido mucho en él. Le hizo más próximo y humano y le ayudó a comunicarse mejor en público. Precisamente, Don Felipe se había fijado en ella cuando era presentadora del telediario de TVE. Entonces le impresionó su profesionalidad en el trabajo, pero desde que la conoció en persona le gustó «mucho más». Era una chica brillante, llena de chispa, con criterio, que defendía sus argumentos tenazmente y con los pies en la tierra.

Reparto de tareas

Ahora, Doña Letizia toma decisiones en el terreno personal, pero en las cuestiones institucionales solo manda Don Felipe. El Príncipe disfruta con sus hijas, Leonor y Sofía, y si la Princesa no está se queda solo con ellas sin necesidad de cuidadoras. Juega y las educa, pero el mérito del buen comportamiento de las Infantas es de Doña Letizia, que es quien dispone de más tiempo para dedicarlo a las niñas.

Desde que eran bebés, el Príncipe tuvo claro que sus hijas debían aprender inglés

y desenvolverse en ese idioma con la misma comodidad que en español, y ya lo hablan con fluidez. Don Felipe domina el inglés y el francés, se defiende con el catalán y tiene algunos conocimientos de gallego y vasco. También quiere que sus hijas conozcan las lenguas cooficiales de España. Pero poco a poco, sin atosigarlas. Él siempre fue un buen estudiante, excepto en la adolescencia, que se atascó un poco, pero luego se corrigió y el resultado final no ha podido ser mejor. Cuando Don Felipe era niño quería ser astrofísico

y todavía hoy le encantan los descubrimientos científicos y las novedades tecnológicas, pero «la verdadera pasión de su vida es la política en el más alto sentido. Para ello se ha formado y, cuando tuvo oportunidad de elegir cómo completar su educación, escogió un máster en Relaciones Internacionales», informan fuentes cercanas a él.

«Tiene vocación política», insisten, pero «conoce perfectamente» el estrecho margen de movimiento que le otorga la Constitución y sabe que «la política la hacen los partidos». A él le corresponde moderar y arbitrar. Su prioridad como Rey será «mostrar la utilidad de la Corona». Para ello, modernizará la Institución y marcará su propio estilo.

Lleva 18 años, desde que terminó su formación académica, ejerciendo como Heredero de la Corona a tiempo completo, con audiencias, actos institucionales y viajes oficiales. Fuera de agenda, ha mantenido infinidad de reuniones con profesionales destacados de todas las tendencias: escritores, artistas, periodistas, directores de cine, políticos, profesores, juristas o empresarios. Desde Albert Rivera, de Ciudadanos, al humorista Pedro Ruiz se han entrevistado con Don Felipe.

Han sido 18 años en los que ha ejercido de aprendiz de Rey y en los que ha tenido que representar a su padre en actos muy importantes, como el desfile militar de la Fiesta Nacional, por lo que su nueva etapa como Jefe del Estado no será tan diferente.

La misma vivienda

Don Felipe seguirá viviendo en la misma residencia que habita desde junio de 2002, una casa castellana de 1.700 metros cuadrados dividida en cuatro plantas: un sótano (zona de servicios), una planta baja (inicialmente se le dio uso oficial) y una primera planta y una buhardilla (ambas constituyen la zona privada). El nuevo Rey seguirá levantándose a las siete de la mañana, su hora habitual, y tras desayunar con su esposa y sus hijas recorrerá en coche los mil metros que le separan del Palacio de la Zarzuela. Pero en lugar de dirigirse a la pequeña habitación situada en un semisótano que tenía asignada hasta ahora, se instalará en el luminoso despacho del Rey, muy próximo al Salón de Audiencias.

Lo primero que tendrá que hacer será redefinir su agenda: añadir los despachos semanales con el presidente del Gobierno y con los ministros que requieran las circunstancias, sancionar las leyes, hacer viajes de Estado y recibir a mandatarios extranjeros, escuchar a la oposición y a los demás líderes políticos, empresariales, sindicales, sociales... tomar el pulso al país en el que va a empezar a reinar. Para ello, deberá renunciar por falta de tiempo a algunos de los cometidos que venía asumiendo.

Sus colaboradores le admiran. Nadie ha mencionado jamás un broncazo del Príncipe. Dicen que, aunque es exigente consigo mismo, es comprensivo con los fallos ajenos. Su equipo es muy reducido

y estable. Sus tres hombres de confianza son el abogado de Estado Jaime Alfonsín, convertido en su sombra desde hace 19 años, y los militares José Zuleta —la sombra de la Princesa— y Emilio Tomé, que se incorporaron después. Los tres son prudentes y cautos y tienen la habilidad de hacerse invisibles. Un perfil perfecto para La Zarzuela. Al trío hay que añadir a Jordi Gutiérrez, un periodista que durante siete años estuvo trabajando en Comunicación de la Casa del Rey y se ganó la confianza de los Príncipes. Aunque ya no está en La Zarzuela, sigue colaborando con ellos desde la Fundación Príncipe de Girona.

Don Felipe es meticuloso. Cada vez que asiste a una reunión, se estudia a conciencia los documentos. Viaja con su I-Pad, donde lleva los informes. «Usa poco el papel». También descarga alguna película para verla cuando ha terminado de trabajar. El cine es su afición favorita. Lee libros de historia, de los grandes escritores y de los premios Príncipe de Asturias de las Letras. Y aunque acude ocasionalmente a conciertos de música moderna, como los de su amigo Jaume Anglada, no se le conocen preferencias musicales. En el coche suele escuchar una emisora de radio-fórmula. A Don Felipe le gusta conducir y lo hace en todos los trayectos privados, pero, por razones de seguridad, suele cambiar de coche.

Pizzas y nueva cocina

También le gusta salir a almorzar y a cenar en pareja, en familia o con amigos. Aunque no es exigente con la cocina, disfruta de los buenos vinos y la buena mesa. Le gusta tanto la comida tradicional española como los exóticos platos orientales, desde las hamburguesas y pizzas que comparte con sus hijas a la sofisticación de la nueva cocina. «Su padre es de huevos fritos, pero a él le gusta más el pescado», dicen. En las comidas de trabajo prefiere los platos ligeros para «no sentirse pesado y seguir trabajando».

Juega al pádel y esquía, pero le apasiona la vela, aunque cada vez tiene menos oportunidades de practicar este deporte con el que compitió en los Juegos Olímpicos de Barcelona. La navegación va unida a sus vacaciones en Mallorca, una isla que le encanta y en la que se siente a gusto. Aunque Don Felipe y Doña Letizia han aprovechado los últimos veranos como Príncipes para disfrutar de vacaciones privadas, su nueva condición de Reyes no les permitirá mantener esa situación.

Alto, guapo y delgado, Don Felipe no necesita cuidarse mucho para ofrecer una imagen impecable. Siempre lleva el pelo corto para evitar que se le formen rizos. Se lo mantiene un guardia civil peluquero que acude todas las semanas a La Zarzuela a cortar el pelo a quien se lo pida, desde los escoltas al Rey. Sus impecables trajes de chaqueta se los confecciona el sastre Jaime Gallo, y los uniformes militares, Cecilio Serna y Agustín García. Como al Rey, le regalan muchas corbatas y, cuando necesita comprar ropa, recurre a intermediarios o pide que se la lleven a La Zarzuela. Solo suele salir de compras para adquirir algún regalo o una emergencia, como el día que se le vio comprando yogures en un supermercado. A partir de ahora, incluso esto le será más difícil.